Debilidades

Por Miguel Téllez

 

Somos débiles. Nos ha pasado en muchas ocasiones que la gente nos lastima, sean nuestros padres, hermanos, tal vez otros familiares, amigos, parejas y hasta desconocidos; incluso nosotros mismos nos lastimamos. Ese sufrimiento, que puede ser causado por palabras, incumplimiento de promesas, malentendidos, etc., no debe ser minimizado; debemos enfrentarlo de la misma manera en que nos miramos al espejo. También debemos entender que depende de nosotros.

No es una pérdida de tiempo que hablemos de esto. ¿Cuándo fue la última vez que se preguntaron si tienen suficientes motivos para vivir? ¿Han hecho las cosas bien? Si la respuesta es sí, ¿por qué siguen siendo heridos y cansándose de lo mismo? Claro, uno escucha esas famosas encuestas de la felicidad en los países y nos enteramos que los mexicanos declaran ser felices. A esto se le llama “preferencias adaptativas”. Y sugiero esto porque podemos subirnos al metro de la Ciudad de México, al metrobús, al tren ligero, a algún RTP, combis y microbuses, y notamos que la gente no es feliz.

Debemos darnos tiempo para mirarnos al espejo, para revisar nuestras creencias, nuestras actitudes, acciones y palabras. Siglos atrás, existió un hombre conocido como Epicteto; fue esclavo, después de un tiempo alcanzó su libertad -es decir, dejó de ser esclavo-. Que les explique lo anterior usando guiones no es exageración ni hacer hincapié. Ya que él sugería que estar esclavo no depende de las cadenas.

En su famoso libro “El manual de Epicteto” o “Enquiridión”, podemos ver las reglas o consejos que nos da Epicteto. Claro, debo decir que él no es el autor de esas palabras, sino uno de sus discípulos quien tomaba nota de lo que él decía, muy al estilo de Platón con su maestro Sócrates. Sabemos que Sócrates nunca escribió, sólo se la pasaba discutiendo con la gente de sus alrededores.

Existe la famosa “división maestra” de Epicteto. De las cosas que hay en todo el mundo, algunas dependen de nosotros y otras no. Respecto a las primeras, están nuestros pensamientos, creencias, acciones, inclinaciones y aversiones. En el caso de las segundas, se encuentran: nuestro cuerpo, los bienes, reputación, nuestra honra, y todo aquello que no sean nuestras acciones. La idea detrás de esta distinción se refiere a que hay cosas que por más que nos esforcemos por alcanzar cierto resultado, nunca dependerá de nosotros. Podemos abrigarnos bien ahora que hay lluvias, tomar líquidos, vitaminas, dormir bien, no estresarnos y otros cuidados, pero enfermarnos no depende de nosotros: alguien nos puede estornudar en la cara o podemos pescar una enfermedad por algún suceso aislado. Lo mismo con las otras cuestiones. Esto no implica que las cosas “pasen por algo” en el sentido de una fuerza extraña, superior a nosotros, que nos haga enfermar.

Claro, hay cosas que son preferibles a otras. Siempre será mejor tener salud que no tenerla. Lo menciono porque algunos podrían pensar que dado que el resultado de ciertas cosas no depende de nosotros, para qué hacemos algo. Esto es un error, podemos hacer algo, sólo debemos entender que algo podría salir mal, y entonces no tendríamos por qué perturbarnos. Nos anticipamos a sufrir por algo que no tiene por qué hacernos sufrir, ya que no depende de nosotros.

Para ilustrar un poco aquellas ideas que tenía Epicteto, veamos esto que nos dice: “Si amas un cántaro, dítelo, que amas un cántaro; y si él se estropea, tu [sic] no te perturbarás. Si amas tu [sic] hijo, o tu mujer, dítelo a ti mismo que amas a un ser mortal; que si acaba por morir, no te turbaras [sic].”[1]. No parece sencillo esto. Siguiendo la división maestra, de hecho no tenemos que afligirnos por cosas que no dependen de nosotros. Podemos cuidar a nuestro amigo enfermo pero si mejora, empeora o muere, no depende de nosotros. En cambio, nuestros pensamientos sí que dependen de nosotros y nos afligen, entonces debemos hacer algo. “Recuerda que no ofenden el que insulta o el que golpea, sino el opinar sobre ellos que son ofensivos. Cuando alguien te irrite, sábete que es tu juicio el que te irrita. Por tanto, intenta primero no ser arrebatado por la representación.”[2]

Lo que he dicho sobre esta división maestra, claro que se puede cuestionar. Pero esas objeciones posibles a un maestro estoico, las dejo en manos del lector. Lo que sí señalaré es la importancia de tener en cuenta ciertos principios que rijan nuestra conducta.

En el escrito anterior hablé de la tolerancia como condición para mejorar el diálogo, evitar la violencia y las posturas fundamentalistas. Hoy pensemos en un principio -o varios- para motivarnos, porque nuestra condición es delicada, a pesar de todas las comodidades de las que hoy día podemos disfrutar. Antes no existía anestesia -imaginen una visita al dentista-, no había sanitarios, no había medicinas, etc.

“Y por qué escribo esto hoy (…), porque está bien revisarse el ser cada tanto, seguir por seguir es abandonarse a una existencia desabrida.”[3]. Concuerdo con Muñoz Oliveira. La invitación a que se revisen el ser, queda. Trabajemos también por nosotros, como dice una canción inglesa: This life could be the last and we’re too young to see.

 


REFERENCIAS

[1] La obra consultada se titula “El manual de Epicteto”. El archivo no contiene más datos bibliográficos, pero puede ser consultado aquí: http://librodot.com/ La página donde se halla la cita es la p.5.

[2] La obra consultada es el mismo libro de El Manual¸ aunque de otra edición e ignoro los datos bibliográficos precisos.

[3] Muñoz Oliveira, Luis, cita extraída de munozoliveira.blogspot.com, fechada en el 8.9.09.

La imagen fue extraída de: http://losmundosdeespe.blogspot.mx

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