Candidaturas independientes sorpresivas

Por Brandon Ramírez

La semana inició con una noticia que trastocó la forma en que, parecía, se desarrollará la elección presidencial de este año, pues Jaime Rodríguez, pese a que el INE invalidara el 58% de sus firmas de respaldo para su candidatura, aparecerá, muy probablemente, por resolución del Tribunal en la boleta (tema aparte y para otro momento lo que implica esto para los procesos electorales venideros). Esta por verse, en este punto, si el tercer aspirante con mayor número de apoyos, Armando Ríos Piter, conseguirá lo mismo.

La idea de las candidaturas independientes debería ser una obviedad en cualquier democracia. En México, desde el caso de Jorge G. Castañeda hace unos lustros se han dado pasos hacía el camino de posibilitar y normalizar esta figura… pero aun nos quedan varios más. Es cierto que a nivel local la lógica es distinta y la facilidad o, al menos, mayor accesibilidad para los aspirantes independientes es mayor para cumplir con los requisitos.

Actualmente, resulta difícil pensar que un ciudadano realmente independiente de cualquier partido político o grupo de interés podría lograr construir una estructura que le respalde para cumplir con los requisitos necesarios para postular una candidatura a la Presidencia. Incluso es difícil pensar que se llegue un día a generar condiciones estructurales que lo permitan, puesto que el tamaño de nuestro país en términos poblacionales y territoriales son considerables.

Esfuerzos a nivel federal al Senado o una diputación son más franqueables. Evidentemente debe existir un listón que filtre el número de opciones que lleguen a la boleta, pero debe estar en concordancia con la posibilidad real de alguien con un proyecto serio de lograrlo sin muchas trabas. Más allá de los nombres, los intereses detrás, los tejemanejes internos de nuestro sistema de partidos, un mayor número de candidatos es, a priori, preferible a un abanico de opciones más cerrado.

Tristemente lo que tenemos hoy en nuestro país a nivel federal está lejos del marco deseable para una democracia consolidada. Insisto en el hecho de que la idea de los independientes debe ser algo normalizado y obviado, y no los titulares de los diarios y temas del momento en las redes dado decisiones de los tribunales.

La entrada de un participante más (o los que se sumen) a la boleta debe ser plausible, el hecho de hacerlo por decisión de un tribunal pese a probadas irregularidades en sus procesos de cumplimiento con los requisitos, algo censurable. Cada proceso electoral se recuerda aquella frase de desprestigio a las instituciones de un candidato, censurado por muchos; hoy se sigue recordando, pero también el desprestigio se puede generar desde las propias instituciones. Las probadas irregularidades con la fiscalización de recursos en procesos del año pasado, mecanismos de “compra” de votos igualmente comprobados, todo lo que rodeó al Partido Verde en 2015, y un sinfín de casos más que desde el INE se buscó sancionar, en algunos casos, y fueron echados por atrás por el tribunal, y algunos otros que no fueron siquiera investigados, siguen ahí, y no ayudan a generar la confianza que desde 2006 con la serie de criticas de la coalición perdedora ha enmarcado nuestros procesos electorales.

Es memorable aquel primer IFE, que fue tan disruptivo, tuvo las condiciones a favor de estar presente en el cambio de partido en el ejecutivo federal, y generar por primera vez en el país la sensación de que los cambios por la vía electoral eran posibles y las elecciones si servían para elegir, tras lo ocurrido en 1976 o 1988. Obviamente que desde los noventas a nuestros días, nuestras instituciones electorales son más robustas, nuestra normatividad electoral, aunque por todos los escándalos y críticas se han envuelto en una lógica de sobrerregulación que raya lo absurdo, en algunas cuestiones, dan suficiente certeza el día de la elección. Pese a que todos los candidatos, en especial para las elecciones ejecutivas (estados y presidencia) tienden a no esperar los resultados para proclamarse vencedores, y siempre buscan dejar la sombra de la duda sobre la veracidad de los resultados, quienes hemos participado como funcionarios de casilla, o dentro del propio INE o como observadores, sabemos con más o menos claridad que el día de la jornada, el proceso es bastante pulcro.

Las irregularidades, que las hay, suelen darse en estas épocas, previas al día de la elección. Lejos de llamados a defender las urnas, algo a lo que los candidatos evidentemente deben prestar atención, por sus intereses particulares, lo que acontece en estos periodos de antesala electoral es a lo que como ciudadanos deberíamos estar más atentos y comprometidos en no formar parte de las irregularidades, denunciarlas y criticarlas… deberíamos… Debemos.


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