Con los brazos abiertos a lo que venga

 

 

Después de pasar estas fechas melancólicas, llenas de recuerdos, desamores, desilusiones, sabores agridulces, también de todo lo bueno, lo malo, lo que hicimos, dijimos, mentimos, escondimos y un largo etcétera… sólo queda el soltar, dejar ir y perdonar.

Siempre he pensado y es algo que he venido diciendo desde hace tiempo, que de lo malo se aprende, que no vale la pena recordarlo y que sólo debemos quedarnos con el aprendizaje adquirido, porque al final eso es lo más importante.

Lo que es real permanece, y lo que no lo es, después de un tiempo se olvida sin que uno se esfuerce en hacerlo.

Sin duda alguna, lo mejor que la vida me pudo haber enseñado en un año, fue aprender a dejar las expectativas, dejar de hacer promesas y simplemente ser, o como algunos lo llaman ‘dejar fluir’.

Me costó o más bien, me ha sido suficiente un año para aprender que duele más ilusionarse y ver que nada de lo que imaginaste ocurrió, a la desilusión en sí. Es decir, de esas veces en las que tienes en la cabeza la fastidiosa frase: ”¡te lo dije!” porque eso que creíste ilusamente que sucedería, nunca sucedió y aun así te aferrabas a la idea.

Dicen que perdiendo también se gana y yo diría que más que ganar, se aprende.

Un año para darme cuenta que de ilusiones no se vive. Sabemos que es bonito sentir ilusiones, pero después de tanto, uno se crea expectativas y… ¡Oh, decepción!

Nunca he creído en las promesas y no es que no crea en las personas, pero sí creo en que todo cambia, incluso hasta las personas. Todo cambia para evolucionar. Dicen que unos cambian para mejorar y otros para empeorar. Pero todo está en constante cambio, incluso aquellos que no creen cambiar nunca, también cambian.

Parte de mi filosofía de vida es creer en los actos, más que en las promesas y las palabras.

A veces llegaba a prometer a los demás, y no a manera de súplica, para que me concedieran otra oportunidad.

Hay quienes prometen no volver a hacer algo con tal de ser perdonados por sus actos, otros prometen ser para obtener la confianza de los demás y otros tantos prometemos realizar algo que no acostumbramos a hacer y el destino se encarga de cambiar nuestros planes.

“y cuando menos te lo esperas, cuando crees que todo va en el sentido equivocado, que tu vida, programada en cada mínimo detalle está naufragando…de repente, sucede…”Federico Moccia.

El simplemente ser y el dejar fluir las cosas, es lo que más me ha costado entender o llevarlo a la práctica.

Cuesta aprender eso, siempre vivimos atados a los problemas, remordimientos, a las personas, e incluso a los recuerdos.

Me he ilusionado, decepcionado, he buscado, he encontrado, he perdido, he esperado, he llorado y de todo he salido adelante; gracias a que he dejado fluir las cosas.

Es difícil vivir y dejar ir lo que alguna vez llegaste a querer, tus manías, el aprender a desaprender, todo lo que te hacía mal pero aun así te aferrabas a ello, porque creías que había un poco de esperanza cuando sólo quedaban recuerdos. Dicen que algunas veces el olvido no es mutuo y he ahí el problema.

¿Cómo dejar que todo fluya? No te aferres a nada ni a nadie. Simplemente deja de darle tanta importancia a lo que no lo tiene. Ocúpate de lo que de verdad vale la pena y deja de quejarte por lo que no va bien. Concéntrate en lo que sí es bueno para ti y en lo que quieres ver como resultado en tu vida. Estamos aquí para equivocarnos, sentir y aprender de todo, que aquel que no ha sufrido es porque no ha vivido.

En resumen puedo decir que doy gracias por lo aprendido, porque ahora sé que más vale ser sorprendido que decepcionado. O al menos eso decía Shakespeare, y yo creo que tenía toda la razón.

Deja de hacer promesas porque estás seguro de lo que harás, o mejor no lo hagas. Por eso dicen que si dudas de algo, no lo hagas. El dejar fluir las cosas, te hace sentir en paz y que sin expectativas te ahorras tantos malos ratos.

He aprendido que cuando no atribuyes expectativas ni súper poderes a las personas, las aprendes a conocer de diferente manera. También dejé de esperar y me sentí más tranquila. A veces el planear las cosas no vale tanto cuando la vida tiene diferentes planes para ti, y es no tiene precio; simplemente se disfruta el momento.

Dicen, que a veces lo que más cuenta es la lección y no tanto el maestro que te la enseñó.

Dejar ser, fluir, vivir, no pienses tanto y abre los brazos a lo que venga.


Imagen: https://www.flickr.com/photos/annaheimkreiter/

Comentarios

Comentarios

Jóvenes Construyendo

Jóvenes Construyendo es una plataforma en línea que ofrece un espacio de expresión para jóvenes con grandes ideas con el objetivo de compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.