Crisis en la industria musical

Por Uriel Carrillo Altamirano

Desde hace varios años la industria musical, global, ha experimentado una crisis que parece no tener fin. Cada vez se hace más difícil que un artista se mantenga en el medio como uno de los mejores, y no es que ya no tengan talento, más bien es que no son redituables, no como artistas, sino como mercancía.

Con la llegada de la internet y las nuevas tecnologías de la información la industria musical sufrió un cambio paradigmático. Las canciones se volvieron digitales (descargables); comenzaron a venderse dispositivos de reproducción portátil para éstas y la piratería se intensificó a nivel global. Tres fenómenos que, en general, modificaron la manera en que los usuarios consumían música. Lo anterior también generó un efecto dominó en la forma producir y, por qué no, en las piezas musicales.

En el caso de las disqueras y los artistas, quienes se encargan de producir y emitir música de forma masiva, provocó una reorganización de las estrategias de comunicación para llegar a los diferentes públicos. Por ello, algunas empresas se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo en la industria, por lo que realizaron cambios externos e internos para adaptarse al nuevo medio.

A inicios del siglo XX la solución fue lanzar discos en formato digital y en físico al mismo tiempo. Esto con la idea de innovar; no perder parte del mercado; llegar a nuevos usuarios y darle un respiro a la industria. Sin embargo, algunos artistas-grupos (disqueras) mostraron una resistencia al cambio hacia lo digital, pues no consideraron que el impacto fuera a ser tan grande y duradero. La consecuencia fue perder poder y presencia en la industria.

Tiempo después, cuando el mercado generó nuevas estrategias de consumo, una nueva crisis se hizo presente: la piratería. Si bien es un fenómeno que siempre ha estado presente, este se potencializó por la naturaleza del modo de producción capitalista y las nuevas tecnologías.

Este hecho mermó las finanzas de muchos artistas y disqueras. Además, las modas musicales fueron desplazando a viejos íconos que no lograron adaptarse a la “nueva” cultura de consumo musical digital. En consecuencia, sólo aquellas recientes promesas artísticas que rompieron y crearon modelos musicales, rentables, para la industria pudieron sobrevivir.

A finales de la primera década del siglo XXI, artistas como Lady Gaga, Katy Perry o Rihanna emprendieron una difícil carrera con el fin de lograr trascender en la escena de la música. El público y el tiempo sus peores aliados. Sin embargo, aunque a nivel mundial la industria musical (occidental) logró salir de ese bache, México no lo logró de la misma manera.

En el caso de la industria mexicana la mayoría de sus artistas se mantenían estancados a nivel local. Sólo algunos de ellos lograban resaltar en el mundo, pero la mayoría de estos eran artistas ya consagrados en el medio: Luis Miguel, Paulina Rubio, Alejandro Fernández, Thalía y el grupo RBD.

Incluso algunos de ellos, Thalía por ejemplo, habían perdido su estatus como grandes estrellas. Situación que se volvió complicada para todos. Las pérdidas de dinero llevaron a cerrar a EMI, una de las discográficas más importantes de los 90. Además, durante esos años fueron muchos los nuevos artistas que surgieron como propuesta, pero muy pocos los que continuaron.

Justo entre el cambio de década, del siglo XXI, surge un nuevo proyecto de mercado que pretendía salvar a la industria: los Primera Fila, En Vivo, Unplugged, Sinfónico. Fueron un éxito pues lograron darle un respiro a las carreras de artistas como Ha-Ash, Cristian Castro, Thalía, Yuri, Fey, OV7, Los Ángeles Azules, etc., y ya de paso generar ventas.

Pero, durante los últimos años solistas y agrupaciones de los 80 y 90 regresaron a la escena musical para revivir sus mejores éxitos con sus fans. Más allá de haber sido los iconos, temporales, que definieron las adolescencia y juventud de muchas personas, hoy están de vuelta para recordar los tiempos en los que se consagraron como las grandes promesas musicales, pero que no lo lograron.

La idea de hacer un “regreso” a la escena musical es presentar algo nuevo, tratar de innovar y demostrar el talento. Sin embargo, muchos de los grupos y cantantes de esa época (en México) no lo hacen. El sistema es simple: viven del pasado. Lo único interesante que presentan son algunos arreglos diferentes en las canciones, colaboraciones entre ellos y giras (locales) que ya no aportan nada.

En conclusión, son proyectos empresariales que buscan reposicionar a artistas (que no trascendieron) para generar ganancias porque la industria está en crisis (otra vez) y necesita una solución. No es que esté “mal” utilizar el recuerdo como estrategia, lo que es innecesario es hacer cansada una fórmula: revivir a más de un artista o hacer el rencuentro número 40 de una banda que ya no aporta nada.

Aunque, eso sí, habrá que salvar alguno éstos por la trascendencia generacional que significa. Mientras tanto, la industria agotará los “regresos” de Magneto, Jeans, Fey, Timbiriche, Kabah, OV7 y cuanto se le ocurra, con tal de generar ganancias, en lugar fomentar nuevos talentos o propuestas que pueden ser la punta de lanza para una nueva época musical (al menos potencial) de artistas que consigan reconocimiento e impacto a nivel mundial, como hace mucho no se logra.

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