Confía en pocos, pero desconfía de todos

 

Por María Fosado

 

Soy de esas personas que les cuesta confiar en los demás, tal vez por miedo a que nos lastimen, a equivocarnos con aquellos a quienes les brindamos nuestra confianza, porque no queremos decepcionarnos o incluso decepcionarlos.

Dicen que quien no confía en los demás, tampoco es capaz de confiar en sí mismo, pero yo creo que no es tan cierto como dicen.

Si pudiera describir el tipo de amistades que tengo, podría decir que… para empezar, mis verdaderos amigos son contados con una sola mano y me sobran dedos.

Esto no quiere decir que me cierre a conocer a nuevas personas porque me hayan lastimado en el pasado. Nada que ver.

Lo que quiero decir es que, con el paso del tiempo vamos conociendo a muchas personas y hay quienes dejan huella en nuestras vidas porque pasamos buenos ratos con ellas, después de un tiempo se convierten en personas importantes para nosotros y al final decidimos que son nuestros mejores amigos.

En cambio, hay quienes también forman parte importante pero sólo son personas que pasan por nuestras vidas para darnos una lección, para guiar nuestro camino y muchas veces no las llegamos a olvidar aunque quisiéramos porque nos marcaron en alguna etapa.

No creo que la confianza que le brindamos a los demás tenga que ver con que tanto confiamos en nosotros mismos, simplemente somos selectivos.

Existen personas que le cuentan a todo el mundo su vida, pareciera como si no tuvieran miedo a que a aquellos a quienes les confían algo pudieran contárselo a otros y así hacerse de chismes y malos entendidos.

Digo que somos selectivos los que sabemos escoger cautelosamente con quién hablar de nuestros problemas, de nuestros miedos, de nuestras inseguridades y de todo aquello que no somos capaces de expresarle al mundo de manera abierta.

Si tan sólo el mundo no juzgara tanto como lo hacemos o no fingiéramos lo que muchas veces no somos, definitivamente el mundo no estaría de cabeza como ahora con todos los problemas sociales, económicos, políticos de los cuales vivimos y también padecemos. Algunos en mayor y otros en menor medida.

En estos tiempos, o tal vez porque estoy empezando a aprender de la vida y reflexiono sobre todo lo que aún me falta por conocer, me doy cuenta de que es difícil confiar totalmente en alguien.

Aquellas personas que no pueden confiar en siquiera una sola persona porque las han lastimado o traicionada, ahí está el problema, en que continúan cargando el enorme peso del pasado.

En cambio, las personas que no confiamos en todas las personas es por lo que hemos vivido, muchas veces no se trata de que alguien nos deba lastimar para aprender a desconfiar de los demás, la mayoría de las veces tiene que ver con la actitud que tienen los demás hacia nosotros o hacia los demás.

Creo que no se puede confiar completamente en alguien porque al final de todo, la gente siempre va a hablar.

Quiero aclarar que todo esto que esto no significa que debes dejar de confiar en las personas, porque no es así. Por supuesto que existen personas en las que podemos confiar, que siempre han estado y seguirán con nosotros apoyándonos en los momentos más difíciles y también en los más felices de nuestras vidas.

Sólo digo que no te creas todo lo que te dicen, así como existen personas buenas, también existen los que son falsos. Aquellos que no son congruentes con lo que dicen ni mucho menos con lo que hacen.

No confíes en alguien que dice ser tu amigo pero que muy en el fondo podría odiarte, que se alegra por ti pero que en realidad muere de envidia por las cosas buenas que te suceden.

No confíes en esas personas que te dicen que puedes confiar en ellas, porque la confianza no se pide, no se anuncia, simplemente va creciendo.

La vida me ha enseñado a ser un poco desconfiada de la gente, se aprecia y se agradecen los detalles, los cumplidos, los buenos momentos, pero creo que definitivamente después de todo, te das cuenta que una persona vale la pena conocerla cuando sus acciones dicen más que sus palabras.

Puedes confiar en pocos, pero en esos pocos que demuestran más con hechos que con palabras, que son fieles a lo que dicen y sobre todo a lo que hacen.

La única persona que jamás podría defraudarte a menos que lo permitieras, eres tú mismo.

Hay cosas que no tienen por qué ser confesadas, hay cosas que sólo son para uno mismo. No necesitan ser expresadas, porque muchas veces los demás no las creerían.

Pareciera como si viera sólo el lado negativo de las situaciones, pero creo que es importante conocer ambos lados, el negativo y el positivo.

Sólo digo que…. No digas todo lo que sabes y nunca muestres tus debilidades, no sabes quién podría utilizarlas en tu contra.

 

 


Imagen de: https://www.flickr.com/photos/davidtalley/

 

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