Chicharito no es ningún dios

Por Gerardo Akbalam Contreras

 

Lo primero que hago al despertar es leer las noticias; 43 estudiantes todavía desaparecidos; el dólar a 20; 1.2 millones de “liquidación” al presidente del PRI; la luz aumenta 7%; Javier Duarte desaparece 465 millones; Hacienda “perdona” más de 50 mil millones de pesos a un puñado de “elegidos”.

Con cada cifra que sale a la luz aumenta un poco más mi encabronamiento, y es probable que me vuelva más amargado. Cada cifra que leo podría ser el motivo para caer en el lugar común del sexenio y preguntar “¿cuántos más Peña?”

Pero justo ayer flotó entre todas esas cifras una que no me causó indignación, ni alborotó a mi neurosis. Surgió una cifra que no me afecta en lo más mínimo, pero me hizo tener una sonrisa a lo largo del día. El número del que les hablo es el 100, así es, ayer el Chicharito metió su gol 100 en el fútbol europeo.

Quise escribir sobre este tema, no por la motivación que encuentran algunos opinólogos al decir que “las noticias buenas también son noticia”, frase muy parecida a ese slogan que me tiene harto de “las cosas buenas no se cuenta, pero cuentan mucho”.

Escribo sobre el tema porque me parece que lo que está haciendo Javier Hernández es importante para mi generación. Lo que hizo el “Chicharito” no nos va a hacer mejores personas, ni va a bajar el desempleo, ni la violencia, pero lo que hizo me parece que es una lección que debemos de tomar para aplicarla a nuestro día a día.

Javier Hernández, mejor conocido como Chicharito, inició su carrera en la Chivas a los nueve años. Su debut en el máximo circuito del futbol mexicano se dio en 2006, pero fue hasta 2009 que sobresalió en el equipo.

Su buen paso hizo que para el 2010 fuera contratado por uno de los mejores clubes del mundo, el Manchester United. Su paso por los Red Devils, fue de más a menos e hizo que para el 2014 fuera prestado al Real Madrid, en donde fue anunciado como un sustituto de lujo, y eso fue. Las oportunidades no fueron la constante y para finales de 2015, fue transferido al Bayer Leverkusen, club en donde se ha convertido en figura absoluta.

No se puede hablar del Chicharito sin tocar su estilo de marcar goles. Desde que se fue al Manchester se notaba que su técnica no era la mejor. Basta revisar su primer gol anotado en el club inglés, el cual fue realizado con la cara. Un mal remate hizo que el balón le rebotara en el rostro y se metiera al fondo de las redes. La imagen se repitió en varias ocasiones, y algunos aficionados afirmaron que se debía de limpiar después de anotar un gol, pues se había “cagado”.

Pese a los comentarios, el Chicharito no dejó de marcar; algunos fueron de rebote, otros con un remate machucado y algunos más de una manufactura excelsa. Sin embargo, el mexicano no podía consolidarse en la titularidad de ninguno de sus equipos.

El problema con el que se encontraba Javier Hernández no fueron las lesiones ni la falta de productividad, su problema fue la falta de confianza, pero no de su parte, sino de sus técnicos. Ni Anchelotti, ni Moyes, ni Louis VanGal confiaron en el mexicano.

La falta de continuidad y su poca participación no fueron los primeros obstáculos que encontró Hernández en su carrera. Ya en el 2005, había sido dejado de lado en la convocatoria para la selección sub 17, la cual se convirtió en campeona del mundo. Asimismo, en sus primeros años en Chivas enfrentó una enfermedad neurológica que le ocasionaba fuertes migrañas. En ese tiempo, y como lo ha dicho en entrevistas, Hernández pensó en dejar el fútbol.

Pero Javier Hernández no se caracteriza sólo por hacer goles, también tiene el talento de convertir sus deficiencias en cualidades. Chicharito no es el mejor futbolista mexicano del cuello hacia abajo, pero sí es de los mejores del cuello hacia arriba. Su cabeza, la misma que le ocasionaba migrañas le ha hecho rematar cabezazos para anotar goles importantísimos. La mentalidad que tiene en esa misma cabeza le ha hecho ser de los pocos futbolistas mexicanos que no se sube a un ladrillo y no se siente más por jugar en Europa. Esa misma mentalidad ha hecho que no pierda la humildad y sea de los primeros en llegar al entrenamiento y el último en irse.

No fue campeón del mundo en 2005, pero está a punto de convertirse en el goleador histórico de la selección mayor, mientras que gran parte de esos que ganaron la copa ya se encuentran en el retiro.

Muchos técnicos no le tuvieron confianza, pero él nunca dejó de confiar en él mismo.

Desde que el Chicharito ha estado en Europa ha sido blanco de antipatías y simpatías por parte de medios y aficionados. Y me parece que el problema no está en criticar a un futbolista, sino en hacerlo una divinidad. Hay personas que lo han endiosado hasta llegar al punto de llegar a llamarlo “Chichadios”, y como dijo Octavio Paz, “endiosar es matar” y justamente es lo que están haciendo con Javier Hernández esos medios que en lugar de hacer periodismo se convierten en feligreses.

Chicharito no es ningún dios, no pertenece ni siquiera al Olimpo del futbol mundial. No es Luis Suárez, Cristiano Ronaldo y mucho menos Messi. Javier Hernández es un buen futbolista para el estándar del futbol mexicano, pero está todavía lejos de un Rafa Márquez y un Hugo Sánchez.

Chicharito ha llegado a 100 goles en el fútbol europeo, pero no ha sido por sus porristas-feligreses, llegó por su trabajo,  su mentalidad de querer mejorar,  su humildad y por la confianza que tiene de sus habilidades.

Y es justo en esas cualidades en las que encuentro el motivo para hablar del Chicharito, porque en un país donde las cifras sólo hacen que sintamos vergüenza el Chicharito nos recuerda que no importa cuantas adversidades te encuentres, siempre puedes tomar tus carencias y convertirlas en virtudes.

 


Imagen: Dominio público

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