Ciudadanos organizados

Por Brandon Ramírez

Como cada 19 de septiembre, se remembró en nuestro país un año más  del sismo que afectó, entre otras zonas, la Ciudad de México en 1985. Quizá de los temas más recurrentes cuando se habla de este acontecimiento, sea el de la organización ciudadana para hacer frente a la situación de crisis que prevaleció las horas y días inmediatos a este suceso.

Mucho se ha señalado también, la incapacidad de las instancias gubernamentales, y la falta de preparación para hacer frente a crisis tanto de un origen natural, como el sismo; o de origen social, como el movimiento estudiantil o de médicos también de los años sesenta, producto quizá del desgaste que comenzaba a tener nuestro sistema presidencialista (que no presidencial).

En contraposición, algunos sectores o colectivos de la sociedad cada vez lucían más organizados para impulsar sus agendas frente a las instancias gubernamentales. Incluso al nivel de los partidos políticos, con todos los cambios que se vio obligado a conceder el partido del gobierno en las últimas décadas de los setenta, producto de su natural desgaste en el poder.

Se comenzó a gestar cada vez más una sociedad civil organizada, que impulsaba sus intereses que no eran respaldados por ninguno de los partidos políticos. En nuestros días, muestra de la consolidación de esta organización de sectores de la sociedad es el impulso que se le dio a la llamada 3 de 3, al debate sobre el consumo de la mariguana para usos medicinales y recreativos, algunas prácticas para combatir la inequidad de género, el movimiento para despenalizar el aborto o el de la diversidad sexual reconocida por nuestras instituciones, aunque algunos de estos también cuentan con contrapartes dentro de la sociedad civil misma, con intereses e ideas contrarias que buscan contrarrestarlas.

También es importante reflexionar sobre el hecho de que no todo movimiento social u organización de la sociedad civil fructificará, aunque tenga un buen apoyo y recursos. Hemos visto un sinnúmero de marchas y de movimientos efímeros, con banderas que algunos compartían y otros no, naturalmente, como el movimiento por la defensa del petróleo, el yo soy 132, muchos ecologistas, y otros más de carácter religioso o vinculados a la seguridad comunitaria.

Recuerdo un artículo publicado por Claudio Holzner, hace aproximadamente una década, sobre la participación ciudadana en nuestro país, apuntaba que pese a que no existen serias restricciones formales o legales que impidan un acceso y participación igualitaria entre los distintos sectores o grupos de las sociedades, las desigualdades económicas vienen a ser las más prominentes, pues de éstas derivan restricciones de facto para que el mensaje que algunos grupos con poco poder económico llegue a ser escuchado y traducido en acción de gobierno.

El ejemplo de esto último que puede venir inmediatamente a la mente, es el asociado a la propia 3 de 3, cuando se buscaba que los empresarios que prestan servicios a las instituciones públicas debían realizar sus declaraciones, motivando su movilización para que dicha disposición fuera eliminada, logrando su cometido al cabo de unos días. El esfuerzo dedicado por este grupo para ver su demanda traducida en acción, con respecto a cualquier otra agrupación, no puede compararse, incluso con los impulsores mismos de la 3 de 3, que debieron llevar a cabo una campaña de difusión y búsqueda de firmas para lograr posicionar su iniciativa en el Congreso.

Una parte importante de vivir en una sociedad democrática, es que se cuente con una sociedad civil activa, que exija a sus autoridades rendir cuentas, atender al interés ciudadano. Otra es que ninguna de estas demandas (a menos que sea realmente alarmante) tengan consenso y presente confrontaciones que generen debate y acuerdos; parte vital de la democracia es el debate, la confrontación de ideas, el llegar a acuerdos a través del dialogo, tanto entre distintos sectores de la sociedad, como entre el gobierno y éstos.


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