¿Deberíamos temer a la inteligencia artificial?

Por Fernando López Armenta

La concepción que generalmente se tiene sobre la inteligencia artificial puede estar influida por lo que hemos visto en películas hollywoodenses en las que un montón de robots decide rebelarse en contra de sus amos y conspiran para iniciar un apocalipsis biónico. Tal vez lo más valioso que hemos aprendido en estas “magistrales” producciones cinematográficas es que nunca, bajo ninguna circunstancia, es plausible enamorarte de tu iPhone. Sin embargo, en la vida real (esa en la que Will Smith no tiene un brazo de robot) la inteligencia artificial es un conjunto de tecnologías que son empleadas en diversos dispositivos para realizar tareas que normalmente requieren de la inteligencia humana.

La idea de que una computadora pueda llegar a pensar como un ser humano ha aterrado a algunos grupos que aseguran que la vida como la conocemos podría cambiar drásticamente y, por otro lado, muchas personas opinan que el objetivo que persigue la inteligencia artificial es imposible de alcanzar. Lo que sí es una realidad es el hecho de que en los últimos años universidades, industrias y gobiernos han redoblado la inversión en inteligencia artificial y tal vez en un futuro no muy lejano comencemos a atestiguar una revolución tecnológica sin precedentes.

La evidencia de que esta realidad se encuentra cada vez más cercana se pudo observar en febrero de 2017, cuando el Parlamento Europeo aprobó una resolución para que este organismo pueda comenzar a formular leyes sobre robótica que, en su momento, tendrán que ser discutidas y aprobadas por la Comisión Europea. En el informe elaborado sobre esta resolución se ha puesto especial énfasis en señalar la necesidad de establecer, en el menor tiempo posible, un marco legal que regule la interacción entre seres humanos y tecnologías de inteligencia artificial. En este mismo informe también se considera importante discutir el proceso mediante el cual será integrada esta tecnología en el tejido social para que cause los mínimos desajustes posibles y se potencialicen sus beneficios.

Seamos realistas. Muchas personas serán sustituidas en sus empleos por alguna forma de tecnología inteligente en las próximas décadas (muchas más de las que ya han sido reemplazadas). Un claro ejemplo de este argumento es un innovador proyecto que ha puesto a temblar a una de las industrias más grandes del mundo y de la que dependen millones de familias: el transporte. Desde hace varios años, empresas importantes como Google, BMW, Renault, Ford o Volvo, han invertido cantidades escandalosas de dinero para desarrollar automóviles autónomos, es decir, vehículos que no necesitan de un conductor para desplazarse y que están equipados con un sinnúmero de artificios que, en teoría, les permite detectar otros automóviles, señales de tránsito, peatones, etc.

Imagina que pides un Uber y que en lugar de un “tradicional” conductor llega a tu casa un vehículo que se conduce solo y que es capaz de llevarte a cualquier sitio que tú le indiques; este escenario podría parecer sacado de una película futurista, pero lo cierto es que ya es algo cotidiano en Phoenix, San Francisco, Pittsburg y Toronto, ciudades en las que Uber opera con 215 vehículos autónomos desde 2016. Aparentemente esta fase de prueba ha sido satisfactoria, ya que esta empresa anunció recientemente que a partir de 2019 una flota de 24,000 vehículos autónomos estará al servicio de sus clientes en diferentes ciudades del mundo que, hasta la fecha, no han sido especificadas.

El caso de Uber solo es la punta del iceberg. Numerosas empresas han expresado su interés en adquirir vehículos autónomos con el fin de incrementar sus ingresos, es muy probable que en los próximos años observemos la transformación de la industria del transporte, ya que el boom de los vehículos autónomos está llegado a sectores como la distribución de mercancías, los taxis, el transporte público e incluso el transporte aéreo. Es posible que en las próximas décadas miles de conductores y pilotos sean desplazados de sus empleos debido a esta tecnología.

El impacto que la inteligencia artificial está teniendo en el transporte es solo un ejemplo que puede ilustrar la magnitud del cambio que se avecina. Los mismos avances de inteligencia artificial se están desarrollando en otros campos de actividad humana. Supermercados sin personal para cobrar, computadoras que pueden emitir un diagnóstico médico y proponer un tratamiento efectivo, máquinas que pueden realizar cirugías de forma precisa y ordenadores que pueden redactar artículos periodísticos son solo algunos de los proyectos que ya están funcionando alrededor del mundo mientras estás leyendo estas líneas.

Aunque en principio todos estos avances tecnológicos podrían sonar controversiales para ciertos sectores de la población, lo cierto es que el fin ultimo del desarrollo de estas herramientas es hacer más fácil la vida de las personas y llevar la tecnología a los sitios en los que más hace falta. Los avances que se están teniendo en materia de salud ya están siendo aplicados para prevenir, diagnosticar y tratar enfermedades que afectan a un numero importante de personas. De hecho, es muy probable que al día de hoy ya estés obteniendo beneficios de una cantidad significativa de dispositivos y aplicaciones desarrolladas con inteligencia artificial. Tus sugerencias de amigos en Facebook, las fotos que aparecen primero en tus novedades de Instagram y las listas de reproducción sugeridas para ti en Spotify son solo ejemplos de los beneficios logrados con el desarrollo de inteligencia artificial.

Lo que muchos expertos recomiendan es mantener una actitud de apertura hacia la innovación tecnológica en esta área. Es difícil saber con precisión cuál será el impacto real de estos cambios, sin embargo, esta misma incertidumbre existió con otras tecnologías como el internet, ya que en su momento también fue objeto de controversia. Lo que parece importante considerar es que el futuro nos está alcanzando y de nosotros depende sacarle provecho.


Imagen: https://itcomunicacion.com.mx/los-grandes-retos-de-la-inteligencia-artificial/

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