¿Cómo de otro mundo?

Por Aarón Rojas

 

Muchos hemos repetido esa frase que rezamos como mantra: “Ése país es de primer mundo”. Al decirla nos referimos a un tipo de país en específico, con determinadas características que le hacen, a nuestro parecer, “un país de primer mundo”.

Mucho se a debatido sobre el uso de estos calificativos, sus principales detractores observan que no debe utilizarse esta frase puesto que todos pertenecemos al mismo mundo y que esto discrimina a quienes lo habitamos, como si hubiese ciudadanos de primera, de segunda, de tercera o incluso hasta de cuarta clase.

La semana pasada tuve la oportunidad de viajar a Canadá, un viaje que realicé, sí para divertirme,  pero al mismo tiempo con la finalidad de conocer la forma de vida del país más seguro de América y uno de los países más seguros del mundo.

Nunca es bueno hacer comparaciones, yo mismo odio ser comparado o intentar equiparar dos cosas que obviamente son distintas; lo que si creo que debe de hacerse siempre es tomar ejemplos a seguir. Son dos cosas totalmente diferentes.

Es increíble que perteneciendo, ya no digamos al mismo mundo, ni al mismo continente, sino, a la misma división geopolítica, México y Canadá tengan tantas diferencias. Sin embargo, quejarse puede hacerlo cualquier persona que se crea revolucionario o inconforme con su modo de vida particular. Hay un proverbio chino que nos dice lo que debemos hacer es casos como este, el proverbio dice algo así: “Es mejor encender una vela que quejarse de la oscuridad”.

Sin duda una lección que debemos tomar en cuenta y que puede aplicarse para todas nuestras actividades cotidianas.

¿Cómo de otro mundo?

La ciudad que llamó más mi atención, de entre todas la que visite en Canadá, fue la de Montreal, también conocida como la capital cultural de América. Es un lugar extraordinario, donde se hacen presentes la infraestructura cultural y el placer de conocer.

Tengo la ventaja de tener una amiga viviendo en esta magnífica ciudad, quien además de ser mexicana de nacimiento, es académica de la Universidad de Québec en Montreal. Ella me presentó el modo de vida de los canadienses; con ella tomé el metro, un autobús y además caminé por una colonia que en México podrían decirle “popular”, aunque en lo personal yo nunca he aceptado este adjetivo.

Yo siempre he dicho que no conoces una ciudad si no te has subido a su metro. Esto es porque, en este transporte uno puede darse cuenta de la verdad oculta tras los pósters propagandísticos del turismo. Por ello, mi sorpresa se hizo presente al descubrir que aún en un horario concurrido, la gente no se empujaba, ni golpeaba, ni menos aún, gritaba improperios a la gente o al chófer. Como dirían en un mal spot “A la gente se le respeta”. Supongo que mucho tiene que ver con la forma en que se le persibe a este trasporte en aquella ciudad extranjera. En Montreal existe una ciudad subterránea, que une a centros comerciales, que albergan grandes marcas, como centros culturales o edificios de Gobierno, y dentro de ellos, entre joyerías caras y tiendas de alta costura, uno puede encontrarse estaciones de metro. ¡Así es! ¡Aunque usted no lo crea!

Además el Gobierno fomenta el uso de este transporte, y no lo hace imponiendo medidas palestinas para “mejorar el medio ambiente”; allá tú puedes comprar una tarjeta del metro por mes o por año que pagas con tu tarjeta de crédito o débito y si la usas cotidianamente, el Gobierno te regresa la mitad de lo que gastaste en proporción a los viajes realizados.

Un buen ejemplo para las nuevas generaciones.

Mi amiga dijo que ella soñaba con un día ver su país así. Me dijo que su generación ya había hecho todo lo que sus posibilidades les permitían y era momento de dejar a las generaciones que vienen detrás de ellos avanzar en lo que hace falta.

Como dije, nunca es bueno comparar, pero es una excelente tarea tener buenos ejemplos.  La base del triunfo canadiense es el respeto, pues uno puede o no estar deacuerdo con cualquier cosa, pero no por ello hemos de agredir o atacar, no por ello habremos de generar discursos de odio y creernos falsos Mesías que pueden arreglar todo con políticas prepotentes y autoritarias.

Ese viaje me permitió abrir los ojos hacia las posibilidades que tenemos nosotros como jóvenes, pero no debemos actuar solos, las generaciones anteriores deben trabajar en conjunto con las nuevas para sentar las bases de una nueva sociedad mexicana y Latinoamericana, con una cultura de inclusión y responsabilidad con el futuro que nos espera.

Lo lograremos sólo si dejamos de lado los pensamientos arcaicos y de exclusión que no nos permiten ver más allá de lo que siempre se nos ha dicho; hay mucho que aprender de aquel país del norte, desde cómo piensan y viven sus gobernantes, pues en la residencia oficial del Primer Ministro no hay más seguridad de la necesaria; hasta cómo participa el común en las decisiones diarias, como el cuidado a su medio ambiente y sus posibles consecuencias.

Como ya lo he mencionado, hay mucho trabajo por hacer y estoy seguro que podremos lograr un México que esté a la altura de los países más grandes, lo único que nos hace falta es voluntad para lograr, misma que como jóvenes la tenemos de sobra.

¡Pongamos manos a la obra, sé que podemos hacerlo!


Imagen: http://mexicoxport.com/mx-content/noticias/2016/02/Momento-ideal-para-renovar-relacion-Mexico-Canada-afirma-estudio.jpg

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