Cerrar y abrir

Por José Barbosa

 

“Siempre al llegar al final de una etapa de nuestras vidas. Solo quedan los buenos momentos, aquellos que por más tiempo pase, jamás se olvidan” 
Ángel G. Márquez Fiscal

Los seres humanos tenemos tantas alegorías en nuestro pensamiento, que es indescriptible lo irreales y reales que podemos ser, ¿a qué me refiero?

A veces podemos ser lo suficientemente inteligentes para saber que una situación terminó definitivamente de nuestras vidas. Pero hay algo que nos da vueltas en la cabeza en decir: ¿y si no? ¿Podrá ser? ¿Qué pasa si llegase ocurrir nuevamente?

Todas esas incógnitas pueden ocurrirnos, tal vez a unos más que a otros. Pero todos formamos parte del sistema y debemos aprender a identificar cuando algo ha finalizado. No hacernos daño en pensar, porque si lo que imaginamos no ocurre, es más dañino que lo que puede estar ocurriendo y probablemente no ocurra nada en lo absoluto; es en ese momento en donde tenemos la explicación de “Ha terminado”.

No ocurre nada en lo absoluto porque llegó a su fin desde hace tiempo, pero los seres humanos nos aferramos a las situaciones, vivencias y etapas que nos dieron gozo.

Tenemos que cerrar esa ventana y abrir otra para que todo fluya de la mejor manera. No hay que alargar nada e insistir en ello. Tenemos que idealizar lo que queremos, y saber cómo dirigir esa energía, mantenernos firmes y lo más importante: no volver a cometer los mismos errores de momentos que ya han finalizado.

Soltar, desprenderse y seguir es un paso muy difícil, probablemente hay personas que lo hacen ver fácil; sin embargo, no todos somos iguales y habemos muchos que nos toma un tiempo asumir que el ciclo ha terminado.

Siempre hay que saber marcar la diferencia y agradecer por lo que viviste, haya sido bueno o malo, porque eso nos da la certeza de entendernos y saber qué hicimos bien y que no. Tener en cuenta los valores asumidos en casa y los que con el paso de los años vamos acumulando. Tomar conciencia de que somos personas y nos somos dioses; por ende, no somos personas perfectas.

A veces creemos que lo merecemos todo y no nos damos cuenta de todas las bendiciones que tenemos a nuestro alrededor y que en algún lugar en el mundo, hay personas que no las tienen: Hay guerras, migración, asesinatos, pederastia, violaciones, agresiones, homofobia, transfobia, discriminación, racismo, entre otras situaciones negativas, que no nos ponemos a pensar que nosotros no las llegamos a padecer y nos quejamos de la vida que nos tocó.

Poco a poco, las personas tenemos que comprender que por “X” situación en la vida que nos haya puesto triste, deprimido, enojado, frustrado o simplemente nos haya hecho sentir una impotencia enorme de no saber por qué terminó esa época  que pensábamos que era lo mejor que nos pudo pasar. El chiste de la vida, es eso, vida y después muerte. ¿Qué sigue después? No lo sabremos si no cerramos ese ciclo.

Podemos caer en la soberbia, en el orgullo; pero es algo que cada ser humano tiene que hacer para poder ser feliz. Entender que por amor propio debemos salir de los baches que llegamos a tener, y no a encerrarnos en una burbuja que es probable que sigamos haciéndola cada vez más y más grande con el fin de que no nos vuelvan a hacer daño, pero debemos de ser fuertes ya que el único que nos va a dar un apoyo de corazón, somos nosotros mismos, y es ahí cuando todo va a encajar en nuestro camino.

Con los amigos, pareja, convivencia profesional, carrera, trabajo y la familia, existen momentos tristes y momentos felices, podemos agradecer lo vivido y dar el paso a ese comienzo. Seguramente habrá personas que se queden con nosotros siempre y otras que simplemente se convirtieron en una gran lección de vida. Y claro que aplica para todos estos ejemplos, ya que hay veces que la familia se niega a apoyarte, y con el paso del tiempo encuentras familia que adoptas con el corazón.

Siempre hay que cerrar un ciclo para poder comenzar otro, mirarse a uno mismo y ver qué estamos haciendo mal. No existen las necesidades emocionales, podemos sobreponer ese aspecto y salir a flote. Puede que sea imposible, o casi imposible, ya que nos puede demorar un mes, un año, cuatro años o más de 20, pero ese no es el caso, sino que más que una necesitad sea un hábito, y nosotros nacimos para ser felices y tener un motor en la vida que nos haga mantener esa felicidad.

Hay que marcar la diferencia, agradecer lo vivido, saber que las personas que dejamos o nos dejaron hace tiempo, están felices y perdonar. Pero más que nada, perdonarnos a nosotros mismos y dejar de culparnos por lo que pudo haber sido. Dejar de guardar cualquier tipo de culpa, nosotros somos humanos también y aquellos que dejamos o nos dejaron igual.

Solo queda en uno mismo el ser sincero, honesto y fiel a nuestros ideales y sueños.

La vida es una ruleta y una montaña rusa, el chiste del juego es saber quedarnos arriba y mirar desde la cima que todo es posible con solo imaginarlo; adentrarnos en ese punto en el que soñábamos desde niños y lo estamos haciendo ahora de adultos. Entender que todo tiene un objetivo y que todo pasa por una razón en la vida. Y aunque haya momentos malos, el cerrar y abrir siempre van a ser motivo de bendiciones.

Como dato curioso, yo he sido una persona que ha dado mucho. Una persona que se ha entregado en su mayoría. Le han fallado, pero de igual forma, también ha fallado. Sólo pido que esas personas que han compartido aunque sea un segundo de su vida conmigo, sean felices, que siempre luchen por sus ideales y por ser lo mejor.

Todas en su mayoría no sólo fueron una lección en mi vida, sino una bendición. Todas tuvieron algo que darme, algo hermoso que compartirme y por eso agradezco el haberlas conocido.

¡Gracias!


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