Ciencia y filosofía: filosofía de la ciencia

Por Alejandro Rafael Lima

Desde el año 2012 hay en Marte un astromóvil  llamado Curiosity que explora y analiza dicho planeta; desde finales de los años 70´s las sondas espaciales Voyager 1 y 2 exploran los planetas exteriores, siendo los objetos hechos por el hombre más distantes de nuestro planeta; en el CER, the European Organization for Nuclear Research, se investiga de qué está hecho el universo mediante un gran acelerador y colisionador de partículas, el cual ha dado grandes resultados. Pero la ciencia también está presente en nuestra vida diaria, basta decir que es gracias a la tecnología que puedes leer estas líneas. Mira a tu alrededor y dondequiera está presente; sin la ciencia las sociedades actuales no son posibles. El éxito de la ciencia es innegable.

Sin embargo, la ciencia cada vez se vuelve más extraña al sentido común. Actualmente nuestras mejores teorías científicas nos hablan de todo tipo de entidades y procesos de las cuales no tenemos experiencia- y tal vez nunca la tengamos: ondas de radio, deriva continental, partículas fundamentales (bosones y fermiones), campos electromagnéticos, bacterias, agujeros negros, etcétera. La mayoría de las personas dan por sentado que los resultados que la ciencia arroja y las entidades y procesos que la ciencia postula son descripciones genuinas (o verdaderas) de cómo es la realidad. Pero la ciencia cada vez se vuelve más contraintuitiva. Además, observamos que las teorías científicas no son inmutables ni perennes, sino todo lo contrario: entidades y procesos que la ciencia postula en un momento t son modificados considerablemente o abandonados. Es así que podemos inferir que muy probablemente las entidades y procesos postulados actualmente por nuestra mejor ciencia serán modificados o abandonados. Entonces ¿qué tan justificado está el juicio del sentido común que la ciencia nos da descripciones verdaderas de cómo es el mundo?

Esa cuestión que he planteado robustamente es una de las cuestiones fundamentales de la Filosofía de la Ciencia. La discusión principal gira en torno a las postulaciones de las teorías científicas en la dimensión de lo inobservable. Algunos creen que ese contenido descriptivo (entidades y procesos inobservables) supuesto por las teorías científicas únicamente nos dan control instrumental del mundo observable y, por lo tanto, no debe juzgarse como descripciones verdaderas o falsas acerca del mundo, sino sólo por su utilidad como instrumentos; otros sencillamente creen que la empresa de alcanzar verdades en la ciencia es imposible epistémicamente. No obstante, el realista científico es aquel que tiene una actitud epistémica positiva hacia tal empresa, creyendo en las descripciones sobre aspectos observables e inobservables acerca del mundo descritos por las teorías científicas. El antirealista científico es aquel que tiene una aptitud epistémica negativa, principalmente, hacia la dimensión inobservable.

De lo anterior surgen naturalmente las siguientes cuestiones: ¿cuáles son las razones para tener una aptitud epistémica positiva hacia la dimensión inobservable? Y ¿cuáles son las razones para rechazar un compromiso favorable hacia las entidades postuladas por nuestras mejores teorías científicas? Dos argumentos principales gravitan en torno al debate realismo versus antirealismo científico, cada uno de ellos en una dirección opuesta al otro: el argumento del no milagro (ANM) y el argumento sobre el cambio teórico radical en la historia de la ciencia conocido como meta-inducción pesimista (MIP).

El ANM nos dice básicamente que el éxito del cual goza la ciencia sería milagroso si las teorías científicas no fueran descripciones aproximadamente verdaderas del mundo. Según Putnam (1975: 73) “es la única filosofía que no hace del éxito científico un milagro”. El argumento puede ser ilustrado de la manera siguiente:

  1. Nuestras mejores teorías son extraordinariamente exitosas.
  2. Si 1) no son descripciones aproximadamente verdaderas del mundo, entonces el hecho de ser tan exitosas sería milagroso.
  3. Dada la elección entre una explicación milagrosa y una no milagrosa debemos preferir racionalmente la explicación no milagrosa.

∴    Nuestras mejores teorías son aproximadamente verdaderas.

Empero, el argumento encuentra contrapeso antirealista por parte de la MIP que nos dice que la historia de la ciencia nos justifica en creer que nuestras mejores teorías científicas actuales serán abandonas y, por lo tanto, que no debemos asentirlas como verdaderas. El argumento se basa en la evidencia empírica a lo largo de la historia de la ciencia de teorías científicas exitosas que se creían verdaderas,- Laudan (1981:31) da una lista de ejemplos que incluye la Teoría del Calórico y la Teoría Óptica del Éter, teorías que incluso tuvieron éxito predictivo- pero que ahora se descartan. El argumento pretende socavar el ANM porque muestra que la aproximación a la verdad y el éxito de referencia no son condiciones necesarias para el éxito predictivo y descriptivo de una teoría.

De acuerdo a Laudan (1981) de manera general la MIP nos dice que:

  1. Ha habido teorías empíricamente exitosas en la historia de la ciencia que fueron subsecuentemente rechazadas y cuyos términos teóricos no refieren de acuerdo a nuestras mejores teorías actuales.
  2. Nuestras mejores teorías actuales no son de diferente clase de aquellas teorías descartadas y así no tenemos razones para pensar que no serán últimamente también reemplazadas.

De manera particular vemos socavada la idea de éxito de referente y aproximación a la verdad como condición necesaria del éxito de una teoría.

  1. La referencia exitosa de los términos teóricos centrales (entidades y procesos inobservables) y la aproximación a la verdad son una condición necesaria del éxito predictivo de una teoría.
  2. Hay ejemplos de teorías que fueron maduras y que tuvieron éxito predictivo, pero cuyos términos teóricos centrales no refieren.
  3. Hay ejemplos de teorías que fueron maduras y que tuvieron éxito predictivo, pero que no son aproximadamente verdaderas.

∴ Aproximación a la verdad y referencia exitosa de términos teóricos centrales no son una condición necesaria para el éxito predictivo novedoso de las teorías científicas.

De acuerdo a estos dos argumentos llegamos a un impasse en el debate realismo versus antirealismo científico: por una parte es manifiesto que nuestras teorías gozan de un gran éxito (predictivo, explicativo, etc.); pero, por otra parte, también es evidente que a lo largo de la historia de la ciencia hemos tenido teorías que son exitosas, pero que se han abandonado. Sin embargo, una posición realmente satisfactoria tendría que tener ambos argumentos de su lado (Worrall, 1989).

Una de las tareas principales de la Filosofía de la Ciencia es explicar el éxito de la ciencia y dar cuenta del cambio teórico que sucede dentro de ella. Pero, sobre todo, dar cuenta de la posibilidad del conocimiento genuino de la realidad. Esta cuestión no es menor, pues trata sobre la gran empresa humana sin la cual nuestras vidas actuales no son posibles. Además, pienso que incumbe a nuestros más profundos deseos humanos de saber dónde estamos, qué somos, qué es el mundo, de dónde venimos y a dónde vamos.


Bibliografía:

  • Laudan, L., 1981. “A confutation of convergent realism,” Philosophy of Science, 48: 19–49.
  • Putnam, H., 1975. Mathematics, Matter and Method, Cambridge: Cambridge University Press.
  • Worrall, J., 1989. “Structural realism: The best of both worlds?” Dialectica, 43: 99–124. Reprinted in D. Papineau (ed.), The Philosophy of Science, Oxford: Oxford University Press, pp. 139–165.

Imagen: https://www.cs.ox.ac.uk/philosophyplus/Thinking.jpg

 

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