De la burla de una inteligencia extraterrestre

Por Alexis Bautista

Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) dicen que padezco por varias preocupaciones que sin duda externo a fin de tratar de hacer consciencia del enorme daño que implicamos ser los seres humanos para la naturaleza, para el planeta, en general, pero con ello, para nosotros mismos; pues, de pronto, pareciera olvidársenos que los recursos son compartidos (no solo entre nosotros los seres «racionales», sino también con las demás especies) y limitados.

Sin duda, una de las mayores preocupaciones (alguien menos consiente y comprensivo diría: uno de mis mayores TOC) es el uso indiscriminado y desperdicio del agua. Los problemas de escasez de agua en algunas partes del mundo para nada representan un juego, algún trastorno ni una nimiedad. Pero por no parecer más obsesivo pretendiendo abarcar los problemas del agua en el mundo, me referiré en este escrito únicamente a los problemas con los que en nuestra vida cotidiana, en las calles y casas de la Ciudad de México, nos enfrentamos.

No es casual ni accidental que los hermosos y antiguos (y a veces ni tan antiguos) edificios que podemos contemplar en la Ciudad de México se vean ladeados y hundidos al grado de estar fracturados y teniendo como soporte edificios contiguos. Por pensar solo en algunos de los más conocidos y que ahora tengo en mente: la catedral frente a Zócalo, el palacio de Bellas Artes (junto a casi todos los edificios que se encuentran frente a él), el Ex convento de San Hipólito (que quienes hayan tenido la oportunidad de entrar, podrán convenir que parece estar a punto de derrumbarse de lo inclinadas que están sus paredes, escaleras y pasillos). Pero además de estas estructuras evidentemente hundidas, podemos ver calles completas que muestran irregularidades en el suelo.
No debiera sorprendernos que cada vez haya más socavones como los que hace no mucho tiempo ocurrieron en los límites de Paseo de la Reforma, pues está más que comprobado que la razón de estas irregularidades es la dificultad que hoy en día implica abastecer a una de las ciudades más pobladas (desgraciadamente) del mundo.

Describamos el círculo vicioso en este problema: Existe una clara y preocupante sobre población en la Ciudad de México (eso nadie lo puede negar con poco más de 8 millones de residentes y casi 22 millones que a diario circulan tomando en cuenta la zona metropolitana, ¡esto es un horror!) que implica la altísima demanda del recurso, por lo tanto una sobreexplotación en los mantos acuíferos; es decir, perforaciones cada vez más profundas y la extracción de 6 veces más de lo idóneo para mantener un equilibrio entre lo extraído y las reservas. Esto provoca los hundimientos que, a su vez, causan daños en el sistema hidráulico, provocando fugas de aquello que, irónicamente, se pretende conseguir.

Pero el daño no solo está en la extracción de los mantos acuíferos en el subsuelo, sino también en la cara conducción que implica el traslado de aguas de ríos como el Cutzamala (que, por lo demás, en ocasiones implica dejar de abastecer a comunidades aledañas a esos ríos, para el abastecimiento preferencial en la ciudad). Pero, por otro lado, no es que en la misma capital no haya nada qué decir respecto a la falta del agua, pues es bien sabido que varias delegaciones sufren constantemente por la falta de este servicio: Iztapalapa, Iztacalco, Azcapotzalco…

Recientemente, además, el sismo del pasado septiembre provocó la ruptura de tuberías en el subsuelo, y con ello que en distintas colonias de diversas delegaciones no se reestableciera el servicio por un tiempo considerable: de hasta tres semanas o poco más de un mes. Siempre habrá quien piense que no contar con agua fue un mal menor comparado con la terrible situación que seguramente tuvieron (y algunos siguen teniendo aún) quienes perdieron sus hogares, pues ellos no tienen ni agua, ni luz, ni techo. Podemos concederlo, pero ello no exime el problema de la escasez.

Afortunadamente, hoy en día, en México, podemos decir que el agua es hasta el momento bastante barata —no en todos los países es el caso. Probablemente sea esa situación la que nos provoca hacer despilfarros del recurso de distintas maneras: no captando el agua que del baño cae antes de estar suficientemente caliente para poder bañarnos; dejando que corra al lavar los tratos o los dientes o las manos o lo que sea que se esté lavando; pero también cuando vemos una fuga en la calle y no la reportamos; cuando tenemos goteras en nuestra casa y no las arreglamos o cuando (sepa su Dios de esa extraña costumbre) en «sábado de gloria» se justifica el desperdicio por una festividad religiosa —pero el de los trastornos siempre es quien se preocupa por el agua. Todos estos usos desmedidos provocan una gran cantidad de agua desperdiciada que, de cambiarlos, podríamos hablar de un mejor uso razonable.

Tan solo 3.5% del agua en el mundo es dulce; y no toda ella es potable. Un querido amigo me decía: «si algún día nos visitara algún tipo de inteligencia extraterrestre, pensaría que los humanos somos tan imbéciles que desperdiciamos nuestro líquido vital para deshacernos de nuestra mierda».
Yo agregaría: «que ni se enteren que de los árboles (también vitales) se produce lo que usamos para limpiarnos el culo».


Imagen: http://comovemosdamos.com/wp-content/uploads/2016/03/como-son-los-extraterrestres-comovemosdamos.jpg

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