De la hipocresía (o dificultad) de apoyar lo independiente y los prejuicios que desprenden ciertos conceptos

Por Miguel Téllez

Hablaré de dos fenómenos. El primero surge por esta “oleada” de sugerir apoyo a lo independiente, sea desde comprar en el tianguis local, hasta escuchar el material de músicos mexicanos o apreciar y compartir los productos de otros artistas –mexicanos, profesionales, o no. El segundo fenómeno estriba en señalar que en ocasiones la gente tiene en su mente ciertas ideas –regularmente negativas- cuando escucha determinados conceptos y esto puede convertir en estéril un diálogo o incluso permearlo de necedad. Este segundo tópico lo aclararé cuando lleguemos a él.

En algún momento hemos visto que se comparte algún poster, imagen o hasta cuasi infografías tratando de rescatar el comercio local. Pero esto no es relevante, el mensaje es aún más general y “omniabarcante”: hay que apoyar todo lo local e independiente. En el caso de adquirir productos para una despensa, la idea subyacente es algo como: es mejor apoyar el mercado local porque así favorecemos a campesinos, obreros y demás trabajadores, lo cual –según este razonamiento- fortalecerá la economía local y, además, no estaremos haciendo ricos a los dueños de empresas. Este problema no me interesa, sino que mi crítica se centrará en lo que he denominé el mensaje más general y “omniabarcante”, la idea de que se debe apoyar todo lo independiente: a los músicos del pueblo, colonia, alcaldía, ciudad, etc., a otros artistas –desde asuntos de danza hasta asuntos plásticos. 

Una crítica débil es la siguiente: quienes predican y comparten ese mensaje general, en realidad tienen que aceptar que lo que sugieren no es de fácil realización. En cuestiones de adquirir productos de despensa –desde artículos de higiene personal hasta otros domésticos-, sabemos que las tiendas departamentales pueden y suelen ofrecer ofertas que atraen a los consumidores. Y tal como están las cosas hoy día, es más económico –tanto en recursos humanos como en soldi– acudir a las grandes tiendas. Respecto a consumir el arte –música, danza, pintura, cine, etc.- no parece aventurado sostener que este bien no tiene la misma valorización que otros espectáculos: seguramente tendremos resultados diferentes si comparamos una práctica entre regalar boletos de futbol que regalar entradas para ver el ballet. Esto por un lado, en otro sentido, el arte que se consume regularmente es el que se encuentra patrocinado: nos llegan invitaciones o sugerencias –promovidas- de determinados espectáculos, los cuales tienen una carga de industria detrás –y esto no necesariamente es algo negativo. Con esto, simplemente se quiere decir que sugerir el apoyar lo independiente no es algo de fácil realización. En cambio, una crítica más fuerte radica ya no en el sentido de la facilidad de realización, sino incluso en el cómo somos y nuestras preferencias, así como en el mismo actuar de quienes predican tal mensaje general. 

Aunque no sea algo que nos sea consciente, regularmente todas las imágenes con las que somos atacados en los medios de comunicación influyen en lo que queremos consumir. Desde el auto con diversas funcionalidades integradas, hasta los productos de belleza o las bebidas alcohólicas que, además de su finalidad, algo de “status” parecen brindarle a quien las consume. Lo mismo ocurre con las cuestiones artísticas. Por diversos motivos, que seguramente debe ser difícil hacer explícitos y no poseo con los conocimientos necesarios para indagar sobre ellos, lo que se realiza en México no es apreciado ni tampoco tiene la fortuna de que se invierta en ello –pensemos aquí en los deportes, estudiantes destacados, etc. Teniendo este factor por un lado y agregando la premisa de aquello que nos provocan querer –en el sentido de adquirir determinados bienes o productos- sugerir el apoyar lo independiente y local no tiene sentido o, tal vez una versión moderada de este argumento fuerte, no tendrá demasiado poder vinculante. Finalmente, una pregunta genuina, aunque seguramente de poca monta es: quienes predican ese mensaje, ¿realmente apoyan lo independiente? 

El segundo fenómeno del que hablaré consiste en señalar que en ocasiones las personas tienen prejuicios al escuchar ciertos conceptos. Me centraré en uno en específico –aunque sin duda que hay muchos-: liberalismo. 

El 27 de octubre participé en un Coloquio de Filosofía realizado en la UACM Cuautepec. Hablé del liberalismo contemporáneo y las críticas que el neorrepublicanismo le hace. Todo esto en el seno de la filosofía política contemporánea de tradición angloparlante y analítica. Una compañera habló acerca de la noción de sociedad civil y un compañero sobre el tema de la memoria en el seno de la filosofía latinoamericana. Sin embargo, en sus exposiciones noté que cuando se referían al “liberalismo”, regularmente tal concepto tenía una carga negativa y hasta peyorativa. Creo que varias de sus intuiciones y argumentos bien encajarían en un lema como: “¡Cuánto mal nos ha hecho el liberalismo!”. 

No sólo en ese coloquio noté esa carga hacia el concepto del “liberalismo”, sino que en muchos momentos lo he visto, desde publicaciones de FB hasta en conversaciones con conocidos. Sin embargo, en el Coloquio de Cuautepec aproveché para externar mi inquietud acerca del poco cuidado que se tiene con los conceptos, porque a veces la vehemencia con la que se dicen las cosas opaca la importancia de tener ese cuidado. Y es prácticamente lo que replicaré aquí. Cuando se habla de liberalismo, es bueno acotar si pensamos en el económico o político –a pesar de que algunos duden de la diferencia. Considero que es sano hacerlo y, además, aclarar en qué terreno estamos argumentando: en lo que observamos o en lo que nos gustaría que fuera. Como lo veo, ser partidario del liberalismo político contemporáneo –independientemente de nuestro autor o teoría favoritos- implica, al menos, que queremos instituciones justas y que, por esta razón, nuestro foco de atención son las instituciones que distribuyen libertades o beneficios para un plan de vida. Siendo las cosas así, no veo cómo nuestros males los causan lo que algunos llaman “liberalismo”. Tal vez nuestro mal es desconocer la literatura actual al respecto y que los conceptos que empleamos no están siendo bien utilizados: si esto es así, le estaremos achacando tantas cosas inverosímiles a ideas totalmente distintas y sólo a causa de nuestros prejuicios.


Imagen: https://sucesosdeveracruz.com.mx/local/identidad-y-color-en-desfile-por-los-400-anos-de-cordoba/

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