Cosmos-Naturaleza-Hombre

Por Arturo Castañeda Fernández

El ser humano es un individuo muy extraño, su actuación casi es inentendible, tiene ojos pero a veces no ve, tiene oídos pero muy pocas veces escucha, tiene una boca que en ocasiones la utiliza para descalificar y para mentir; posee un corazón, que regularmente mantiene frío; tiene un cerebro para crear, pero es muy común que lo emplee para destruir. Su ambición lo ha llevado a convertirse en el peor depredador de la naturaleza, ha puesto en riesgo al planeta, lo ha convertido en un infierno. El hombre la especie más inteligente del planeta, pero también, la más peligrosa.

A veces parece como si la raza humana no perteneciera a este mundo; como si no embonara en esta realidad.

Pero, ¿cómo es eso posible?, ¿por qué siendo la especie más inteligente es la que más destruye?, ¿por qué daña el lugar en el que vive?, ¿qué acaso no se da cuenta de que si su ecosistema muere también el parecerá? La naturaleza no lo necesita a él, pero él si necesita a la naturaleza.

La constitución humana es una mezcla extraña entre lo divino y lo primitivo, pues, por un lado, el hombre posee una herramienta que le permite construir y evolucionar, pero por el otro, aún sigue siendo esclavo de algunas pasiones.

La dualidad maneja su vida; casi siempre se va a alguno de los dos extremos; le cuesta mucho mantenerse en la tercera vía y alcanzar el equilibrio. No sólo en alguno, sino, en todos los aspectos de su vida. De ahí que cometa muchos errores, de ahí que se guíe, muchas veces, por lo irracional.

En la actualidad, la mayoría de los individuos conciben al cosmos como algo totalmente ajeno a lo humano, al grado de considerar que el todo constituye algo distinto a la vida de los seres vivos. Esta concepción perjudica gravemente la relación hombre-naturaleza, puesto que impide la formación de una conciencia integradora. De modo que el sujeto se concibe como el dueño de todo lo que existe a su alrededor, como un ente dominante que dispone, plenamente, de lo que hay en la realidad, sin darse cuenta de que es una especie más, sin percatarse, como dijimos, de que la naturaleza puede vivir sin él, pero él no puede vivir sin la naturaleza.

El hombre no ha entendido su misión en el mundo, no se ha esforzado para cambiar la realidad imperante; busca, erróneamente, dominar al universo, cuando ni siquiera es capaz de dominarse a sí mismo. Crea ciencia para destruir el lugar en el que vive, construye armas para matar a otros hombres, afecta ecosistemas sin importarle otras especies vivientes, altera el orden pensando que no habrá ninguna consecuencia, modifica el ambiente a su antojo creyéndose que es dueño del mundo, de la vida, y del todo. Es egoísta, soberbio, irracional e indiferente. Tiene el poder para cambiar el destino de la humanidad, pero siempre la condena a la extinción.

Cree que la naturaleza existe para abastecerlo, cuando en realidad es él quien debe contribuir a la naturaleza, con ideas, con planes y con acciones.

Construye sistemas y organizaciones que lo deforman y lo convierten en un ser peligroso, en un depredador de los entes vivientes.

Son pocos los hombres preocupados; son pocos los hombres que ven al mundo de forma distinta y que buscan hacer algo para salvarlo. Normalmente, este tipo de personas se agrupan en organizaciones, en asociaciones o en instituciones, con el objeto de forjar individuos que transformen situaciones, sin embargo, tenemos que sumar esfuerzos; es necesario poner un alto a los corruptores a efecto de que no sigan decidiendo el curso de la humanidad, pues, de lo contrario podremos extinguirnos.

Generar una nueva mentalidad nos permitiría cimentar las bases de una nueva ideología e idiosincrasia de conectividad con el cosmos y en particular, con la naturaleza, que nos vuelva más responsables conscientes y humildes. Debemos conocer la naturaleza, entenderla y protegerla, pues todos somos parte de ella. Tenemos que retomar la filosofía cósmica que poseían nuestros antepasados aztecas; sentirnos parte del orden cósmico y aceptar la naturaleza cíclica de nuestras acciones. Será, precisamente en el nuevo actuar, en donde deberá quedar grabada esa filosofía.

Tengamos en cuenta que el universo vive dentro de nosotros, no porque seamos parte de él, sino porque somos el universo mismo. Si nos hacemos daño como especie, estaremos atentando contra la naturaleza, y si la naturaleza comienza a ser afectada pondremos en riesgo nuestra vida.

No lo olvidemos, el hombre, como pieza fundamental en el cosmos, debe cumplir con su misión, debe erigirse como un guardián del equilibrio y del orden; y nosotros, como mexicanos, estamos obligados a expandir la conciencia en el mundo, para que prevalezca en cada rincón el amor hacia la naturaleza.

Cuando hablo de lo irracional, me refiero a las conductas que afectan a los individuos, a las sociedades y a la naturaleza. A las actuaciones desplegadas por hombres contaminados y corrompidos que alteran el equilibrio y el curso del cosmos.


Imagen: http://assets.natgeotv.com/Photos/42/106820.jpg

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