Clásico

Por Guillermo Alvarado

 

Martes nueve, Sonia entra al salón y busca a sus amigos, sonríe con un gesto automático y da un barrido visual al resto del grupo, sin inmutarse se dirige a su grupo social. Clásico, ni me pela, aun cuando también somos vecinos y somos equipo en Laboratorio de Informática.

Soy de esas personas invisibles para quien más anhelas, un típico caso de invisibilidad no pedida ni justificada, pues cuando soy invisible para Sonia, no lo soy para el profe de Contabilidad y siempre paso a terminar algún movimiento en el pizarrón. Clásico.

Dos semanas para terminar las clases, comienza el destrampe, el alboroto, la inasistencia masiva, todos menos yo, pues a buena hora el profe de Conta me llamo a su cubículo, me reportó que una falta más y me voy directo a examen extraordinario. Clásico, todos pueden faltar menos yo y lo peor es que Sonia también se ausenta. Mientras termino unos saldos, su imagen se me aparece esculpida en números y hojas de Diario y de T Mayor.

Sonia es tres años mayor que yo, cabello oscuro, negro al igual que mis intenciones con ella, para que ser hipócrita conmigo mismo, no sabría que hacer con ella, más allá de lo que he visto en los sitios XXX que frecuento cuando no hay nadie en casa, mi experiencia en pareja es nula, así que mi atracción hacia Sonia es puramente sexual y eso hace que sea más sensata, más fuerte y más… más urgente.

No podría describirla, la desconozco tanto como la deseo, siempre viste de pantalón ajustado y blusas holgadas solo tengo información vaga sobre su anatomía, es ligeramente más alta que yo, y su perfume es siempre el mismo. Lo único que puedo detallar es su cara, pero incluso esto lo cubre a más no poder, con zendo maquillaje confuso e intimidante, camuflaje que en más de una ocasión, me ha hecho dudar de si en verdad a quien veo es a Sonia o a alguien más.

Ha pasado una semana, aunque en clase de Contabilidad una semana es equivalente a un año, la clase dura tres horas, y son los martes y jueves, a ninguna de las dos ha asistido Sonia. Pero hoy es lunes y añoro verla y tenerla cerca, hoy toca Laboratorio de Informática, nos sentaremos juntos, bueno, estaremos cerca, juntos nunca estamos, mientras atiendo a la clase ella no para de escribir en su teléfono celular, de mensajear a quien sabe quién. Cuando es necesario hablar entre nosotros, da respuestas vagas, y demuestra el poco interés en la materia y sobre todo en mi persona, pasan lento aquellas dos horas, pero al menos si llega a traer blusa con escote, podre ver algo que pueda memorizar y usar más tarde cuando llegue a casa.

Última semana, se nos avisa que el sábado se oficiará una ceremonia de clausura de termino de ciclo escolar, nos vamos a la universidad, aquellos que entremos alguna, los demás, volverán a intentarlo hasta rendirse, porque así es la vida para los peses que sueñan con volar, sueños imposibles como el mío con Sonia.

El sábado por la mañana en mi casa, huele a barbacoa y jugo de naranja, se me impregna algo de aroma a cebolla al salir pero la contaminación del camión lo empareja. Llego tarde a la ceremonia y el profe de Conta se me queda viendo como un buitre, ni modos, ya me voy a ir de esta mendiga escuela, dejaré de serle una carga y como yo vendrán cien más. Lo único que extrañaré será ver a Sonia, por eso fue lo único que hice, tres años para sólo conformarme con verla.

Conformarme…pero que va, es lo último, el último día en la escuela, por lo menos le imputaré mi desdicha, será como el reclamo de un mosquito ante la indiferencia de un par de manos gigantes. Pero ni que hacer, si repruebo o si entro a la universidad igual la medio veré en el edificio, cuando ella entre a su casa yo saldré de la mía y también viceversa, esta decidido pero ahora tengo la urgencia de verla, y nada, ni rastro de ella. Clásico, cuando por fin me armo de valor para declararme ella no se presenta.

Entonces distingo un aroma, como una señal divina Sonia se sienta a mi lado, acaba de llegar igual que yo, me sudan las manos y el cuerpo se me calienta, la voz se atropella en mis labios y la saludo con tanta torpeza que es imposible no pedirle que pare de reírse de mí, en tres enunciados le digo todo, mi amor hacia ella, mi obsesión al verla, mis deseos e intenciones, ella escucha, por primera vez me escucha, y cuando termino ella suelta una risa, pero no cualquier risa, es una risa franca, Sonia me confiesa que también le gusto, y le hubiera gustado conocer más de mí, pues no quería pareja en el salón, pero lamentablemente su familia se muda a otro estado, porque entrar a la universidad esta cada vez más difícil, se irá a probar suerte en algún otro lugar. Clásico, esperas una vida siendo invisible para darte cuenta que nunca lo fuiste y pudiste ser más que una posibilidad.

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