Cerebro

Por Miguel Téllez

 

Hace un tiempo escribí acerca de la importancia de la neuroética,¹ en aquel texto mencioné algunos experimentos intentando señalar porqué es que la neuroética –entendida tanto como neuroética funcional tanto como neuroética práctica- debe ser de interés y afecta nuestras vidas. Lo que haré en las siguientes líneas será contarte de manera muy breve algunas inquietudes que he tenido respecto a experimentos y argumentos –o en ocasiones, premisas- que implican la manipulación del cerebro. Así mismo, quiero dejar sueltas algunas cuestiones que tienden a hacerte pensar si existen cosas como el ‘yo’ la ‘originalidad’ y una especie de ‘naturaleza humana’.

Al final del texto Nuestro cerebro y nuestro comportamiento, dejé una pregunta para ti: ¿somos nuestro cerebro? Hoy día sigo teniendo la misma duda. Sin embargo, hoy estoy más seguro de que somos nuestro cerebro. Quizá hay que sumar asuntos de genética, y sería todo, eso es lo que somos, no hay otra cosa como una ‘esencia’ ni un ‘alma’ ni ningún sello de índole misterioso. Las repercusiones de responder así no son menores: desde hace muchos siglos –desde los griegos- se ha creído que el hombre es el ser superior de este mundo, que tiene facultades –como la racional- que lo hacen ser único, además de poseer un alma –este rasgo va muy asociado con algunas religiones- que lo distingue de los animales y es la condición necesaria que nos sugiere alguna especie de inmortalidad.

En el libro Los manipuladores del cerebro de Maya Pines, encontramos un recorrido cuasi histórico, pero sobre todo, un recorrido de los experimentos que se han hecho en el campo que hoy se conoce como neurociencia. El lenguaje de Pines es bastante claro, y los fragmentos que ella agrega de las entrevistas que realizó a los científicos a los que se refiere le dan un toque todavía más inquietante y sorprendente a su exposición de los experimentos del cerebro.

Hay dos cosas que quiero narrar del libro de Pines. La primera es acerca de la manipulación vía EEG –electroencefalogramas-. Pines aborda los experimentos de un conocido fisiólogo español: José Rodríguez Delgado. Este científico fue muy conocido por el experimento que realizó con un toro: el profesor Rodríguez implantó electrodos en un área que inhibe los movimientos motores del toro. Así que una vez que el profesor Rodríguez estuviera en riesgo por la embestida del toro –pues Rodríguez se encontraba en pleno centro de una plaza de toros de Córdoba-, sólo le bastaba oprimir un botón de un transmisor de radio y el toro se detendría. Esto lo hemos visto en caricaturas: cuando un toro se detiene aún cuando va a máxima potencia, la diferencia es que una persona obliga por cuestiones neurofisiológicas a que el animal se detenga.

Existen videos del experimento del profesor Rodríguez Delgado. Este peculiar profesor seguía insistiendo en que tales hallazgos –del control motriz- podían ser útiles incluso para la sociedad humana. Hay un libro de tal profesor donde expone sus ideas: Control físico de la mente: hacia una sociedad psicocivilizada, desafortunadamente no lo he visto en las bibliotecas que conozco ni en los buscadores de las mismas, tampoco está online.

Este asunto de cuestiones motoras también lo aplicó con humanos. Sigo hablando de Rodríguez Delgado. Este asunto es el primero que me interesa. Rodríguez Delgado colocó electrodos en el cerebro de una persona, y ésta cerraba el puño de manera involuntaria luego de las determinadas descargas eléctricas. Así las cosas, nuestro científico le pidió a la persona que mantuviera los dedos estirados tanto como pudiera: cuando Rodríguez aplicó la descarga –que son realmente muy pequeñas- eléctrica, el paciente cerró el puño. “El paciente dijo entonces: Creo, doctor, que su electricidad es más fuerte que mi voluntad.”²

Teniendo en cuenta esto, ¿estamos ‘subordinados’ a descargas eléctricas? Existe una postura conocida como ‘determinismo biológico’, no profundizaré en este asunto, pues planeo escribir en Jóvenes Construyendo respecto a la ética evolucionista, pero lo que quiero decir de esto, es que esta postura puede tener un matiz que en lugar de ser sólo de tipo biológico, puede ser neurológico. Tal matiz implicaría que no somos libres: se da un conjunto de cosas y nosotros actuamos, tal cual como una máquina.

Si es verdad que nuestro mecanismo es como el de una máquina, cosas como la espontaneidad no tienen cabida, tampoco –en sentido estricto- la originalidad: simplemente actuamos dado un estado de cosas. Quizá sea un argumento débil, pero es posible. Sigue siendo inquietante que la voluntad sea más débil que una descarga eléctrica.

Las investigaciones por medio de manipular algunas zonas cerebrales vía electrodos dejaron de ser tan impresionantes, ya que sólo afectaban a cuestiones motoras, y algunos sugerían que el dolor y el placer son cosas diferentes y superiores. Sin embargo, posteriormente se crearon artefactos para que cualquiera se diera el placer las veces que quisiera.

El otro asunto que me interesa es lo que se conoce como ‘bio-retroalimentación, este lo dejaré para otro escrito. Por ahora cabe saber –y de verdad entenderlo- que distintas de las cosas que dirigen nuestra conducta y nuestra vida pueden ser manipuladas vía unas descargas eléctricas. Los experimentos han sido hechos tanto en chimpancés, gatos y perros –por supuesto que todos son cuestionables, pero por alguna extraña razón se evitan los temas éticos o no se les da importancia-. Si somos así de ‘manipulables’, nuestra personalidad es sólo una de un abanico posible de distintas opciones –cabe decir que experimentos con animales algunos se volvían más violentos, sumisos, etc.-. La pregunta que podríamos hacernos es ¿sólo existe esa vía de modificar una parte de lo que somos?


¹ Téllez, Miguel, Nuestro cerebro y nuestro comportamiento, publicación quincenal en el blog “Jóvenes Construyendo”, visitada el 1 de enero. Ver., http://jovenesconstruyendo.org/nuestro-cerebro-y-nuestro-comportamiento/

² Pines, Maya, Los manipuladores del cerebro, tercera reimpresión, {Trad. de Natividad Sánchez Sainz-Trápaga}, Alianza, España, 1989, p.48.


Bibliografía

Pines, Maya, Los manipuladores del cerebro, tercera reimpresión, {Trad. de Natividad Sánchez Sainz-Trápaga}, Alianza, España, 1989.


Imagen: http://www.datonovedoso.com/category/vida-sexualidad/psicologia/

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