Crítica destructiva y ciberbullying

Por Teolinca Velázquez

 

Estimados lectores, les quiero compartir una crítica que recibí sobre mi último post “¡Ahí viene el tiburón!”:

“Pues yo eché de menos un sólo comentario cinematográfico, alguna alusión a la función de los silencios, o la banda sonora; pensé leer tus impresiones sobre la fotografía, el pulso narrativo , la tensión insoportable, la forma cómo el director resolvió los encuadres en un estrecho espacio…Pero no, encontré una digresión filosófica con aires de justicia social que se me hizo extremadamente forzada. De la pertinencia de elegir un filme de 1975, y no otro más contemporáneo, no quiero especular . Pero si tu intención era incitar a ver la película, sin siquiera explicar la anécdota de la historia, estás lejos de haberlo conseguido. Un buen maestro de cine solía afirmar que el lenguaje literario y el lenguaje cinematográfico van por cuerdas separadas. Creo que tu piensas distinto. Has reducido una entrañable película de aventura a un tratado lleno de suficiencia, en la mejor tradición de Coelho.”

No estoy utilizando este espacio para dar respuesta a la crítica; eso ya lo hice, ni para dejar en ridículo a quien la escribió, sino para reflexionar un poco sobre la diferencia entre la crítica constructiva y la crítica destructiva; así como la importancia que debe dársele al cuidado de las palabras a la hora de comentar en las redes sociales.

La crítica constructiva tiene el objetivo de aportar a la persona a quien le hacemos la crítica una nueva perspectiva, aportar algo con lo que su trabajo se vea mejorado; es una señal de respeto entre el crítico y la otra persona. Mientras que la crítica destructiva no aporta argumentos sólidos ni pretende el mejoramiento de la obra o de su autor; su objetivo es criticar por criticar.

Como podemos observar, el crítico que aquí ejemplifico estaba decepcionado porque al ingresar al artículo se encontró con un análisis sociológico y no con un comentario digno de los críticos cinematográficos, esa decepción es muy válida ¿Cuántas veces no entramos a algún sitio esperando encontrar algo que no hay ahí? Pero, ¿vamos a criticar al sitio sólo porque no encontramos lo que queríamos?

Posteriormente, el individuo cuestiona mi selección cinematográfica, infiere que hubiera sido más pertinente hablar sobre otra película. Si hubiera hablado de otra película, ¿le hubiera gustado más? ¿Qué otra película hubiera sido pertinente? Me dice: “Si tu intención era incitar a ver la película (…) estás lejos de haberlo conseguido”. Aunque no era mi intención invitarlos a ver la película, sino invitarlos a reflexionar sobre nuestro papel dentro de la sociedad, me hubiera gustado conocer su opinión sobre cómo lo hubiera conseguido.

El crítico termina diciendo: “Has reducido una entrañable película de aventura a un tratado lleno de suficiencia, en la mejor tradición de Coelho”. Yo me pregunto, ¿era necesario mencionar/criticar a Coelho? Aunque su comentario parece denotar que no le gustan los textos de Coelho, yo le di las gracias porque, nos guste o no cómo escribe ese señor, la realidad es que el quinto libro más leído de los últimos 50 años es precisamente “El Alquimista” de Paulo Coelho, y ojalá algún día yo tuviera esa oportunidad.

Reflexionemos, la crítica aquí presentada no propone cómo pudiera yo mejorar mi texto, por lo tanto, no se trata de una crítica constructiva sino de una crítica destructiva ¿Cuál era la intención del individuo? ¿Cuál es entonces la funcionalidad de su crítica destructiva?

El espacio en redes sociales que tenemos para comentar es muy amplio y nada censurado en temas que no sean controversiales. A diario nos encontramos con creaciones de otros usuarios a los cuales felicitamos o criticamos dependiendo si nos gustaron o no; pero siempre tengamos presente que la violencia en redes sociales conocida como ciberbullying, comienza con el uso de la crítica destructiva.

Criticar algo que no nos gustó o que no nos pareció tan bueno como podría llegar a ser está bien, pero antes de comenzar a escribir, debemos preguntarnos si nuestras palabras beneficiarán a quien las reciba, si lo que diremos aportará algo positivo al desarrollo de esta persona y de su obra, de lo contrario, ¿para qué hablar?

No aportemos más ladrillos a la violencia, aportemos mejor, al desarrollo del ser humano y al mejoramiento de la convivencia en redes sociales.


Imagen: http://haninge.se/globalassets/omsorg-och-stod/missbruk-och-vald/shame-799094_640.jpg

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