Crecimos para vivir en un mundo diferente

Fuente: Ekaenlinea

-Se nos ha dado la idea de un mundo imposible.

-Por eso quizás somos la generación más depresiva.

-¿Sabes? Creo que es todo lo contrario.

-Pienso que justo se nos da un mundo en donde tantas cosas son posibles…

-Que uno no sabe ni cómo empezar y resulta inevitable sentirse súper frustrado.

-Ah, claro. Es un mundo lleno de posibilidades, pero el problema es que se nos educó con las ideas equivocadas.

-A eso me refiero.

Así empezaba la conversación que tenía hace un par de días con una amiga y compañera. Se trata simplemente de una plática entre gente de la misma generación. Una generación que ha sido muchas veces incomprendida, que ha sido llamada “malcriada”, “floja”, “irreverente” o inclusive “egoísta”; y que sin embargo, para mucha gente, somos la generación que representa quizás la mayor esperanza a gran parte de los problemas que existen en el mundo.

Somos jóvenes (y ya no tan jóvenes) que fuimos criados por Baby Boomers, un grupo de gente que tuvo la buena fortuna de vivir en un mundo reconstruido que se caracterizaba por el auge de oportunidades y de buenos empleos ya garantizados con apenas una carrera profesional.  De hecho, esa misma experiencia ha sido la que nos siguen heredando de forma constante en nuestras casas.

“El tener una carrera, garantiza que tengas un buen empleo” 

Se nos sigue educando desde pequeños para alcanzar una vida profesional, que en teoría, garantizaría las mismas oportunidades que nuestros padres tuvieron. Y claro, no hay forma de culparles por impulsarnos a alcanzar esos objetivos, al final de cuentas, ellos formaron a sus hijos con base en experiencias positivas que reflejaban lo vivido en su presente.

De hecho, la mayoría de nosotros creció en una época de mucha prosperidad económica. Con todo y las múltiples crisis que pegaron en México y a nivel mundial, realmente durante nuestra vida vivimos muy pocas “malas vacas” y crecimos pensando que esa era la vida a la que podíamos aspirar cuando fuésemos adultos.

Sin embargo, la realidad actual dista de ser como la vida que se nos planteó en nuestros hogares. Actualmente, una carrera profesional no garantiza tener acceso a empleos de calidad. Tan es así, que hoy existen millones de parados a nivel mundial, que cuentan con una educación de segundo o tercer nivel y que muchas veces son víctimas del desempleo por estar “sobre calificados”.

El 2014 tampoco pinta nada bien en términos de empleo tradicional. Justo iniciamos con 202 millones de personas desempleadas a nivel mundial, lo que significa un aumento de 5 millones de personas con respecto al año anterior. Desafortunadamente los jóvenes seguimos siendo los más afectados en esta crisis; se calcula que existen cerca de 74.5 millones de personas entre los 15 y 24 años que no tuvieron acceso a un empleo, lo que significa casi un millón de jóvenes más que en el 2012.

“Queremos cambiar al mundo”

A los Millenials se nos ha engañado durante toda nuestra vida.  El mundo que se nos pintó desde pequeños no tiene relación alguna con nuestra experiencia actual y eso nos provoca una tremenda frustración y un gran desconcierto. Muchos seguimos creyendo que el trabajo ideal llegará y, muy probablemente, no estemos del todo equivocados. Sin duda algunos tendrán suerte y podrán aspirar a una vida tal y como les fue contada. Pero, para la gran mayoría, la situación será mucho más complicada de lo que jamás pudimos haber imaginado.

Es por eso, que nuestra generación ha encontrado mucho valor en su “insolencia” o en su “impaciencia”. Gran parte de nosotros hemos decido andar por el camino rocoso, aquel que tiene muchas pendientes y gigantescos acantilados. Ese camino que no ofrece seguridad alguna y que puede estar lleno de accidentes, pero que por otro lado, tiene las grandes virtudes de estar repleto de libertad y de recompensas inmensamente más valiosas que las que encontraríamos jamás.

Así es, contrario a todo lo pensado, nuestra desgracia también está llena de millones de posibilidades. Más que nunca tenemos la oportunidad de modificar al mundo a nuestro antojo. La innovación (no solamente tecnológica) es una de nuestras armas más poderosas. Nuestra generación ha logrado crear nuevas clases de empleo y nuevos estilos y formas de vida. Hemos logrado romper paradigmas, destruir tabúes, evolucionar pensamientos y llegar a nuevos límites.

También somos un grupo consciente. Nos sentimos íntimamente involucrados con las causas sociales, sentimos empatía por las diferentes personas que viven en nuestro mundo, por nuestro entorno y, por supuesto, por la verdadera justicia.

Las generaciones anteriores nos tienen miedo por ser incontrolables e impredecibles. Somos y seguiremos siendo un dolor de muelas para aquellos que piensan que podremos conformarnos con un presente mediocre que ha sido resultado de malas decisiones y de una gran falta de planeación.

 Nuestra única esperanza somos nosotros

No solo estamos a cargo de nuestro propio futuro. En gran parte somos los que marcamos la pauta hacia lo que puede ser o no ser en todo nuestro mundo. Nos hemos convertido en líderes forzados de múltiples generaciones; no solo aquellas que nos han antecedido, sino también aquellas que llegaron y llegarán después de nosotros.

Tal vez el mundo en el que crecimos no nos pueda ofrecer ese empleo o esa vida que nos fue prometida, pero eso no significa que no podamos materializar nuestros anhelos por nuestra cuenta. El trabajo será increíblemente más duro, pero estoy seguro que también será mucho más gratificante.

 

Sígueme en Twitter: @hectorini_

Comentarios

Comentarios

Jóvenes Construyendo

Jóvenes Construyendo es una plataforma en línea que ofrece un espacio de expresión para jóvenes con grandes ideas con el objetivo de compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.