Crónica electoral de viaje

Por Ale Sánchez

Le caes de sorpresa a la familia fuera de la ciudad. La alegría, la convivencia, el calor, el pollito asado… De repente, te despiertas un día ¡y ya son las elecciones!

Hay que votar, claro. Todos preparan su IFE/INE, desayunan, se visten, agarran las llaves. Entonces recuerdas que no estás en tu distrito electoral. Comienza el pánico, ese que no creerías que sentirías, porque se supone que las votaciones no te interesan. ¿Para qué?, si ningún candidato te gustaba. Ni sabes por quién, aunque tienes tus preferencias o tu escala del “menos pior” al “más pior”. Total, no sabes lo que el chanchuyo hará con tu voto. Pero la comadre te dijo que si no acudes es peor, porque entonces es seguro que asignan tu voto a un determinado partido de todas maneras.

Comienzas a buscar por internet y te topas con mucha información, dentro de la cual se mencionan las famosas “casillas especiales”, que no son más que casillas desde las cuales un mexicano empadronado que no se encuentre en su ciudad de residencia puede participar en elecciones federales. ¡Listo! Problema resuelto.

Le preguntas al vecino y al amigo, y ambos te dicen que no hay casillas especiales ahí, ya preguntaron. No les crees, es imposible, la ley electoral ordena que las haya. Así que te preparas y asistes a la casilla con el resto de tu familia. Es probable que ahí tengan información más fidedigna. Vaya, si desde el extranjero se puede votar –y se invirtió un considerable presupuesto para lograrlo- , es lógico que dentro del territorio nacional resultará más fácil.

¡Zas! Justo te informan que tu vecino y tu amigo tenían razón: no hay casillas especiales ahí. En ese momento, tras la frustración y la impotencia, te das cuenta de que en realidad sí querías votar. ¡Ah, pero no te has rendido! Preguntas “¿Dónde las puedo encontrar?”. Te responden que allá, en esa localidad que está incluso más lejos que tu ciudad de residencia.

Buscas en internet, sigues investigando, llamas pero nadie te va a atender. Hallas otro dato: existe una casilla especial en una zona relativamente cercana. No quieres ni moverte, ya es hora de comer, el sol se siente fuerte, pero ya se te metió la idea de votar y formar parte de la democracia. Así que te decides y vas.

Llegas, compruebas que hay casillas especiales y ¿qué pasa? Pues que NO HAY MÁS BOLETAS. ¡¿Quéeeeeee?! ¿Pues qué toda la población del país se movió de ciudad para este día? ¿Cuántas boletas tenían, tres? Ufff, todo está perdido, ya no puedes seguir cruzando el país para llegar al voto. Quizá debiste planear tus visitas a la familia para otro momento.

Bueno, al menos no hubo urnas incendiadas… Pero viste calles cerradas, situaciones sospechosas, y tus primos de San Nicodemo de los Zacates te dijeron que en su casilla, pese a que era la de su distrito, tampoco tenía las boletas  y no les permitió votar. No importa, muchos otros sí votaron y algunos hasta se confundieron con los datos de las boletas y ni siquiera están seguros de por quién votaron.

Más tarde, en las noticias hablan de encuestas y resultados preliminares. El presidente en turno así como los contrincantes de los múltiples partidos felicitan a Sultanomengano. ¿Ya ganó? ¿Ya fue confirmado el cómputo de votos? De pronto “México es mucho más que una elección” (y al día siguiente también es “más que los goles y las derrotas de la Selección”). Todos los partidos y facciones “podemos ser amigos” por el bien común. Gracias a Dios ya se acabó eso de tirar piedras; ahora va lo de esconder la mano.

Ya no más memes  sobre las credenciales falsificadas, ya no más robo de boletas en blanco –por unas horas temes por el destino de las que sí se usaron-, ya terminaron las marchas con pancartas políticas que ni siquiera son reciclables, adiós a las tarjetas plásticas sin fondos y a las amenazas contra la seguridad y la vida de las contendientes en cualquier nivel de la jerarquía política plagada de machismo y otros vicios.

Al fin dejaste de recibir mensajes como: “no salgan mucho, tengan cuidado, a veces la gente se pone loca en las elecciones, ¿por quién votaste?”. Mejor anotas en un pizarrón las promesas de campaña de los que ganaron, así podrás monitorear los avances y retrocesos a lo largo del sexenio venidero.

¡Qué miedo! Comenzaremos a ver si hay más empleo, si la gasolina se queda como está, si la educación comienza a servir para obtener puestos de alto nivel y también para conocer y defender los derechos ciudadanos. Experimentaremos los salarios, los precios, los acuerdos y tratados comerciales, los cambios, los retos… No olvidemos el tema ambiental: los rescates de especies y hábitats, el maíz y frijol criollos, los polinizaores, la ganadería, la eficiencia agrícola, la pesca, el cambio climático… Algo deberá comenzar a ser diferente y, con suerte, a ser mejor. O mínimo, que para la próxima sí haya casillas especiales donde quiera que vayas.


Imagen: https://www.infobae.com/america/

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