Corrupción: ¿geoda patógena?

Por Fernando Rocha

En el Índice de Percepción de la Corrupción 2016 de los países de la OCDE, México ocupa el 35° y último lugar, es decir, del conjunto es el Estado con más percepción de corrupción, empero, ¿es la corrupción el principal problema de México? Eso puede resolverse al conocer su extensión consecuencial y causal. ¿Hasta dónde perjudica al país y de dónde proviene?

Aún son memorables los casos del exgobernador de Veracruz Javier Duarte quien fue acusado por desviar 873 mdp, de Obedrecht que entregó millonarios sobornos a funcionarios mexicanos para retener negocios, “La Estafa Maestra” donde 11 dependencias desviaron 7670 mdp a través de 128 empresas irregulares y 8 universidades. Por lo tanto, la corrupción primero se expresa económicamente pero sus efectos continúan socialmente: Duarte dejó un estado donde en 2016 la cifra de homicidios fue de 15 por cada 100 habitantes y en el mismo año se posicionó en segundo lugar de los estados con más personas desaparecidas al tener, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas, un registro de 202 desapariciones. Asimismo rememórese que las violaciones a las Normas de Construcción contribuyeron a los desastres del sismo del 19 de septiembre.

De consiguiente, la corrupción no sólo afecta la hacienda pública sino que repercute en el bienestar poblacional porque no hay recursos para fortalecerlo ni marcos para protegerlo. Por lo tanto, por un lado la corrupción mina todas las libertades y poderes del Estado porque deteriora sus finanzas. Esto significa que el Estado depende fuertemente de sus recursos financieros al ser el dinero el equivalente que le permitirá acceder a otras mercancías y, por tanto, a otras capacidades: si la hacienda pública enflaquece, los tres poderes estatales se debilitan. Si no hay dinero, hay un mal desempeño de las instituciones y no hay seguimiento y desarrollo en el sector de salud, en el de gobernación, en el de educación… como sucedió en la gestión de Javier Duarte en Veracruz. Por otro lado, la corrupción permea al pueblo y crea un Estado corrupto, un Estado donde ya no prevalece la voluntad general sino una guerra entre voluntades particulares: unos engullen la hacienda pública, otros mediante mediante cohechos violan las leyes y, por lo tanto, quebrantan los derechos de aquellos que eran protegidos por esas leyes y le declaran la “guerra” a la soberanía (pues las leyes son declaraciones de ésta), a las normas establecidas por el pacto social.

Montesquieu, en El espíritu de las leyes, establecía la virtud —el amor a la patria, la igualdad— como principio (aquello que la hace funcionar) de una república democrática. Quizá podría inferirse que la corrupción es producto de una falta de virtud pero también es posible inferir que la falta de virtud se debe a que la virtud ha sido corrompida. Para resolver esto habría que remontarse más al hipotético momento en que se erigió el Estado y preguntarse si las leyes fundacionales fueron las viables de tal manera que fueran las adecuadas para el pueblo al que iban a ser aplicadas, es decir, leyes que fueran obedecibles y paralelas a las costumbres de los individuos. Hipotéticamente, cuando se efectúa el primer acto de corrupción en un Estado, se realiza porque la virtud queda supeditada por la voluntad particular y porque no hay mecanismos que identifiquen y sancionen oportunamente el acto para evitar su reincidencia, entonces podría decirse que la corrupción es producto de estos dos males: normas y educación ineficientes.

Por consiguiente, originalmente entre los principales problemas de México no se halla la corrupción debido a que ésta es producto de aquellos, es decir, es accidental y no natural. No obstante, desarrollada la corrupción, ésta se convierte en el principal problema actualmente porque estropea todas las estructuras del Estado: la deontología de los gobernantes queda supeditada y el ninguneo de los gobernados hacia la participación ciudadana (una de las principales expresiones  de la virtud política) permite la impunidad o emerge una ingobernabilidad que aproxima a la sociedad al estado natural: los enfrentamientos entre los huachicoleros y los militares en Puebla en mayo del presente año, la guerra contra el narcotráfico desde hace una década y los “justicieros anónimos” no son más que muestras de un pueblo que lucha contra sí mismo, de un pueblo que es ingobernable por percibirse desamparado al percibir como ilegítimas a sus autoridades: según Latinobarómetro 2015, 42% de los encuestados no tiene ninguna confianza en el Gobierno y 35%, tiene poca confianza; además la misma encuesta revela que 73% de los encuestados dice no sentirse representado en el Congreso y que sólo 48% apoya plenamente a la democracia.

Concluyo: la corrupción sí es el principal problema de México pero es un problema accidental y no natural, es decir, ya no puede resolverse radicalmente —en ambos sentidos de la palabra—. Es el principal problema porque merma las libertades estatales y aliena a su pueblo.


Imagen: http://hilodirecto.com.mx/informe-de-eu-denuncia-la-corrupcion-en-mexico/

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