De máscaras y estética

Por Miguel Téllez

Los temas de los que hablaré son más que conocidos, tal vez hasta son verdades genéricas. Sin embargo, las verdades genéricas pasan a ser trivialidades y dejamos de tomarlas en serio, incluso las pasamos por alto: considero que hacemos mal. Comienzo aclarando el porqué del título de este escrito.

Cuando hablo de “estética” me estoy refiriendo al lugar donde uno puede ir a que le realicen diversos trabajos a su pelo: cortarlo, pintarlo, degrafilarlo, decolorarlo, enchinarlo, etc. Hoy día también se realizan cosas como manicura. ¿A qué otra cosa me puedo referir? Se podrían preguntar. Lo que ocurre es que “estética” es un estudio de corte filosófico, el cual su objeto de estudio es el arte, o lo bello. Lo mejor sería atender a como algunos lugares de hecho se llaman: salón de belleza. Como sea, por comodidad y simplicidad quise usar “estética”.

Una de las cosas relevantes en la vida es cuando vamos a la estética. Sí, puede que te cause risa, y también puede que creas que la belleza está en el interior -lo que eso quiera decir o referir-, pero hoy día no podemos ignorar que la apariencia nos importa. ¿Cuánto nos importa? Eso ya dependerá de la persona. Incluso hay memes caricaturizando cuando uno va a la estética y sólo pide un “despunte”: se termina con un rapado que nunca supo cuándo ocurrió. Decidí que el título llevara la idea de la estética -a la que me refiero- para luego referirme a las pláticas que luego se tienen con quien te atiende.

Charlar con personas en distintos lugares a veces es tedioso, ya sea por su ignorancia al hablar o por su desconocimiento de temas interesantes. Al menos suele ser así para mí -lo cual no implica nada ni es interesante, tal vez te puede ocurrir similar, aunque sólo lo menciono-. Sin embargo, escuchar lo que la gente relata suele ser interesante para diversos propósitos: saber cuáles son sus preocupaciones, qué ideas con consecuencias tienen -y ellas no lo saben-, y cuál es su expectativa de las experiencias, que también puede que ignoren. Además que es divertido contradecir a los adultos: especialmente si tienes buenas razones.

En las charlas con las personas, un tema ya clásico es si eres estudiante y dónde estudias. En la estética me han preguntado muchas veces eso. Aquí es donde quiero hablar de las “máscaras”. Dado que soy estudiante de la UNAM, sé que muchos de mis compañeros se cuelgan las medallas al decir “soy de la UNAM”. Y mucha gente les compra las medallas. Conforme uno conoce el trabajo de sus compañeros, sean de la misma carrera o no, es cuando uno se lamenta que haya personas que se cuelguen medallas y lleven de máscara el nombre de una institución. Es peor cuando uno, además, se entera que hay personas que le creen a aquel que se cuelga medallas y realizar un trabajo que deja mucho que desear para el nivel que realmente se debería exigir.

Estoy seguro que no sólo pasa con estudiantes de la UNAM -donde la cantidad de estudiantes es enorme-, sino con compañeros del IPN, UAM, por mencionar instituciones públicas muy afamadas. Con esto no niego el prestigio de las instituciones, ni siquiera me gustaría criticar a quienes se cuelgan medallas y no hacen un trabajo decente -aunque claro que eso es faltar a un código de ética profesional mínimo-, lo que quiero señalar es que no hay buenas razones para comprar medallas sin haber visto el esfuerzo de quien presume tenerlas. Esto es trivial, pero mucha gente lo ignora. Las máscaras no sólo pasan con las instituciones, también las carreras y muchas cosas que se realizan. Más de una vez hemos oído cuando alguien dice de un hijo o algún familiar “Fulanito está estudiando Derecho”, y de inmediato se oye un “¡Uy, felicidades!”. Seré aguafiestas, pero estudiar Derecho -o cualquier otra carrera- no veo dónde esté el gran logro, cualquiera podría hacerlo. Con esto sólo quiero decir que la gente debería ser más cautelosa al creer cosas: si creemos todo aunque se trate de medallas falsas, luego no vengamos a lloriquear de porqué las cosas están mal en todo momento.

Por último, el segundo tema trivial surgió por una aclaración que quiero hacer. Al buscar imágenes luego de escribir “estética” en el buscador, encontré más resultados con imágenes de mujeres que de hombres. Con esto busco señalar que no ignoro que los hombres -ahora que lo pienso, sería ridículo que alguien me criticara por esto dado que yo mencioné que voy a la estética- también utilizan productos y servicios de belleza o cuidado de la apariencia. Esto porque es una actitud machista decir que sólo las mujeres se cuidan y de hecho deberían cuidar su aspecto. De aquí surge el segundo tema: cuando se quiere criticar injusticias -como las que se derivan del machismo- algunas personas no encuentran otro lenguaje más que ofensas, insultos y gritos.

Hoy que estamos en tiempos -lamentables- de guerra y conflictos violentos, no nos damos cuenta que hay una ausencia fundamental: buenas razones. Todo es ‘yo creo que…’, ‘mi comunidad considera que…’, ‘el Bien reside en que…’, etc. No hay diálogo con buenas razones, sólo es mi concepción del Bien y de Justicia las que importan y se acabó. Más allá de que alguien critique de ‘utopía’ lo que digo -que no sé dónde radica la imposibilidad para ser sensatos y razonables-, cuando señalamos una injusticia y sólo invocamos ofensas para el agresor, no estamos haciendo nada interesante. No hay duda en que las emociones y sentimientos influyen en esas conductas, y no hay problema en ello -a menos que uno quiera ser estoico-, el problema es cuando actuamos movidos estando encolerizados. Gritar, decir todas las groserías que hemos aprendido desde pequeños no ayudarán a paliar una injusticia, de hecho no ayudan a nada -o al menos para desahogarse, como diría la gente-. Ofender a la almohada, ser vulgar en algún bar con los amigos, creo que ahí está el desahogo, si queremos hablar de injusticias, que son tema serio, también debemos ser serios. Es trivial, pero igual que comprar medallas falsas: luego no lloriqueemos de porqué las cosas están así.


Imagen: http://blog.portakalrengi.com/editorun-ducray-kerancnyl-incelemesi.html

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