De apatía: padres y programas

Por Miguel Téllez

En este escrito hablaré acerca de la percepción que he tenido acerca de la participación ciudadana. Me interesa en estas líneas señalar sólo ese tipo de participación, aunque no hay duda de que la política, social y comunitaria también son relevantes e importantes.

Entenderemos por “participación ciudadana” aquella que implica que la sociedad tenga un compromiso y relación directa con el Estado, en donde los ciudadanos se involucran específicamente en la administración pública: por ejemplo, la cooperación de ciudadanos en la prestación de servicios o elaboración de políticas públicas1. La diferencia de este tipo de participación –siguiendo a Serrano Rodríguez- con otras, consiste en los fenómenos sociales a involucrarse, grosso modo: a) la participación política se identifica por asuntos en donde los ciudadanos forman parte de la representación política, instituciones políticas, elecciones, etc2., b) la participación comunitaria es donde los individuos se organizan para hacer frente a las adversidades o sólo para mejorar su bienestar –el papel del Estado queda sólo como asistencial-, y c) la participación social “es aquella en la cual los individuos pertenecen a asociaciones (…) para defender los intereses de sus integrantes, pero el Estado no es el principal locutor.4

El caso que discutiré –que es uno de entre algunos donde he tenido experiencia- es un programa que se desarrolla dentro de una delegación –o alcaldías, como será en un futuro-. Lo primero que debo señalar, y que tal vez sea una obviedad para ti, es la apatía que nos encontramos. Regularmente entendemos “apatía” como la falta de interés de una persona, o como un estado de indiferencia frente a algo. Hay varios ejemplos en la vida cotidiana de tal cosa: como cuando una persona es incapaz de ayudar a un discapacitado, sea cediendo su asiento, atendiendo de manera precisa y acertada alguna duda que tenga éste en un lugar público, etc. Pero en donde solemos escuchar más sobre la apatía es justo en asuntos públicos, donde la participación de la gente es importante.

Retomando lo dicho, la apatía es lo primero que solemos encontrar cuando somos promotores de cultura, voluntarios para la realización de algún proyecto, etc. Sin embargo, claro que no toda la gente es apática, y no todo el sector de determinada población. Por ejemplo, actualmente me encuentro siendo promotor de lectura en la delegación donde vivo –Tláhuac-. En estas semanas, nosotros –los promotores de lectura- desarrollamos círculos de lectura en voz alta para niños -posteriormente serán jóvenes y adultos las poblaciones beneficiadas-. Cuando uno se acerca con los padres –puesto que tenemos que hacer difusión de las actividades a desarrollar- es muy curioso notar que a los niños les emociona la idea de leer, de reunirse en un lugar público y de saber que habrá actividades para ellos. Pero los padres –sea madre o padre-, regularmente llevan prisa, escuchan a regañadientes o simplemente, son apáticos. Ahora bien, no toda la población es así, hay algunos adultos –padres, en este caso- que escuchan atentamente pero a lo mejor no comprenden aún la importancia de llevar a sus hijos a convivir con otros niños, de aprovechar el tiempo en algo que beneficiará sus habilidades cognitivas, argumentativas y también de imaginación. En realidad, es algo frustrante para un promotor notar este estado de apatía o de ignorancia, uno sabe que: 1) los servicios serán gratuitos, 2) se les proporcionarán materiales a los beneficiados y 3) parece que existimos personas que intentamos hacer algo por la población, con el fin de favorecer y poner a su servicio nuestras habilidades y conocimientos. Sin embargo, estas actitudes tenemos que enfrentarlas, y aunque en ocasiones sea más la población apática –a veces parece que también depende de la zona geográfica a trabajar-, hay gente que comprende la importancia de su participación, además de que aprovecha los servicios gratuitos que existen para sí mismos o para algún familiar.

En lo personal, yo tendría una pregunta hacia los padres, que obviamente uno no puede realizarles al momento de promocionar: ¿cuáles son las condiciones, habilidades, conocimientos y demás aptitudes que tiene en mente para su hijo con el fin de que en el futuro alcance a ser una persona con dotes, si no impresionantes, sí que coadyuven y faciliten su desarrollo académico, profesional y en sí, lo que él quiera ser? Considero que dejar el tiempo de un infante a merced de una televisión de paga, tablets y otras cosas que tienen cierta utilidad –una vez que ya se desarrollaron otras habilidades para saber usar esos recursos- puede llegar a ser superfluo y, en el peor de los casos, inservible. Sin embargo, esto es sólo una creencia mía, dispuesta a ser discutida y que no pretende guiar el comportamiento de nadie.

Finalmente, deseo decir también algo más para los actores que intentan desarrollar y ejecutar un proyecto. Con lo dicho, parece que mis palabras podrían interpretarse en el sentido de que la gente tiene la culpa por no aprovechar los programas sociales. Pero creo que eso sería una lectura muy sosa de lo que pretendo señalar, ya que quienes ejecutan un programa, también tienen relevancia en cómo la gente percibe si tiene sentido su participación. En los proyectos donde me he visto involucrado, han sido muy buenos en tanto que los objetivos que desean cumplir, pero no hay duda que uno nota la diferencia entre alguien que sólo ordena y más o menos explica, a alguien que está al mando del programa y no sólo ordena, sino orienta, da seguimiento, apoyo, sugerencias, está abierto a las críticas, mejoras, etc. Creo que esos “jefes” no comprenden el valor de quienes creemos en algo –mejorar el bienestar, apoyar a la población, etc.-, pues no todo es monetario para quienes seguimos padeciendo tanto llenado de formatos, capacitaciones, exámenes, difusión, etc. Si el objetivo sólo es registrar un proyecto para beneficiarse económicamente, construir una buena imagen política para tiempos futuros, quizás yerran en su proyecto. Pero si hay intención genuina de mejorar la vida de las personas, una preparación y contar con un buen equipo es sin duda el primer paso: algo más o menos hecho y sin buen seguimiento, sería una posible causa del porqué la apatía en la gente, aunque claro está, que no es tampoco la única causa: se trata de algo recíproco.


En esta caracterización, sigo a Azucena Serrano Rodríguez en “La participación ciudadana en México”, Ver., http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0185161615000025

Ibid., http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0185161615000025

3 Ibid., http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0185161615000025

Ibid., http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0185161615000025


Imagen: http://www.bairesdiario.net/index.php/destacados/2017/04/06/alto-acatamiento-en-el-primer-paro-nacional/

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