Cutters

Por Driveth Razo

 

Una, dos, tres… otra más no hará daño; una más no afectará a la cebra que he creado en mí. Gran error. Todas y cada una de las líneas que te marcas con tu propio “pincel” en el “lienzo” que es tu cuerpo, afectan. Muchas personas no nos damos cuenta de cuando nos estamos viniendo abajo y mucho menos de cuando es momento de pedir ayuda.

Alguien muy cercano a mí, mi mejor amiga (o sea yo, aunque me cueste admitirlo) se autolesionaba. Cuando le preguntaba el porqué, me decía que era para sacar su frustración y su dolor, en el momento lo entendía y le incitaba a que siguiera haciéndolo. Después de todo, una línea más no afectaría a la cebra que había creado en su pierna gracias a los diversos cortes que se hacía; pero era un gran error del cual nos dimos cuenta tiempo después.

Pasaban los días y cada vez que pasaba algo relacionado con su familia o sus amigos más cercanos, cualquier comentario hecho en mal momento, cualquier pequeño movimiento que no era el adecuado, la hacían pensar en repetir el proceso una, dos, tres veces o las que hicieran falta en su momento para descargar su frustración.

Al principio ella no recurrió a nadie para pedir ayuda; no quería que nadie se diera cuenta de su situación ya que ni ella entendía por qué se sentía así. A veces reía, otras se enojaba, pero nada fuera de lo normal… hasta que llegaba a casa. En su casa se derrumbaba, dentro de las cuatro paredes que formaban su cuarto, daba rienda suelta a sus sentimientos.

Llegó un momento en el que no lo soportó más y comenzó a venirse abajo, incluso en la escuela. Las personas que estaban a su alrededor no encontraban el motivo de su repentino cambio y ella no lo daba a conocer. Todo mundo trataba de regresarla a su “antiguo yo” sin saber que ese “yo” era también falso; pero hicieran lo que hicieran no podían hacer que se alegrara, principalmente por no comprender a lo que se estaban enfrentando (no conocían sus motivos ni como se sentía). Con el paso del tiempo ella se dio cuenta de que se estaba convirtiendo en un muñeco vudú, ya que todos los que estaban a su alrededor salían lastimados al sentirse impotentes de no ver ningún cambio en ella, a pesar de las bromas y los chistes que hacían para tratar de alegrarla. Por esta razón se alejó poco a poco, decidiendo guardarse su dolor para no lastimar a nadie más.

Los días pasaron y siguió cayendo, poco a poco, cada vez más hondo; hasta que un día se enfadó, se cansó de que la misma rutina se repitiera día a día. No muchas personas lo logran, pero ella lo logró. Prefirió pedir ayuda, confiar en unas cuantas personas para que la aconsejaran y trataran de ayudarla a salir de ese agujero en el que estaba cayendo poco a poco. Se dio cuenta de que ellos no tenían la solución mágica para afrontarlos, pero como dicen: las penas, compartidas son menos.

Sus amigos trataban de animarla sin presionar demasiado y le daban su espacio cuando ella lo requería. No vio muchos resultados, así que se dio cuenta de que tal vez estaba pidiendo ayuda a las personas incorrectas, ya que nadie podía ayudarla, solo había una persona que lograría sacarla de ahí si así lo deseaba, y esa persona era ella misma.

No tenemos por qué esperanzarnos a que otras personas nos ayuden, debemos empezar ayudándonos nosotros mismos. A veces tenemos tanto miedo de lo que los demás puedan pensar de nosotros que no queremos abrirnos completamente con nadie; así que sólo nosotros podemos conocernos, sino completamente, aunque sea un 80%. Por eso cuando te sientas ahogado y no sepas con quien desahogarte, no te guardes todo lo que sientes, libéralo; aunque no lo creas, funciona. Pero no te estoy diciendo que tomes la primera navaja que te encuentres, al contrario, hay mejores formas de solucionarlo; no sean tan cabezones como yo lo fui al principio. Una de las cosas que a mí me funcionaron fue ir con el psicólogo, recuerden: no significa que tienes que estar loco para ir con uno de ellos. Tomen un cuaderno y empiecen a escribir cómo se sienten, ya que a veces el mejor espectador es uno mismo, aparte de que te ayuda a reflexionar mientras escribes palabra por palabra. También puedes utilizar una hoja para rayarla todo lo que quieras, así liberas tu frustración. ¡O mejor aún! métete a clases de algo que te ayude a liberar energía, como taekwondo o box; o algo más cultural como clases de piano o de pintura.

Es necesario tener la mente ocupada para que no regrese ese gusanito de negativismo tan insistente. Sólo recuerda ser paciente, cuando menos lo esperes ese desasosiego que sientes se irá yendo poco a poco hasta que resulte ser sólo un mal recuerdo. Yo lo logré, estoy segura de que tú también lo lograrás, sólo cree en ti.

 


 

Imagen de: https://instagram.com/iliruba/

 

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