Cuaderno de notas

por Dante Noguez

A modo de epígrafe, Dalí anotó lo siguiente en su libro sobre artesanía: «Van Gogh se cortó la oreja; antes de cortaros la vuestra, leed este libro». Leed este artículo. Estará repleto de aforismos, frases y anécdotas como esta.

Es importante escribir una nota sobre las primeras dos citas. La primera cita viene a cuento por dos cosas: 1) por la época en que vivimos, donde se repite hasta que los oídos nos sangran la frase de «todos tienen su opinión»; y 2) porque este pasado siete de agosto se cumplió un año de la muerte de este gran filósofo. La segunda cita, unos versos de Lucrecio, la colocamos aquí en su recuerdo:

§

«¿Por qué una democracia tiene que ser tolerante o respetuosa con todas las opiniones que puedan salir “más allá del arco de los dientes” de los ciudadanos? ¿Acaso la democracia debe ser tolerante o respetuosa con todos los bienes que el mercado puede ofrecer, incluyendo los dañinos para la salud pública? ¿Es suficiente advertir al consumidor para que él ponga por su cuenta las medidas de protección adecuada? Hay opiniones intolerables, gratuitas o estúpidas, que no merecen el menor respeto, y esto significa que no debe permitirse su expresión impune, amparada en el derecho de expresar la propia opinión. […] La tolerancia pasiva no es virtud democrática, sino vicio democrático, por lo que encierra de desprecio del opinante, a quien se tolera expresar su opinión pero sin concedérsele siquiera el honor de tomársela en cuenta para combatirla. Sólo la tolerancia activa —que ejercitada suele producir, paradójicamente, la impresión de un dogmatismo que se vuelve contra quien la practica— es compatible con una sociedad democrática».

—Gustavo Bueno.

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«Nam simul ac ratio tua coepit uociferari

naturam rerum, diuina mente coorta,

diffugiunt animi terrores, moenia mundi

discedunt, totum uideo per inane geri res».

[Pues en cuanto tu doctrina, producto de una mente divina, empieza a proclamar la esencia de las cosas, se diluyen los terrores del alma, las fortificaciones del mundo se abren y vislumbro, a través del inmenso vacío, producirse las cosas].

—Lucrecio.

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«¿Qué hay, tunantes facciosos, que a fuerza de rascaros la pobre sarna de vuestra opinión os levantáis costras?».

—William Shakespeare.

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«Eso que ustedes llaman corazón está bastante más abajo del cuarto botón del chaleco».

—Lichtenberg.

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«Dos señores imbéciles e ingenieros me han hecho una visita. Les oí hablar mientras bajaban la cuesta. Uno le decía al otro que le gustaban mucho los abetos.

—Port Lligat es demasiado pelado —decía—. A mí me gustan los abetos, pero no por su sombra, bajo la que nunca me pongo. Me gusta simplemente contemplarlos. Para mí, un verano sin ver un abeto no sería un verano.

Me he dicho: «Que se prepare. ¡Este se acordará de los abetos!». Recibo amablemente a estos dos señores, quienes me obligan a mantener una conversación plagada de tópicos. Parecen muy agradecidos de la acogida que les brindo, pero, cuando los llevo hasta la terraza, reparan en mi monumental cráneo de elefante.

—¿Qué es esto? —pregunta uno.
—Un cráneo de elefante —le digo—. Me gustan mucho los cráneos de elefante. Especialmente en verano. No puedo pasarme sin ellos. No concibo un verano sin ver un cráneo de elefante».

—Salvador Dalí.

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«El amor es el infinito puesto al alcance de los caniches».

—Louis-Ferdinand Céline.

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«Mis vasallos y yo hemos llegado a un acuerdo: ellos dicen lo que quieren y yo hago lo que me da la gana».

—Federico II de Prusia.

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«Se extrañaban algunos de que los asuntos del persa Sirannes resultasen tan mal siendo sus juicios tan discretos, y él respondió: “Es que soy señor de mis designios, pero la fortuna lo es de los acontecimientos”».

—Montaigne.

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«Que todo cambie un poco para que todo siga exactamente igual».

—Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

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«Que otros se jacten de lo que han escrito, yo me enorgullezco de lo que he leído».

—Jorge Luis Borges.

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«Sólo un zoquete escribe sin que haya dinero de por medio».

—Samuel Johnson.

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«Ningún movimiento originado en el interior de la tradición puede ser ideológico ni ponerse al servicio de ningún objetivo social, por moralmente admirable que sea éste. Uno solo irrumpe en el canon por fuerza estética, que se compone primordialmente de la siguiente amalgama: dominio del lenguaje metafórico, originalidad, poder cognitivo, sabiduría y exuberancia en la dicción. La injusticia última de la injusticia histórica es que sus víctimas no precisan otra cosa que sentirse víctimas. Sea lo que sea el canon occidental, no se trata de un programa para la salvación social».

—Harold Bloom.

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«George Bernard Shaw una vez envió a Winston Churchill dos boletos para la función de estreno de su nueva obra de teatro, haciéndole notar: “Ve con un amigo si lo tienes”; a lo cual Churchill respondió diciendo que no podía ir al estreno, pero que agradecería que le enviaran boletos para la segunda función, “si es que la hay”».

[Extracto de la Introducción a la lógica de Irving Copi].


Imagen: Las hilanderas de Velázquez

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