Convivencia

Por Miguel Téllez

 

En esta ocasión hablaré de algo que quizá pueda parecer trivial o no interesante: la convivencia. La finalidad de dedicar líneas a tal tema, es a causa de su importancia, pues  es vital en la vida en comunidad, escuela, familia, trabajo o incluso en la vida individual.  Además –como espero poder señalar-, atender el asunto de la convivencia nos ayudaría a resolver distintos conflictos: la violencia, por mencionar sólo uno. Comienzo con el escrito.

Hace dos semanas comenzó un taller que se lleva a cabo en Ciudad Universitaria, en el cual participo como voluntario. Tal proyecto –que lleva por nombre “Civilidad y Convivencia Universitarias”- tiene como finalidad coadyuvar en la convivencia y civilidad universitarias, así como en el desarrollo académico –y podría agregar que personal- de los estudiantes. En el taller asistimos estudiantes –en algunos casos pasantes o en proceso de titulación- de distintas carreras: psicología, pedagogía, trabajo social, ingeniería, sociología y filosofía.  Varios de mis compañeros –que de hecho ya son amigos- realizan su servicio social o prácticas académicas en tal actividad.

Cuando uno escucha ‘taller de civilidad’ o ‘taller de convivencia’, es probable que se piense en cosas aburridas: nos van a decir que tenemos que ser ‘buena onda’, tratar bien al otro, etc. Lamentablemente, muchos talleres son así, sin embargo, algo que hemos aprendido –incluyo a mis compañeros en este juicio- en la capacitación que estamos recibiendo, es que influye la manera en que se imparte una sesión. Lo anterior parece una obviedad –o no-, y me detendré en este asunto.

¿Cómo han sido –o son- las clases que tenemos en vida académica o en talleres extracurriculares? Regularmente siempre ha sido de determina forma: hay un profesor que da el contenido, sea que dicte, nos haga leer, y al final un examen. En este taller desarrollamos habilidades para que aquello que buscamos expresarles a nuestros compañeros universitarios les sea un aprendizaje significativo, y no sólo una clase aburrida, llena de contenidos que quizá olviden pronto. ¿Cómo logramos eso? Bueno, no hay receta mágica. ¿Por qué no hay receta? Porque cada persona aprende de manera distinta: recordemos aquella distinción de quienes son más visuales, auditivos, etc. Si aprendemos diferente, ¿entonces cómo le hacemos para dejar un aprendizaje significativo? ¿O es acaso que no se puede? Sí se puede, y la manera es justo lo que se desarrolla en la capacitación: hay que pensar –luego de atender a la teoría que se nos da (que por cierto, es muy precisa)- qué estrategias podemos realizar una vez que estemos en el escenario donde sea que se deban impartir las sesiones. Siguiendo la metáfora de la receta mágica: si bien no tenemos la receta ex ante, como buenos chefs que recibieron capacitación, podemos preparar algo ex post facto luego de ver con qué ingredientes contamos.

El grupo con el que convivo está integrado por unas 25 personas. Siempre trabajamos en equipo. Todos nos llevamos bien. Cuando digo que ‘todos nos llevamos bien’, es de verdad: podemos bromear, hablar de las sesiones, de los gustos individuales, etc. Tal cosa no ocurrió de manera ‘milagrosa’: influyeron las actividades que las profesoras –orientadoras, como quizá prefieren ser llamadas- integraban a las sesiones, el compromiso de mis compañeros y la disposición de todos. Pienso que los factores anteriores son determinantes para poder entender cómo es que el grupo está tan bien integrado.

No contaré de manera exhaustiva cuáles son los contenidos que se pretende llevar a nuestros compañeros universitarios, sólo por mencionarlos, algunos son: derechos y deberes universitarios, identidad universitaria, habilidades sociales, compromiso social, etc.

Cuando mencioné al inicio que la convivencia parece trivial, pero que de hecho no lo es, y ahora que cuento algo del grupo donde estoy, no es sólo para presumir lo bien que me la paso 4 horas de lunes a jueves en un salón. Muchas personas conviven con otras personas por más tiempo y en un período que puede tender a largo a plazo: y puede ser que nunca sepan unas de otras de sus aspiraciones o de sus inquietudes. También puede ocurrir que –dado que se ven como extrañas- no piensen en el diálogo para –al menos- pasarla bien. Digo que ‘al menos’, porque pensemos que entre esas personas surge un conflicto: no tendrán la confianza, ni las herramientas suficientes de un buen diálogo, para llegar a una buena resolución del problema. Esto es a nivel familiar, de oficina, salón de clases, talleres, etc. Ahora pensemos a nivel comunidad, o bien, a nivel ciudad. Claro, entre mayor gente, más complicado es el asunto, pero lo interesante es que cada uno de nosotros –de los involucrados en el taller- irá a distintas escuelas y buscará dejar algo de lo que nosotros ya estamos viviendo. Ahora bien, falta subirnos al ring y atender cada round de la mejor manera, lo señalo porque tampoco las cosas son tan geniales como parece que las puedo estar pintando.

Retomando la idea de resolver conflictos: conviviendo, entendiendo normas razonables de comportamiento, podríamos solucionar –y seguramente erradicar- muchos actos violentos que ya hasta nos parecen cotidianos. A la pregunta de por qué es importante la convivencia, ahí tenemos una respuesta. Otro asunto importante es la vida personal: ya no podemos ignorar que una vida que tiene cariño, afecto, atención, parece tener más sentido vivirla, y si lo anterior parece muy tajante, al menos podemos disminuir riesgos que orillan en ocasiones a las adicciones o actitudes de depresión.  La convivencia no es cualquier asunto, es vital en nuestra vida.

 Para finalizar, un agradecimiento a las orientadoras, Gabriela y Patricia. Me gustaría expresar mi gratitud y afecto hacia cada uno de mis compañeros, sólo que –como mencioné- son más de 20, así que nombrarlos sería una tarea muy de lista. Sólo decirles que: he aprendido mucho de ustedes, son brillantes en el área donde trabajan y es un gusto saber que hay colegas que se interesan por los asuntos sociales, y no sólo de manera teórica, sino de ir a campo e intentar apoyar en la situación de muchas personas que a fin de cuentas, son como nosotros: con metas por cumplir.


Imagen: http://www.empaquetadores.cl/comunidad/empaquetadores/autogestion/

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