Conciencia verde, pensamiento gris

Por Juan Carlos López Gaviño

La conciencia ecológica de las generaciones jóvenes resulta notoria en muchos sentidos con tantas campañas de reducción de contaminantes, en favor de la conservación de la naturaleza y la protección de los animales. Cada día, en la ciudad, se pueden encontrar más y mejores intenciones por preferir lo hecho en casa, lo orgánico y aquello que tenga menos conservadores, plástico e incluso productos de origen animal.

Todas estas soluciones se basan en la idea de que pequeños cambios al consumo generarán una gran modificación de la demanda de bienes para no afectar al medio ambiente. No obstante que la lógica es correcta, y es evidente que estos cambios han generado una conciencia nueva, pareciera que la demanda no cambia y aún encontramos muchos insumos poco amigables con el equilibrio ecológico. 

El problema comienza en el origen de las cosas. Por ejemplo, la gran mayoría de los consumibles en la Ciudad de México llegan a través de la Central de Abastos o los centros de distribución de las grandes tiendas de autoservicio, como supermercados y plazas comerciales. Lo mismo sucede en otras grandes ciudades del país como Tijuana, Torreón, Guadalajara o Villahermosa, por mencionar algunas.

Para que exista un paradigma novedoso, la transformación debe de ser completa; sin embargo, el cambio para los ciudadanos de muchos centros urbanos en el país es difícil cuando todo está adaptado a las proveedurías mayoristas y a los grandes almacenes.  

En adición a lo anterior, es demasiado complejo adoptar una verdadera conciencia verde en una sociedad urbana que considera que los hábitos de una persona exitosa pueden ser: trabajar en una oficina amplia, ir a cinemas premium, poseer una gran cantidad de libros, cenar en restaurantes de cadena, transportarse en un automóvil propio, viajar en avión de vacaciones, alimentar con croquetas de alta nutrición a las mascotas, transportar a los niños pequeños en carriola o tener la última versión de teléfono celular.

Bajo estas condiciones, la conciencia verde se disocia del pensamiento de mejorar un medio ambiente común. Sin ser muy filosófico, podemos darnos cuenta de que la búsqueda individual en una sociedad moderna es la disponibilidad de tiempo y la búsqueda de nuevo espacio por la razón de que ambos son limitaciones para el ser humano. Un pensamiento gris es aquel que considera a la naturaleza como un ente ajeno al propio individuo que se puede delimitar. 

Por esto último, los pequeños esfuerzos pueden no tener el impacto y la velocidad de cambio que se espera que tengan. Además, los cambios de conciencia no son fáciles de conseguir ni de aplicar; pero, con un poco de ingenio, la comodidad moderna no tiene porqué sacrificarse, si se piensa en reducir por ejemplo, el consumo de energía o agua y así ofrecer una alternativa al tratamiento indiscriminado de consumibles.

Mientras todo esto sucede y continuamos con nuestras pequeñas transformaciones de costumbres cotidianas también debemos conocer las formas en las que se avanza desde el lado de la oferta. Actualmente existen muchos estudios que tratan acerca de la gestión responsable de los recursos naturales, especialmente enfocadas en desacoplar el impacto ambiental del crecimiento económico. 

Muchos científicos de diferentes partes del mundo dedican su trabajo a monitorear, evaluar y transformar el modo de producción actual. Más allá de los desechos, que son sólo un impacto del sistema productivo actual, se debe pensar en los factores humanos independientes, las presiones en escala geográfica y el estado real del entorno natural. 

De acuerdo con la Evaluación del Consumo Mundial de Recursos¹ elaborado por el Panel Internacional de Recursos (IRP por sus siglas en inglés), se debe adoptar un enfoque sistémico para la gestión de recursos para pasar de flujos de materiales lineales a flujos circulares. En otras palabras, como consumidores debemos pensar en el ciclo de vida de los productos y en el grado de eficiencia de los recursos dentro de los sistemas de producción y consumo. 

En todas las ciudades, se ha vuelto muy sencillo encontrar los productos para satisfacer las necesidades básicas. Desafortunadamente, la subsistencia de muchos se reduce a ir de compras y pagar los servicios, sin pensar en que puede ser a costa de que el encadenamiento productivo no permita las mismas condiciones para todos los habitantes. 

Si bien, una conciencia verde nos permite trascender el pensamiento hacia el origen de nuestro consumo, asimismo nuestro pensamiento debe trascender a la eficiencia de los productos y el grado de responsabilidad de todos los involucrados en su génesis. La transformación individual debe ser integral si se quiere impactar en el entorno común. Pensar como ciudad, es decir, de manera colectiva, nunca había sido tan materialista. ¿O tú qué crees?


¹PIR (2017). Evaluación del consumo mundial de recursos: Un enfoque sistémico parala mejora de la eficiencia de los recursos y la reducción de la contaminación. Bringezu, S., Ramaswami, A., Schandl, H., O’Brien, M., Pelton, R., Acquatella, J., Ayuk, E., Chiu, A.S.F., Flanegin, R., Fry, J., Giljum, S., Hashimoto, S., Hellweg, S., Hosking, K., Hu, Y., Lenzen, M., Lieber, M., Lutter, S., Miatto, M., Singh Nagpure, A., Obersteiner, M., van Oers, L., Pfister, S., Pichler, P., Russell, A., Spini, L., Tanikawa, H., van der Voet, E., Weisz, H., West, W., Wijkman, A., Zhu, B., y Zivy, R. Un informe del Panel Internacional de Recursos. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Nairobi, Kenya. Disponible en: http://www.resourcepanel.org/reports

Fotografía de Raquel Apodaca Rodríguez

18 de septiembre de 2018
Descripción: Manzanas en un supermercado de la Ciudad de México

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