Campañas negras. La guerra sucia bajo la sombras

Por Alejandro Pocoroba

 

Dentro de las sociedades democráticas el proceso de elección para representación pública, es a través del ejercicio de las campañas electorales (CE); procesos rutinarios donde los candidatos  compiten por votos. Las estrategias de las CE van desde proselitismo en las calles hasta la difusión de spots en medios de comunicación.

A pesar de que en el artículo 233 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), establece que los candidatos y/o las coaliciones deberán abstenerse de denigrar a instituciones, partidos políticos o personas, la llamada “guerra sucia” se hace presente como ente malvado de las campañas electorales.

Husmear en la vida privada de los candidatos para encontrar defectos y/o vacíos, inventar declaraciones, calumniar, evidenciar negocios de familias; todas las acciones y estrategias que se le puedan atribuir para  desacreditar al postulante y a su partido, constituye al juego de la campaña negra (guerra sucia, sinónimos).

Basta recordar el episodio de elección a la presidencia de 2006, donde al candidato de Coalición para el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, fue bombardeado con spots de televisión y radio durante cerca de cinco meses de campaña (Coronel, 2012). Circulaba la imagen del candidato junto con la leyenda de “Un Peligro para México”.

Otras campañas que se han visto manchadas por la llamada guerra sucia son: En Sonora, Claudia Pavlovich (PRI) y Javier Gándara Magaña (PAN); en Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón El Bronco (Independiente); en Colima, José Ignacio Peralta (PRI); Michoacán, Silvano Aureoles (García, 2015) por mencionar algunas.

Basta con promover spots en medios de comunicación, pancartas o espectaculares para incitar el odio y/o desprecio contra un partido o candidato. Bajo este telón, Valdez (2012), indica que el miedo y la ira se han constituido como políticas de Estado y como instrumentos de control y dominación, generando un pueblo atemorizado, indignado y fastidiado, por lo tanto, cuando se exponen a los nuevos candidatos se busca comunicar y hacer sentir a los votantes que en caso de que el opositor llegue al poder pueda corromper, destruir y poner en riesgo el futuro de la ciudadanía.

Siguiendo con Valdez (2012), “apelar al miedo es propio, aunque no exclusivo, de campañas electorales de partidos en el poder, y apelar a la ira, lo hacen, generalmente, los partidos y candidatos que están en la oposición” (136). Es  decir, las campañas negras usan el miedo para incentivar a la incertidumbre y la inseguridad en caso de que llegue el opositor al cargo. Por ejemplo, amenazar a trabajadores de dependencias gubernamentales a votar por el partido en el poder, de lo contrario correrá riesgo de perder su trabajo. Mientras que la ira se usa para descalificar al candidato opositor a partir de exhibirlo en sus conocimientos, en su oratorio o, en caso de tuviera trabajos pasados en la función pública, descalificarla y/o buscar errores. Tartamudear frente al público, fallar en conocimiento generales, acciones inadecuadas durante el cargo, etc.

El miedo y la ira tienen un gran poder de movilización en la ciudadanía, pareciera ser que los partidos y los candidatos no buscan que sus propuestas sean serias, comprometidas, racionales, etc., sino que hagan sentir emociones a los votantes y, sobre todo, cuando se cristaliza al culpable. Los candidatos se presentan como los “buenos” y sus contrincantes los “malos”.

Pareciera ser que las campañas negras son todo lo que sucede en lo público, pero se encuentran dichas entre líneas. En otras palabras, los mensajes de los partidos llevan consigo un gancho o bien un primer golpe, el cual funciona como trampolín para envestir con más golpes, será el contrincante qué tanto puede responder y con base a ello podrá recontratar. Basta con mirar un debate entre candidatos y candidatas para visualizarlo.

Si bien el COFIPE atribuye las facultades necesarias al INE para retira cualquier tipo de mensaje difamatorio, detener campañas y multar a los responsables, sin embargo, existe un hueco: las redes sociales.

El uso del Internet ha ayudado a difundir gran información en muy poco tiempo, como también a un bajo costo y los jefes de campaña lo saben muy bien. A partir de las redes sociales se ha podido dar un boom de mensajes proselitistas a gran parte de la población, sobre todo, a los jóvenes que son ellos quienes hacen un mayor uso de este mundo digital. De esta manera, Facebook, Twitter, Instagram, etc., han funcionado como calles digitales para realizar propaganda política en tiempo de elecciones; desde notificaciones de los partidos, perfiles de los candidatos, etc., inclusive realizar presentaciones en tiempo real a través de ciertas aplicaciones (apps)

Sin embargo, las campañas negras son las que mayor han aprovecha el punto flaco del COFIPE ya que pueden difundir ataques de lodo (mensajes negativos) de los candidatos(as) opositores, de manera totalmente anónima. Hacen viral información de dudosa procedencia con el objetivo de descalificar al candidato o candidata sin poder tener un posible culpable. La creación de perfiles “falsos” donde se busca descalificar al candidato, pero haciendo creer que la cuenta es auténtica o bien la difusión de videos donde el comportamiento del candidato no fue el más adecuado, criticando y visibilizando los errores del postulante. Además, la introducción de los Memes en las campañas políticas a contribuido a perpetuar la guerra sucia, a partir de ellos se ridiculiza y populariza a los candidatos y a sus partidos.

Las emociones y el hacer sentir son aprovechadas estratégicamente por las campañas negras (rutinarias), es esencial para poder movilizar opiniones e influir en la votación; estas puedan servir para reforzar o destruir predisposiciones. No obstante, las campañas electorales son para presentar las propuestas de cada uno de los candidatos, más que la tierra que se pueda aventar; se trata de escoger al mejor postulante, no al mejor verdulero. “En fin, son el miedo y la ira, más que el amor y la propuesta, lo que moviliza a los votantes o perder elecciones” (Valdez, 2012: 140)


Bibliografía.

Coronel, Juan (2012) “Campañas negras: la guerra tras las sombras” en Revista el búho. Disponible en. http://www.revistaelbuho.com/articolo.php?act=articolo&id_articolo=330&id_categoria=60 Consultado el día 12/05/16

García, Ariadna “Campañas sucias, el sello electoral en comicios 2015”, México, El Universal. 4 de mayo. Disponible en: http://archivo.eluniversal.com.mx/nacion-mexico/2015/campanias-sucias-el-sello-electoral-en-comicios-2015-1102279.html Consultado el día 12/05/16

Valdez, Andrés (2012) “El miedo y la ira como estrategia en las campañas electorales” en Reflexión Política, vol. 14, núm. 27. Colombia: Universidad Autónoma de Bucaramanga. Pp. 134-140


Imagen: http://mpolitico.com/wp-content/uploads/2015/07/cartoons-yelling-at-each-others.jpg

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