Decisiones

Por Miguel Téllez

 

Señoritas, tienen que salir de su castillo, porque el príncipe azul no existe. Jóvenes varones, hay que ser educados, porque nuestro sexo es marcado como el opresor y dominante; y sabemos que no todos formamos parte de ese conjunto.

Le pido disculpas al lector porque lo anterior es una tontería. No sé quién podría escribir y decir cosas así, seguramente alguien que no conoce la pluralidad y que no entiende que vivimos en el siglo XXI. Las cosas cambian. Y como corolario: tampoco sé quién se adjudicaría una especie de ‘autoridad’ para decirle algo a los jóvenes, con el fin de casi convencerlos de que hay un estilo de vida buena. Seguramente hay distintos estilos de vida buena.

El rodeo anterior es porque hablaré de un sentimiento que seguramente experimentamos muchos jóvenes, pero no tiene que ver con frases de cereal, ni con amor; sino con las decisiones. Puede parecer un problema trivial, pero espero que mis razones puedan persuadir de que no lo es, y sugerir -según lo que diga- que algo podríamos hacer.

Terminamos una licenciatura como jóvenes y… ¿luego qué? ¿Enfrentarnos al mundo laboral? ¿Iniciar el posgrado? ¿Año sabático -si es que alguien tiene esa suerte-? No nos quedamos inmóviles frente a las dudas -en el mejor de los casos-, pero ¿quién nos ha preguntado qué queremos en los siguientes años? ¿Nos lo hemos preguntado a nosotros mismos? ¿Tenemos la suficiente seguridad para hacer cosas?

Doy por hecho que tal preocupación por la vida de los jóvenes no existe. Y si la hay, son casos contingentes, y por tanto, no podemos decir algo interesante de eso. ¿Y qué hay de alarmante en que no se pregunte por la vida de alguien? Mucho.

Hace tiempo, supongo que mi estado epistémico concordaba con la idea general de que esa pregunta era irrelevante: cada quien se hace responsable de sí mismo, cada quien tiene sus convicciones, etc. Pero las cosas no son así de sencillas: no todos enfrentamos un divorcio de nuestros padres, la muerte de un padre o una madre, el secuestro o asesinato de algún familiar, problemas duros de economía en el lugar, violencia en casa, violencia en la escuela, una colonia con índices altos de delincuencia, dificultad para resolver conflictos, e incluso complicaciones respecto a materias de escuela, etc.

Una regla general conocida es que siempre es más sencillo señalar cuando nos equivocamos y no decir algo cuando realizamos un buen trabajo. Vinculemos esta regla general con lo que hemos dicho de las situaciones con las que realmente una persona se enfrenta: si no tiene apoyo, las cosas no le salen de la mejor manera, se equivoca y siempre se lo señalan. ¿Qué especie de motivación queda? ¿Qué tipo de decisiones podría tomar alguien con un juicio que -digamos- por más razonable que intente ser, de hecho no podría ser el adecuado? No somos como las películas estadounidenses, que aunque el escenario sea catastrófico, salimos de la tormenta y terminamos siendo millonarios y con el amor soñado. Así no son las cosas. Regularmente, terminamos odiando a alguien -o a nosotros mismos-, podemos caer en depresión, nos volvemos inseguros, no tenemos confianza en nosotros ni en los demás y nuestras habilidades sociales están por los suelos.

Tampoco sabemos hablar, y poca gente sabe escuchar. No somos sensibles frente a la situación del otro, porque damos por hecho que puede arreglárselas solo. Y de nuevo, seguramente algunos lo pueden hacer, pero realmente no es la mayoría. Y la ayuda no es para despreciar. Se habla de los jóvenes como una especie de esperanza, y parece que la juventud debe conocer a priori muchas cosas, no ocurre así.

Se ha dejado de lado la importancia de disciplinas como la psicología, trabajo social y pedagogía en la vida cotidiana. Aún se cree -lo cual es terrible- que para ir al psicólogo debemos estar “locos”, que trabajo social son cuestiones de caridad o de ser secretaria -o secretario- y que la pedagogía es para que puedas poner un Kinder, o alguna cosa relacionada con niños. Lo que deseo señalar al mencionar aquellas disciplinas, es que si en algún momento alguien se preocupa por la situación de los jóvenes, es a esas áreas donde se debería recurrir. Y lo mejor, buscar precisamente jóvenes.

Las decisiones seguramente nunca van a ser ‘puras’ en el sentido de que no estén influidas por algún factor interno o externo: todos tenemos historias, una psicología más o menos determinada, y asuntos así. Sin embargo, tampoco podemos sugerir que cualquier influencia es correcta, si nos interesan las personas, entonces habrá que atender su historia y orientar o mostrar un abanico para señalar que las cosas pueden ser diferentes.

No mágicas, ni donde todo será felicidad, porque tal lugar no existe, pero al menos sí más o menos sanas, en donde nosotros podamos elegir. Que de hecho la decisión sea algo que realmente  nos haga sentir, y que no se trate de un sentimiento de culpa, de libertad negada o de estar contra la pared.


Imagen: http://www.qmayor.com/opinion/6-formas-de-combatir-el-estigma-de-la-demencia/

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