Coaliciones electorales

Por Brandon Ramírez

Este proceso electoral presidencial introdujo, por primera vez, la posibilidad a candidatos sin el respaldo de un partido político de aparecer en la boleta. Sin duda, un hecho disruptivo que, sobre toda con la incorporación por una resolución del tribunal que permitió competir a un segundo independiente, cambió la dinámica de la elección. 

Otro hecho que llamó la atención desde el segundo semestre del año 2017, cuando comenzaron a tejerse las candidaturas postuladas desde el sistema de partidos, fue la construcción de la alianza “Por México al Frente”. Se habla mucho del desdibujamiento ideológico por el que atraviesan nuestros partidos, permitiendo que los partidos que tradicionalmente se posicionan en extremos distintos del espectro ideológico, el PAN a la derecha, y el PRD con MC a la izquierda, se coaliguen en torno a un candidato común en un proceso electoral. Al respecto habría que recordar varias cosas:

Las alianzas PAN-PRD son casi tan viejas como este segundo partido. El PRD se conformó en 1989, y ya en 1991 se dio la primera alianza con este partido. Dicha coalición fue para contender por la gubernatura de San Luis Potosí, aunque no lograron conseguirla. El primer triunfo de esta formula se dio hasta 1999, en Nayarit, y en adelante se mantendría en algunos comicios locales con el mismo objetivo: derrotar al PRI. Históricamente, han ganado 11 de las 20 ocasiones en las que han contendido a nivel gubernatura juntos (algunas veces con otros partidos sumados a su fórmula) y esta es la primera vez que lo harán para la elección presidencial.

En el año 1994, el PRD tenía la fuerza suficiente, tras la fuerza que aun tenía Cárdenas, su líder inicial tras la polémica elección de 1988, aunque estuvo condicionado dicho año por los hechos de violencia que, algunos afirman, hicieron a los electores apostar de nueva cuenta por el PRI por una sensación de seguridad y certidumbre ante la convulsión que se sentía en el ambiente. El año 2000 ya supuso pérdida de fuerza para el auge de Cárdenas, y la irrupción de Fox le construyó como la apuesta anti sistema, que logró derrotar en las urnas al PRI; y en 2006, por su lado, ambos partidos se disputaron la presidencia en la elección más cerrada hasta ahora. La última elección, en 2012, nuevamente fue una de cambio entre PRI y PRD, desplazando al PAN a un tercer lugar producto del desgaste natural que le generó a dicho partido 12 años de gobierno. En todos estos procesos, no fue necesario coaligarse, ya que el PRD lograba agrupar casi la totalidad del electorado de izquierda con sus coaliciones (en 2000 y 2006 otros partidos de izquierda aparecieron en la boleta, pero con porcentaje de votación muy pequeño) y el PAN, por su lado, tiene una historia como el segundo partido en el país de mayor historia y tamaño electoral. 

En 2018, la fractura dentro de la izquierda que devino en la construcción de Morena, obligó al PRD a abrir su abanico de opciones (el PAN también sufrió una fractura, la que representa Margarita Zavala como independiente, aunque en ningún caso de la misma magnitud que la de la izquierda) y optar por la estrategia que ya había probado con cierta eficacia a nivel local, aunque no alcanzara el consenso al interior del partido y provocara a su vez el desplazamiento de alguno de sus grupos al partido de Andrés Manuel.

En cuanto al desdibujamiento ideológico, habría que matizar algunos elementos. En primer lugar, tanto el PAN como el PRD surgieron como partidos opositores. Han asumido juntos a nivel local, en las últimas décadas el rol de alternativa para generar las alternancias en las gubernaturas en los distintos estados del país. Ambos son en su nacimiento partidos anti priistas, y en este sentido, cuando el partido en el gobierno actualmente es el PRI, no es de sorprender en ninguna manera su coalición. Es cierto que para el PRD la apuesta más “natural” podría ser aliarse a Morena, y competir nuevamente como un bloque único que represente a la izquierda mexicana… pero sería como esperar una coalición PRI-PRD en 1994, por el surgimiento de ambos partidos como fracturas al interior de otro, con un líder carismático con una fuerza de arrastre de voto comprobada.

La ideología demócrata cristiana del PAN, por un lado, y la socialdemocrática del PRD, por el otro, pasan a segundo término y reluce más su rol como partidos opositores anti priistas, y por el contexto de este proceso electoral antilopezobradorista. En ninguna forma parece un hecho censurable, ya que cada elección tiene su lógica distintiva, y en función de ella se configuran las estrategias y alianzas de cada partido. Lo mismo en el otro lado, con la alianza “Juntos haremos historia”, que incluyo al Partido Encuentro Social, y sorprendió a muchos por este hecho. Esta elección parece no ser tanto ideológica en términos izquierda/derecha, más bien, de proyectos de nación: mantener el camino andado desde los ochenta, cambiando, aunque no de fondo, lo que se ha hecho mal, o probar una alternativa.


Imagen: https://www.ine.mx/wp-content/uploads/2018/01/convenios-coalicion-partidos.png

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