Cosas de hombres

Por Fernando López Armenta

Acompáñenme a leer esta triste historia.

De acuerdo con cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante el año 2017 se registraron en México 6,559 casos de suicidio. Esta cifra por sí misma representa una preocupación importante para los expertos en salud pública, ya que a pesar del incremento de servicios de salud mental y de las inversiones realizadas para gestionar campañas destinadas a sensibilizar a la población sobre esta problemática, la tasa de suicidios en México y en el mundo se incrementa año con año. Por supuesto, se trata de cifras oficiales, sin embargo, los especialistas en el tema argumentan que estas estadísticas no toman en cuenta todos aquellos casos de suicidio que, debido al estigma y causas varias, no se registran como tales. 

Hasta aquí la cosa ya va mal, pero ahora se pone todavía peor. Según estos registros, los hombres representan más del 80% de los casos de suicidio registrados en el país y, aparentemente, este porcentaje es representativo y concuerda con los porcentajes que diversos organismos internacionales han calculado cobre esta problemática. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el suicidio en hombres es de 3 a 4 veces más frecuente que en las mujeres y además de esto, es una de las tres principales causas de muerte en los varones de entre 15 y 29 años a nivel mundial, esto es, el doble de los fallecimientos debidos a accidentes de tráfico. 

Y ahora viene la peor parte de la historia: el suicidio en los hombres incrementa exponencialmente cada año en todo el mundo y nadie está haciendo nada para evitarlo. Este “problema menor” aún no figura en las agendas de la mayoría de los organismos internacionales de desarrollo global y probablemente pasarán muchos años hasta que esto pueda cambiar. Algo que preocupa todavía más sobre este tema es que son los chicos más jóvenes quienes representan la mayoría en estas estadísticas, ya que los varones de entre 20 y 24 años son quienes se suicidan con mayor frecuencia. 

La crisis sanitaria del suicidio entre los hombres evidentemente está siendo subestimada por las autoridades competentes, lo que aún no queda muy claro (al menos no para mí) es si este “pequeño detalle” se trata de un error metodológico o de un deliberado desinterés en la salud de los hombres. Para sostener mi argumento, compartiré mi experiencia previa a la redacción de este texto, ya que me di a la tarea de investigar un poco al respecto y mirar algunas noticias, periódicos y publicaciones académicas en las que se ha abordado el tema. 

El resultado fue por demás deprimente. La gran mayoría de estas notas mencionan someramente el fenómeno y algunas varias simplemente lo ignoran. Así tal cual. Me he encontrado algunas notas en las que psiquiatras (mujeres) defienden la teoría de que los hombres tenemos “predisposiciones genéticas y biológicas” que nos llevan inevitablemente a suicidarnos con mayor frecuencia. Este argumento sería comparable a decir que las mujeres tienen una “predisposición genética y biológica” que las condiciona irremediablemente a ser víctimas de violencia. ¿A alguien le parece coherente este tipo de aseveraciones? Pues la respuesta es SÍ (inserte aquí muchos emojis tristes).

En mi búsqueda implacable también me encontré con un “reportaje especial” publicado el 26 de julio de 2018 por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) en el que, en mi humilde opinión, se malogró abordar el alarmante fenómeno del suicidio en México. Antes de soltar mi veneno en contra de este reportaje, es necesario hacer notar que el CONACYT es la institución académica y científica de más prestigio en el país, este organismo posee el monopolio de la ciencia y muchas políticas públicas en materia de salud tiene que ser previamente aprobadas por este consejo. Hecha esta discreta anotación, ahora procederé a, elegantemente, cuestionar algunos malogrados argumentos de este reportaje. 

Pese a los muchos aciertos de esta publicación, hubo una línea que en particular me ha parecido sumamente contradictoria y la cual citaré aquí textualmente: “La conducta suicida no distingue géneros”. En esta nota, la autora se limita a explicar que los hombres se suicidan más porque utilizan métodos más violentos. Nada más reduccionista que esta conclusión. 

Como psicólogo, como investigador en salud y como hombre, debo decir que discrepo determinantemente con este argumento. La elevada tasa de suicidios entre hombres ha sido y debería considerarse como un asunto de género que, aunado a variables biológicas y contextuales, podría explicar de forma más holística este complejo fenómeno. Pese a lo que muchos y muchas piensan, la masculinidad no es una serie inconmensurable de privilegios que los hombres tenemos sobre las mujeres. La masculinidad puede llegar a ser una prisión para aquellos que han construido su identidad como hombres a partir de modelos perjudiciales. 

Por ejemplo, culturalmente no se tolera la idea de que los hombres podamos mostrar debilidad y sensibilidad ante situaciones adversas. Durante generaciones y generaciones se ha inculcado a los varones que la “mejor” forma de manejar los conflictos personales es a través de la violencia y del consumo desmedido de sustancias como el alcohol y las drogas. Los hombres generalmente no hemos sido criados para pedir ayuda, en este contexto estamos emocionalmente inhabilitados, la mayoría de los hombres solo es capaz de hablar abiertamente de sus preocupaciones cuando hay alcohol de por medio, sustancia que imperceptiblemente comienza a volverse necesaria y termina convirtiéndose en una adicción, lo cual es, en muchos casos, el preámbulo del suicido. 

Las políticas públicas en materia de suicidio difícilmente tendrán éxito si no se aborda esta problemática con una perspectiva de género. Tristemente, la autodestrucción es el método que los hombres hemos aprendido para encubrir nuestros malestares. La sociedad prefiere que seamos adictos o que estemos enfermos en lugar de mostrar debilidad y pedir ayuda cuando nuestros problemas sobrepasan nuestras capacidades. 

Ante este panorama, parece que tenemos pocas opciones: la primera es esperar a que este tema figure en las agendas de políticas sanitarias de organismos gubernamentales, lo cual probablemente no pasará hasta que el problema se vuelva tan grave que sea imposible de minimizar. Otra opción que tenemos es la acción individual que, con un poco de suerte, podría llegar a sumarse y convertirse en un movimiento colectivo que fomente modelos de masculinidad más sanos. De nosotros depende iniciar acciones que puedan incidir en el escenario social para mejorar nuestras condiciones de salud pública, fomentemos la idea de que cuidar de nosotros mismos y ayudar a otros también son cosas de hombres. 


Imagen: https://unsplash.com/photos/Sbxt82CsMxA

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