Con calma

Por Guillermo Alvarado

Llevábamos tiempo sin poder intimar, lo poco que nos veíamos era insuficiente para siquiera encender la chispa de algo mas allá que un simple faje. Lo cierto es que la relación se entibiaba, como en todo, estábamos ante un impasse.

No fue sencillo convencerla, pero sí fue fácil dar con un motel cercano, en auto casi todo trayecto es pan comido, al fin que cualquier motel u hotel es bueno para ensuciarse el cuerpo y enjuagarse en pareja bajo la regadera.

Después de desnudarnos y rápidamente situarnos en el mejor lugar del colchón, anteriormente aporreado por otras parejas, comenzamos el acto con sublime lujuria y deseo. El desenfreno nos llevo al clímax y en menos de veintiún minutos, estábamos sudorosos, recostados sobre las colchas de la cama, sin siquiera haberla destendido por completo.

En el umbral de la habitación, su voz llegó a mi oído como un rumor.

-No hay nada como hacerlo con calmita, ¿no crees?- sonreía burlona.

Yo, aun ligeramente agitado le respondí.

-Vaya que si, hacer el amor con tranquilidad es lo mejor, y es que en tu casa me da miedo que llegue tu marido-

Reímos y nos juntamos en un beso. Luego lo hicimos una vez mas, entonces tuvimos que partir cada quien a su respectiva casa, y es que lo poco que nos vemos, tenemos que disfrutarlo.

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