Cuando alguien se va

Por Driveth Razo

 

Cuando alguien se va deja ese vacío en nosotros, creemos que no podemos volver a sonreír sin la compañía de esa persona. Pero nos equivocamos.

Dicen que las personas van y vienen a lo largo de nuestra vida a enseñarnos o a enseñarles algo y que cuando eso se ha logrado, es tiempo de que se vayan. Muy pocas personas aceptan eso sin rechistar, creemos que ellas estarán con nosotros en los buenos y en los malos momentos, que nunca nos abandonarán, pero, aunque suene muy feo, he experimentado en carne propia que no importa si es tarde o temprano, todas las personas se marcharán.

Hay muchas formas de marcharse: cuando se cambian de ciudad, y en algunas ocasiones, -a pesar de la tecnología- se va perdiendo el contacto; al salir mal de una amistad, y aunque después nos arrepintamos y tratemos de reconstruirla, nunca volverá a ser la misma que antes; y lo peor es cuando fallecen las personas y nos damos cuenta de todo el tiempo que no estuvimos con ellos o todo lo malo que les hicimos.

Todo esto causa una pérdida que nos deja irreparables. Pero con el tiempo -aunque lo dudemos- esas heridas van sanando, y a pesar de no quedar 100% curados, podemos recuperarnos poco a poco de los llamados “golpes de la vida”.

La cuestión empieza cuando no sabemos dejar ir a las personas, cuando nos mantenemos aferrados a su recuerdo; al tratar de exprimir ese último instante vivido con ellos, al revivir los olores, sabores y todo lo que rodeó esa experiencia.  Dejarlos ir nos duele, pero aferrarnos a ellos es más pesado y más doloroso, aunque al principio se sienta como la solución más fácil y menos dolorosa, es la que al final nos dañará más.

Imagina que tienes un eslabón que rodea cada una de tus muñecas, y que a este eslabón se le van uniendo las personas que vas conociendo a lo largo de tu vida y que les vas tomando afecto. Cada eslabón es de oro y no pesa tanto, pero cuando una persona se va, ese eslabón de oro se convierte en uno de plomo que no se desvanecerá si no le dices adiós y lo dejas marchar.

Cada eslabón de plomo se va multiplicando al pasar los años y al irse yendo más gente. A esos eslabones súmale los de oro, que al desvanecerse los de plomo, se unirán naturalmente. Pero si sigues cargando los de plomo se irán debilitando hasta que se transformen también en plomo. Esta transformación se dará porque estarás tan encerrado en el pasado que, sin querer, no te darás cuenta de las personas maravillosas que tienes en el presente, y ellas se irán al sentir indirectamente tu rechazo.

Es ahí cuando te darás cuenta de su valía, y te arrepentirás por no haberlas valorado en su momento; entonces empezarás a arrepentirte por no haberlas cuidado y esto, se volverá otro circulo vicioso al que entrarás por no haberle podido decir adiós a esos eslabones a tiempo; y los cuales estarán contaminando tu presente.

Cerrar círculos, decir adiós y despedirte de un recuerdo es muy difícil. Las personas entran a nuestra vida sin pedirnos permiso, y a veces no nos damos cuenta hasta que ya es muy tarde y les tenemos tanto afecto, que se hace presente en el momento de su partida.

No es imposible decirles adiós pero sí es doloroso, las memorias y recuerdos formados con ellos no desaparecerán de la noche a la mañana, y eso está bien, después de todo las personas estamos hechas de recuerdos y experiencias. Pero una cosa es recordar con alegría y otra recordar con arrepentimiento o recelo cuando se van.

Dejar que las cosas fluyan, darnos un tiempo para procesar su partida y después darnos otro tiempo para dejarnos sanar, es lo más recomendable. A veces no sabemos ni por dónde empezar debido a que instantáneamente nos aferramos a la persona y no la queremos dejar ir.

Apóyate en tu presente, en tu familia, en tus amigos, en tus proyectos, en tus mascotas e incluso, en tus hobbies, para que, cuando menos te des cuenta, empieces a recordar, pero empezarás a recordar sin dolor ni amargura u odio; esos recuerdos volverán a brillar como lo más preciado que poseerás, con alegría y amor, puede que con nostalgia pero al final, te acabarán llenando de una sonrisa el rostro.

No porque alguien se vaya se deberá convertir en el innombrable, aprende a sanar esas heridas y a apreciar esos recuerdos; que después de todo, al igual que los átomos, estarán presentes en nosotros, sin importar que no los veamos, o incluso que los tratemos de ignorar. Porque gracias a esas experiencias somos lo que somos ahora. 


Imagen: http://esperanzasanchez.com/miedo-ala-soledad/

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