De los Best Sellers y de los ‘Clásicos’

Por Alexis Bautista

La competencia por ventas en el mercado también alcanza al arte, más puntualmente, a la
literatura. Este es el caso de los ya famosísimos best sellers. De entre el gremio amante de
la lectura podemos encontrar cierto antagonismo con respecto a las lecturas por muchos
consideradas de menor calidad como los best sellers y lecturas de mayor prestigio como los
llamados ́libros clásicos’. Esta disputa entre un gusto y otro radica en las categorías de
valor que uno y otro público tienen para el discernimiento entre dos tipos de lecturas. Pero,
¿cuáles son sus características?
Tomando una postura un tanto ególatra y soberbia o por lo menos poco modesta,
quienes cuentan en su haber lecturas de autores considerados por expertos literatos como
grandes conformantes de la literatura universal, lanzan abiertamente una discriminatoria
crítica a autores y lectores que producen y consumen, respectivamente, ese tipo de obras
que son vendidas en las grandes librerías como pan caliente. El sustento para dichas crítica
está en la valorización como mejor y peor en la calidad del texto. Parece ser que se piensa,
en primera instancia, que una lectura que sea consumida por tantas personas no
consideradas expertas en la materia no puede sino ser síntoma de una lectura de fácil acceso
intelectual, por estar conformada por un vocabulario sencillo, que no requiere de mayor
esfuerzo. Aunque esto es cierto en la mayoría de los casos, la primera valoración relativa a
la cantidad de personas no “autorizadas” intelectualmente para el consumo de una buena
lectura es a toda vista una gran falacia de autoridad. Si bien no podemos desmentir —
decimos— que los best sellers se caracterizan por la fácil captación de atención del lector
por contener siempre (o la mayor de las veces) un lenguaje sencillo e inteligible, si nos
detenemos un poco y analizamos el objetivo de una obra tal, podemos conceder que ahí en
su considerado ‘vicio’ radica su virtud, pues cumple con su telos.

Ahora bien, ¿cuál será la justificación ofrecida respecto de la preferencia de los clásicos y descalificación, sin más, de los libros, autores y lectores conformantes de las superventas en literatura? Como ya señalábamos, una de las justificaciones es aquella que apela a una especie de autoridad cuasi divina de ciertos autores. A este punto llegado podemos anteponer nombres como Dan Brown, J. K. Rolling, John Green, Stephen Chbosky y más recientemente George R. R. Martin; frente a renombres tales como Miguel de Cervantes Saavedra, Shakespeare, Julio Verne, Johann W. Goethe o más clásicos aún como Virgilio, Hesíodo y Homero (por mencionar solo a algunos de los autores más importantes que se me vienen ahora a la mente).

Ciertamente, la aportación a la cultura occidental (y universal) de estos grandes de la literatura es tal, que no sin mérito propio han podido construir un respetable lugar entre las preferencias cuando de elegir entre leer uno u otro autor se trata (por lo que a esto se refiere, existe en México un gracioso dicho muy popular: “Quien no conoce a Dios, a cualquier santo de reza”).
El mote de ‘clásico’ en la literatura parece referirse a la originalidad con que se aborda cierto tema en un tiempo determinado, mismo que ha podido trascender y permanecer como vigente muy a pesar del tiempo que media entre la época en que se escribió y nuestros contemporáneos días. Solo por poner un par de ejemplos: vemos la magistral forma en la que en El Quijote se trata el tema de la locura sufrida por la desmedida afición a la lectura de libros de caballería, misma que le deja poco tiempo para el descanso, junto con la ternura de un amor platónico (es decir, ideal), por la —al menos para don Quijote— muy hermosa Dulcinea del Toboso. O qué decir de la capacidad futurista, con sustento científico, que le permitió proyectar a Verne historias imaginadas de sucesos que en su tiempo no podían ser y que hoy son una realidad: viajes que cruzan el mar por medio de submarinos, viajes a la luna, etc. Comparadas con estas obras (sin poder saberlo con rotunda certeza), se augura que muchos de los best sellers contemporáneos no podrán tener una trascendencia en el tiempo mayor a 20 o 25 años.

No obstante la obstinada descalificación por parte de algunos hacia los best sellers, que como bien decíamos, la tachan de lectura sencilla y poco retadora al intelecto, creo que podemos hacerle valer el mérito de haber acercado a muchas personas a la lectura. Pues muy probablemente, el primer acercamiento que tuviera un nuevo lector hacia las obras homéricas, por ejemplo, podría —lejos de atraparlo y convertirlo en un lector en potencia— alejarlo sin retorno alguno del mundo de las letras. Además de que, por más que sean juzgadas tales obras, nunca falte a quienes nos seduzcan con una historia que nos acompaña desde la infancia, como Harry Potter. No todos los best sellers son malos. Al final de día habremos de valorar que una lectura que produzca un nuevo conocimiento o una grata sensación habrá cumplido con su cometido, pues bien dice el dicho, así en la lectura, como  en todo: “el gusto se rompe en géneros”.


Imagen: https://weheartit.com/entry/40725081

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