Cambio a Manos Estudiantiles

Por Elisa Horta

Parkland, Florida. Corre el 14 de febrero cuando un miembro de una pequeña comunidad escolar abre fuego contra decenas de personas inocentes. Las bajas corren por diecisiete, hasta la fecha. La mayoría de las víctimas son otros estudiantes, los tweets de los sobrevivientes aún resuenan en las redes sociales y los vídeos que no se han dado de baja continúan por romper corazones. No es la primera del año, ni un evento que no estemos acostumbrados a escuchar por las noticias. Estados Unidos aún no impone regulaciones más fijas y serias sobre la compra y uso de armas, catorce días después. No lo ha hecho desde Sandy Hook, seis años atrás y parece ser que no lo hará aún. La Suprema Corte no cambia nada, ni siquiera 63 tiroteos después.

Estados Unidos sigue siendo uno de los países más violentos, el mundo pide nuevas reformas y no se cede de ninguna manera, es más fácil conseguir un arma que un huevo de chocolate Kinder.

CDMX, México. Una de las máximas casas de estudio del país, la UNAM, se ve envuelta en un escándalo de violencia inaudito. Es un viernes de febrero, el pasado 23, para ser exactos y una riña entre personas vinculadas al narcomenudeo dentro de la ciudad universitaria causa pavor entre los estudiantes, dos descensos después. La policía capitalina no puede intervenir dentro de CU, 29 narcomenudistas son detenidos y los estudiantes no dejan de quejarse sobre la seguridad interna de este instituto. Los eventos que aún continúan desenvolviéndose en la Universidad Nacional Autónoma no son más que un sólido reflejo de un México dañado y golpeado por la corrupción y la violencia provocada por los grupos delictivos que infectan nuestra sociedad.

México no ha dejado de ser una nación marcada por el narcotráfico, y en medio de una guerra sucia, de calificación presidencial, parece ser que nos hemos vuelto ignorantes ante una de las más grandes enfermedades de nuestro país.

Puede que estos dos eventos, separados por apenas días entre sí, nos parezcan completamente aislados uno del otro. Y, es cierto, la masacre de Parkland no tiene relación alguna con la situación en nuestro país. Ni nuestros problemas internos de drogas y crimen organizado han ejercido alguna especie de influencia en esta clase de desgracias humanas. No hay mucho que analizar sobre los eventos en sí, pues ni los motivos o los resultados han sido similares en lo más mínimo.

Lo que debe de interesarnos, ha sido el después.

Emma González se ha convertido en una inspiradora fuerza para el movimiento de reforma contra las armas de fuego en Estados Unidos, tiene dieciocho años y la cuenta de sus seguidores en Twitter (@Emma4Change) crece al millón, superando a la propia cuenta de la NRA, organización nacional que se centra en el derecho a portar armas. Esta latina, tiene tan solo 18 años.

Emma es una estudiante tal y como los que se han levantado dentro de la UNAM y piden seguridad y justicia a gritos ensordecedores. Las pantallas de un pasado partido de fútbol soccer en la ciudad universitaria se encargó de dar a conocer el mismo mensaje que las cuentas sociales de otros miembros de la institución y de esta misma: “Fuera Narcos de la UNAM.”

Ambos países están familiarizados con la fuerza estudiantil, desde las Little Rock Nine que lucharon contra la segregación racial en las escuelas americanas hasta nuestras protestas del jamás olvidado 2 de Octubre. Estamos conscientes y reconocemos el poder del futuro de los países que reside dentro de las aulas escolares y corre por los pasillos con tareas que entregar. Conocemos bien quienes son el verdadero motor de la sociedad pensante y racional de las naciones.

Los estudiantes.

Desde una chica que decide hablar en nombre de sus compañeros durante once minutos en una protesta hasta los chicos que manejan páginas de redes sociales, los estudiantes se han convertido en la nueva fuerza tanto política como activista del presente. No es fácil intentar equilibrar tareas, proyectos, clases, descanso, diversión, pareja y amigos para luego, encima de todo esto, agregar una fuerte dosis de activismo social y político que está dirigido a cambiar el mundo en el que vivimos. Pero lo intentamos, lo hacemos.

Como estudiantes siempre se tienen docenas de distintas actividades y obligaciones con las que cumplir, uno debe estar al pendiente de todo aquello que le rodea y muchas veces es sencillamente abrumador, pero nada de esto es capaz de detenernos y hacernos pensar que el mundo del exterior es menos importante que el que a veces creamos en nuestras bancas durante las horas de clase. Los miembros de una carrera, un grado o un grupo se destacan por muchas cosas, ya sea el promedio o su creatividad e ingenio para arreglar y organizar proyectos y eventos, pero nunca faltará aquel que destaque por luchar por un futuro en el que todos sus compañeros se verán involucrados.

Lo que relaciona a Parkland con la Ciudad de México, hoy por hoy, se trata de esa misma noción de responsabilidad social que tienen los estudiantes de luto y los que se arman de valor para entrar a clases en un complejo educacional en el que hay fuertes probabilidades de violencia donde menos se espera. Son estos grupos de fuerza imparable los que se aseguran de luchar por lo que quieren y merecen, por cuidarse a sí mismos y a su alrededor con el único propósito de buscar asegurar un futuro para todos.

Sin ellos, su coraje y valentía, es muy probable que no haya un mañana para los sobrevivientes que han logrado convertirse en profesionistas. El compromiso es con el país y el mundo entero, la prevención no es sólo por los que siguen si no por uno mismo que debe continuar su camino.

Parkland siempre se recordará y la UNAM seguirá en la mira de todos hasta que los estudiantes logren sus cometidos y sus metas.

Y, siendo honestos, con la determinación y el poder de todos los jóvenes que se encargan de construir un fuerte puente para el cambio, no puede haber duda alguna de que se logrará lo que más se desea. El chiste es no rendirse y nunca he escuchado de un solo alumno que sea capaz de tirar la toalla ante lo que más desea, lo que más anhela.

Puedo decir con seguridad, de que ya no dependeremos de aquellos que buscan controlarnos y mostrarnos el camino. Los estudiantes pueden hacerlo por si solos, ya no dependen de nadie. El cambio lo hacemos nosotros, lo hacemos todos.


Imagen: https://bahiacesar.com/2015/10/05/la-educacion-es-un-arma-de-construccion-masiva/

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