Creer ¿o no?

Por Ana Elvira Quiñones

Recuerdo que de niña se me cuestionaba mucho acerca de si creía o no en Santa Claus. Cuando llegaba la época navideña esa era una pregunta muy común entre familiares o amigos de mis padres, quienes al verme en edad un poco mayor como para seguir creyendo en el viejo de traje rojo, no dudaban en preguntarme sobre si ya había escrito mi carta pidiendo los regalos que quería. Específicamente viene a mi memoria una ocasión en la que una vecina me hizo dicha pregunta, con la inocencia y la duda de un niño, le respondí que no creía que existiera Santa Claus y que en dado caso de que existiera, no creía que pudiera venir a mi casa, y no precisamente porque me haya portado mal durante el año, sino porque en mi casa simplemente no teníamos chimenea. La reacción de la vecina fue extraña, no está de más decir que probablemente en ese momento me catalogó de niña rara.

Y así, conforme pasan los años y con ello crecemos y maduramos, se nos cuestiona sobre diferentes aspectos de la vida. Citaré como otro ejemplo el hecho de si creemos en el amor o no; si demuestras que crees en él, algunas veces te tacharan de bobo o iluso como si de lo que se hablara no fuera de un sentimiento sino de cosas sobrenaturales. Pero de igual manera, existe el caso en el que si tú te has forjado la opinión de que el amor es sólo un proceso químico que sirve de pretexto para reproducirnos y la manifiestas abiertamente, ten por hecho que algunos te catalogarán de amargado.

Y es que, aunque vivimos en un país que se supone libre, el hecho de creer algo diferente a lo que cree la gran mayoría, sigue siendo hoy por hoy causa de conflictos que pueden presenciarse diariamente. Aunque los conflictos en sí no se originan simplemente por la discrepancia de ideas o creencias, estos comienzan, dicho sencillamente, por la falta de respeto, porque una sociedad “libre” pero sin este valor fundamental, es sólo una sociedad libre a medias.

Aún en temas, tan controversiales para algunos, tales como si creemos o no en Dios; hay quienes quieren hacernos cambiar de opinión. Si crees en él, los que no lo hacen quieren demostrarte por todos los medio posibles que estás equivocado. Y si no crees en él, quienes sí, intentan convencerte de que así es. Lo peor es que hay ocasiones en que ambos lados recurren a insultos simplemente porque te mantuviste firme en lo que crees.

No está mal cambiar de creencias, ideologías o convicciones, todos lo hacemos, sencillamente creo que eso debe suceder por sí solo, sin que haya presiones de por medio o por el deseo de sentirse parte de algún grupo que tiene ciertas ideas.

Si creemos o no en algo, eso sólo debe ser asunto nuestro y de nadie más. Con esto no me refiero a que nunca nos expresemos y siempre lo callemos por miedo a ser juzgados, sino al hecho de que si yo creo algo y tú crees probablemente algo diferente, no debo atentar contra tu individualismo al intentar hacer que creas lo mismo que yo.

No me queda más que decir que no tengas miedo a forjarte ideas o creencias propias por muy diferentes que sean a las del resto. Tampoco tengas miedo de expresarlas, siempre y cuando respetes a aquellos que no están de acuerdo contigo, pues el respeto es la base fundamental de toda sociedad libre, ya que al no temer que alguien te agreda por lo que crees, resultará más sencillo que te manifiestes como en realidad eres.

 

 

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