Carnaval en Tlaltenco: un evento no sólo implica festejo

Por Miguel Téllez

Expondré dos problemáticas que desde hace algunos años se viven en Tlaltenco, Tláhuac, cuando llegan los días de carnaval. Mi intención es señalar que las problemáticas no tienen una causa única. No propondré una solución explícita a los problemas –a manera de receta-, considero que el entender que existen diversas variables en juego nos ayudará a comprender que si buscamos una solución eficaz, ésta debe tener en cuenta tales variables: si las ignora, nuestras medidas serán defectuosas.

Tlaltenco es uno de los pueblos de la alcaldía de Tláhuac. Conozco bien Tlaltenco: es donde vivo. Puedo decir que es un lugar tranquilo, donde aún no hay edificios como en otros sitios de la CDMX. El paso del tiempo ha afectado respecto a asuntos de delincuencia y deterioro de la zona. A pesar de esto último, Tlaltenco tiene tintes de pueblo que poco a poco se urbaniza, y lo mismo ocurre con sus habitantes: están las diversas generaciones –que por comodidad usaré-, desde la X, Millennials y la Z.

El carnaval de Tlaltenco tiene casi un siglo de tradición. Existen diferentes comparsas que hacen posible el evento: “El Club”; “Sociedad Benito Juárez”; “El Guadalupano”; “La Guadalupana”; “Barrio Fuerte” y “Los Chupamaros”. El carnaval comenzó el fin de semana pasado –del 16 al 18 de febrero.

Cuando yo era niño –allá por el 2000-, uno de los “hobbies” entre compañeros de la primaria era coleccionar casquillos de arma de fuego: estaba permitido a los charros disparar al aire. Esto quedó prohibido y hoy día ya no se efectúan disparos: ahora se utilizan unos artefactos metálicos que simulan una pistola pero funcionan a base de un cohete que explota –o eso es lo que tengo entendido.

El carnaval es un festejo muy querido entre los habitantes, y no hay duda que beneficia a los vendedores -también a los organizadores de los carnavales-, locales de comida, talleres de costura, etc. Cada año más personas vienen a disfrutar de tal fiesta: sea observando o hasta bailando.

Todo ha sonado más o menos bien: fiesta, diversión, baile, etc. Sin embargo, hay situaciones que llegan a opacar la fiesta, una es la primera problemática que abordaré: peleas.

Como en cualquier celebración, en el carnaval hay alcohol –entiendo por alcohol: tequila, pulque, micheladas, etc. Años atrás la venta de alcohol estaba permitida; ahora se ha implementado la ley seca durante los días del carnaval. Sin embargo –y como el lector ávido ya habrá podido imaginar-, conseguir alcohol es posible. Pero, ¿todo el asunto de las peleas es por las bebidas? ¿Haciendo una prohibición total, no sólo de comprar alcohol, sino hasta de consumirlo, hará que esa problemática desaparezca? Considero que no.

Hay personas que están algo así como “comprometidas” con su comparsa, como cuando el fanático del futbol llora porque su equipo perdió e incluso es capaz de agredir físicamente al “rival”. Muchas de las peleas que han ocurrido son por esa “rivalidad” entre comparsas, un ejemplo es el “duelo” entre “El Club” y “La Sociedad”. En mi caso, no estoy casado con ninguna comparsa: considero que todas son del mismo pueblo, muchos son vecinos, sino es que hasta familia. Generar una rivalidad en un festejo no le veo lo interesante, al contrario, tiramos al suelo la supuesta “identidad” que hay entre mexicanos: aquí de repente hay ciudadanos que no pueden tolerar al otro sólo porque forma parte de una comparsa diferente.

No quiero decir que la rivalidad es el factor de las peleas, no. Lo que digo es que influye. Sin duda el consumo de alcohol merece responsabilidad, y se debe ser todavía más responsable si se hará en una festividad que ocurre en las calles, donde estamos rodeados de más de quinientas personas. Menciono esto porque una prohibición absoluta no tiene sentido, la regulación es razonable –las autoridades son conscientes que sólo está prohibida la venta con la ley seca-, pero de todas maneras se requiere de responsabilidad como de seguridad: hay que señalar que no suele haber demasiada vigilancia en los carnavales.

La segunda problemática es el caos vial. La disputa se resume en esto: 1) la tradición de este pueblo afecta mi circulación en carretera y 2) esa tradición debería desaparecer porque causa mucho congestionamiento vehicular.

Notemos que esas conclusiones ven el festejo como problema: el remedio es eliminarlo. ¿Las soluciones deben ser así? Como mencioné antes, el carnaval afecta también de manera positiva a las personas, no todo es perdición o algo semejante. Yo haría las siguientes preguntas: ¿Ha existido una atención debida y precisa por parte de las autoridades respecto al caos vial? ¿Conducimos de manera organizada como para juzgar que un cierre vial es el causante de tanta pérdida de tiempo? Las respuestas a ambas preguntas son negativas.

Entiendo el malestar de cierre de vialidades: cuando iba al bachillerato debía cruzar por calles de Xochimilco, y cualquiera que viaje por tal alcaldía sabrá que hay fiestas por doquier. Lo peor: sus avenidas y calles son estrechas. En Tlaltenco la vialidad importante es Avenida Tláhuac. El cierre suele darse desde el Metro Tláhuac hasta la Iglesia de Mazatepec –más o menos en medio de la distancia de Metro Tláhuac a Metro Tlaltenco, una estación.

Agreguemos al cierre de este pequeño tramo que los microbuses hacen parada frente al Metro Tláhuac –lo cual está prohibido. Sumemos variables: poca participación de las autoridades, el caso de los microbuses y nuestro nulo conocimiento del 1×1: ¿el cierre por una tradición es el único factor? No.

Festejar implica responsabilidad cuando hay terceros. Criticar un cierre por una tradición es un tópico viejo que regularmente se refugia en la frase de cereal de “tu libertad termina donde la mía empieza”. Las cosas son más profundas: aceptemos que no tenemos la educación vial suficiente, las autoridades se ausentan, entre otras cosas. No defiendo a “muerte” este festejo, dado que he presenciado peleas, el ruido de los bailes –luego del carnaval- hacen difícil dormir, etc. Seamos razonables y sigamos pidiendo que nuestras instituciones hagan por el orden: en lo social no hay una piedra filosofal, todos tenemos compromiso.


Imagen: http://cronicariodesergiorojas.blogspot.mx/2013/04/san-francisco-tlaltenco_25.html

 

 

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