Censura Parental

Por Elisa Horta

Muchas veces uno tiene la idea de sentarse, tranquilamente, a ver algo en la televisión o en su celular. Prende dicho aparato y se sienta, o acuesta, en toda su tranquilidad a esperar a que empiece el contenido de lo que sea que queremos ver en ese momento. Muchas veces pasa de la misma manera con un libro o hasta una revista. Uno simplemente quiere hacerlo hasta que, casi de la nada, es detenido.

¿Qué estás viendo?’ Suena la voz de un padre, una madre, algún familiar que va de paso o un amigo detrás de ti. ‘¿Qué haces?

Y claro que uno contesta de la manera más sencilla y directa posible. Con la verdad, vamos.

Pero, de pronto, es como si lo que estuviésemos haciendo fuera de lo peor.

A mi me ha pasado varias veces, he de admitir que soy una persona cuya curiosidad no es tranquilizada ni con las mismas respuestas de lo que tanto busco o quiero saber. A veces comienzo con una pregunta y tan pronto como la he resuelto soy inundada por mi misma con muchas otras hasta que llego a unas cuantas que no tenían ni lo más mínimo relacionado con el primer tema de interés. Será que simplemente me gusta el hecho de saber en sí.

Últimamente este fenómeno ha influenciado a varias de las personas con las que me rodeo y desarrollo, con las que paso tanto tiempo que ellos también tienen grandes efectos en mi y que ejercen una fuerza lo suficientemente significativa como alterar mis comportamientos y acciones.

Mis papás son parte de esas personas.

Ahora, es complicado infectar esta clase de curiosidad y necesidad de conocimiento cuando es, potencialmente peligroso, que nuestros padres sepan como pensamos y qué es lo que hacemos todo el tiempo. No está mal, básicamente es su deber y responsabilidad, pero ciertamente a los adolescentes les puede causar más que simple consternación y/o preocupación.  A veces nos pone hasta nerviosos.

Uno de las decenas de posibles resultados que pueden tener esta clase de relaciones en el hogar es lo que llamo ‘censura parental’. Y no es exactamente algo que despierte en nuestros papás o tutores cuando comenzamos a ganar y generar autonomía e independencia. Desde que somos pequeños siempre están muy al pendiente de lo que hacemos, de lo que vemos, oímos y decimos. Sabemos que lo hacen por nuestro bien, cierto, pero hay momentos en los que uno no puede evitar sino preguntarse cuál es la verdad detrás de toda esta protección cuando pasamos cierta edad.

Siendo yo una adolescente de ya diecisiete años, feminista por necesidad y convicción, además de insufriblemente defensiva, mis padres parecen encargarse cada vez más de filtrar lo que llega a mis manos, ojos y oídos para evitar alimentar a la bestia que, ellos consideran, habita debajo de mi cama.

Sin embargo hay cosas que no pueden controlar. Ni aunque quieran.

Una de esas cosas es el catálogo en línea de los servicios de streaming. Ni mis días libres del bachilleraro. Y cuando mezclas estos dos factores, más un sillón lo suficientemente cómodo, los posibles resultados son prácticamente tan variados como la misma variedad que ofrece una pantalla. Casi infinitas.

Así es como llegué a una producción francesa llamada “Je ne suis pas un homme facile” (‘No soy un hombre fácil’, en francés) en la que un hombre sexista de mediana edad se golpea en la cabeza con tal intensidad que despierta un mundo en donde los roles de género son completamente invertidos. Las compañías están dominadas por las mujeres, al igual que la política y los trabajos en general. El hombre es el que se encarga de la casa y se ve obligado a seguir ridículos requerimientos y estándares de belleza prácticamente inalcanzables, son sexualizados y la mujer es la figura del poder. La historia gira en torno a la figura femenina, la masculina se queda atrás y se encuentra en un momento donde exige igualdad y equidad, justicia y libertad.

De verdad, un giro de 180° a nuestra actualidad.

Ahora, ¿el problema que veían mis papás conmigo viendo la película? Honestamente, lo desconozco.

Pero esa es la parte menos importante de este texto, pues lo realmente vital es la intención del significado detrás de su regaño cuando me vieron muy tranquila en el sofá, viendo la película.

Me pregunto, constantemente, si hubieran preferido que no viera el filme por la manera en la que se trata al hombre, espejo metafórico de la mujer, durante las escenas más importantes. En el acto sexual el protagonista se ve simplemente asqueado, incómodo y sinceramente abrumado. Es prácticamente usado como muchos otros se ven en la película, siendo accesorios de mujeres ricas y poderosas que piensan que con indultarlos con algunos regalos estarán bien. Son vistos como objetos de deseo y coqueteo indeseado, avances sexuales indeseados y tratados como la menor porción de la sociedad. Quizá querían protegerme de toda esa fotografía, que es una realidad para millones de mujeres en la actualidad, y que quizás la vida me enseñara más delante de que se trataba todo esto.

Y no tenía sentido, porque no vi nada que me impresionara. Nada que no supiera ya, incluso si he sido lo suficientemente afortunada como para ser una mujer joven en pleno siglo XXI y que no haya atravesado estas incómodas situaciones, sé exactamente a qué se refería la película.

Ahora todo tiene más sentido, es más claro.

Comprendo mejor porqué los padres quieren que los niños sean inmunes al sufrimiento y al dolor de cosas como el divorcio y la muerte, las separaciones y la pobreza o las enfermedades. Me es lógico porqué prefieren que los pequeños no sepan de la sangre, de las heridas, de la cruda realidad de las necesidades y los crueles panoramas que pinta la economía frágil o los problemas de familia en general.

Todo esto se puede ver en el cine, en la tele, se escucha en el radio y es el objeto de cientos de novelas y cuentos de ficción que llegan a nuestras manos. Y si ellos piensan que no lo tenemos porqué ver ahora es para que no pase como me pasó a mí. Quién vio una película sobre el sexismo pensando que lo que estaba siendo proyectado no era más que lo normal.

Quizás no fui del todo censurada.


Imagen: http://www.emptykingdom.com/featured/chad-wys/

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