Cuando dejamos de hacer arte y el arte nos hace a nosotros

Por Ana Garduño

Nunca he sido en realidad una fanática muy grande del K-pop. A pesar de disfrutar algunas canciones y algunos de los pegadizos videos musicales, el hype de este género de pop nunca se me pegó tanto como a otras personas de mi edad alrededor del globo. Sin embargo, a pesar de mi casi nulo conocimiento en la industria, el aparente suicidio de Kim Jonghyun, cantante principal del grupo Shinee, me conmocionó como al resto de las personas familiares con la industria, y causó que me pusiera a indagar más en el tema de la industria musical de Corea del Sur, para descubrir cosas que, por decir poco, me perturbaron, porque dejando un poco las tangentes que están tratando diversos medios en relación al suicidio de Jonghyun, como el LA Times que habla sobre la alta tasa de suicidios en Sur-Corea, la industria cultural del país asiático (y más en concreto la industria musical) es un asunto extremadamente negro y aterrador disfrazado de colores vibrantes y tonos pegadizos, y de manera más aterradora, una industria que crece más cada día.

Y es que mientras que antes hemos visto casos de jóvenes artistas a los cuales la fama los persigue durante toda su vida y los lleva a la depresión, el caso de Jonghyn es especial, porque la industria de la música pop Coreana es especial en sí misma, y no llega cerca de ninguna industria musical en occidente; pues se trata de un ambiente extremadamente controlado, casi a un nivel dictatorial, en el que el aspecto, relaciones, personalidad, e incluso la vida de los artistas es controlada por las monstruosas compañías que dirigen a los grupos. Ben Beamunt-Thomas, de The Guardian, expresa muy bien en su artículo referente al suicidio de Jonghyun algunos de los controles y estilos de vida que deben pasar los jóvenes para triunfar y mantener una carrera en la industria del K-pop, tales como el no poder estar en una relación de noviazgo, el tener que consumir porciones muy pequeñas de alimento, el estar sujetos a quedarse con la compañía por un número determinado de años, e incluso el tener que trabajar con enfermedades. En su mismo artículo, Beaumunt-Thomas usa dos frases que captaron mi atención: “La perfección del baile de Shinee (el grupo del tardío Jonghyun) es sin duda impresionante, pero también tiene algo perturbador detrás, al saber que sólo lo mejor será tolerado”. Creo que la frase no necesita más explicación que el recalcar que la industria del pop Coreana lo único que busca en trasfondo no es crear arte, no es brindar una especie de sueño de super-estrellato a sus participantes, sino simplemente ganar la mayor cantidad de dinero posible mediante la explotación de sus empleados, ante los ojos de todo el mundo.

Por supuesto, todos conocemos el nivel de exigencia que países como Corea ponen a sus artistas para ser “perfectos” en su área: desde excelentes orquestas hasta atletas olímpicos, entendemos que esta perfección es fruto del rendimiento y el esfuerzo para brindar un contenido artístico de calidad, pero el problema con el K-pop entra justamente en que su intención no es crear “arte” si no crear personalidades. Imaginen por un momento un robot cuya apariencia y personalidad son programadas por algoritmos que predicen los gustos de las masas y los atributos exactos para crear un producto perfecto para sacar al mercado; mientras que es verdad que este ejemplo puede sonar un poco crudo, la dura realidad es que el mercado de la música comercial  en Corea ve a los artistas como meros productos que pueden ser moldeados a la perfección para ganar la mayor cantidad de dinero posible, por lo que en realidad no podríamos llegar a calificar esta industria como “arte” si no como meramente un objeto más de producción masiva. Retomando los ejemplos del principio, los músicos clásicos coreanos o los gimnastas coreanos por supuesto no son creadores de su propio contenido, pero son individuos con personalidades únicas y con relativa libertad en lo que concierne a cómo llevar a cabo su vida privada, libres en poner una marca personal en su arte. Para un artista de K-pop esto es simplemente imposible; puesto que la mayoría del contenido musical, letras, atuendos, pasos de baile y personalidades son creados por la empresa, siendo ellos los meros mensajeros de esta explosión de eficiencia comercial, al punto en el que artistas independientes tienen pocas oportunidades para triunfar en la escena de la música coreana (Para más referencias referir al artículo: “Us and them: Korean Indie Rock in a K-pop world” por Stephen Epstein).

-La obesesión con la belleza en corea y su relación con el pop

Cuando pensamos en el mercado de la música asiática, podemos ver que los países más desarrollados, como Japón y China, tienen problemas similares a Corea en lo que respecta a la libertad artística y el exagerado perfeccionamiento de sus artistas. Pero entonces, ¿por qué Corea es un caso especial entre el resto de estos países? La opinión está dividida en mucha tangentes, sin embargo, a mi consideración lo que separa a la industria de la música Japonesa del resto de los países asiáticos, es un aspecto especial del país que va más allá de la música y que se inmiscuye en todos los aspectos de la vida diaria, siendo este problema la obsesión con la “belleza”. Y es que no es por nada que el país asiático tiene el mayor número de cirugías plasticas realizadas en el mundo, y a diferencia de occidente, donde la cirugía cosmética generalmente se usa para ocultar detalles de la edad, en Sur Corea la gente joven es de la que más cirugía plástica consume. Y sí, el K-pop ha influido de una manera muy profunda en esto; o más bien, esta obsesión ha influido mucho en el aspecto de los artistas de la industria musical; a diferencia de otros países como Japón o China, o el mismo occidenre, donde la belleza sí es necesaria para ser popular, pero al mismo tiempo no lo es tanto.

Hoy, 27 de diciembre, ha pasado un poco más de una semana desde el suicidio de Jonghyun, y el impacto de la noticia en la popularidad del K-pop se ha ido desvaneciendo poco a poco, al punto de volver a la normalidad donde las grandes industrias musicales explotan a sus empleados y controlan absolutamente todos los aspectos de su vida; una normalidad donde las luces coordinadas en los espectáculos y los ritmos repetitivos seguirán influenciando a millones de personas alrededor del mundo. Es en realidad una lástima, pues a menos de que los propios fans de este género musical se den cuenta de los horrores de la industria que produce su contenido de entretenimiento, el problema con el K-pop no tendrá solución, y los jóvenes coreanos no sólo se verán atormentados por ideales de belleza costosos e inalcanzables, sino que indudablemente, seguirán cometiendo suicidio.


Fuentes:

1.- http://www.latimes.com/world/asia/la-fg-south-korea-suicide-20171219-story.html

2.- http://www.bbc.com/news/world-asia-35368705

3.- http://apjjf.org/-Stephen-Epstein/4401

4.- https://www.sbs.com.au/news/the-k-pop-effect-south-korea-s-obsession-with-beauty


Imagen: https://0.soompi.io/wp-content/uploads/2016/05/04222146/SHINEE_title.jpg

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