Cabeza en alto, que quedan muchas cosas por las que seguir andando

Por María Fosado

 

Cuando crees que todo lo tienes controlado, cuando sientes que nada te pudo haber salido mejor, cuando puedes tener casi la certeza de que todo va en el orden perfecto, todo calculado, que las cosas van bien y en el mejor sentido, y al final, todo cambia.

De repente eso que jurabas que estaba bien, que sentías que podías con todo y contra todo, llega un rayo que parte todos tus esquemas y todo se sale de control.

Estás que no te lo puedes creer, y no es porque sea algo maravilloso, sino todo lo contrario.

El rayo te ha partido en pedazos, cuando te das cuenta de que muchas cosas están arruinadas y la principal de ellas es la confianza.

La confianza es como un vaso de vidrio, imagina que lo agarras, lo tiras al suelo, obviamente se rompe y por consiguiente, trata de pedirle perdón. ¿Vuelve a estar como antes?, por supuesto que no.

Todos sabemos cómo es sentirse defraudados por alguien que realmente ha sido importante para nosotros, todos hemos mentido alguna vez en nuestra vida, tanto para ocultar algo que fue malo o sólo para librarnos de una tremenda regañina.

Tú has perdido la confianza en alguien, ese alguien ha perdido la confianza en otra persona, y muchas veces, nos toca de la experiencia más dolorosa, que nos pierdan la confianza.

Cuando nos pierden la confianza, nuestras acciones son las que han derramado la última gota de ese vaso que se rompe, al que intentas pedirle perdón para intentar arreglarlo y por todos los medios buscas  poder solucionar lo que hiciste. No hay remedio. Ya no hay tiempo para “intentar” arreglar algo que siendo frágil se ha roto.

Siempre he sido la intuitiva, la que hace suposiciones que a saber verdad que eran ciertas o sólo alucinaciones mías, pero la mayoría de las veces acertaba, de esas personas en las que saben toda la historia pero prefiere preguntar para salir de dudas, aun arriesgándome a escuchar mentira.

Qué horrible es que a uno le mientan, sentimos que se ha roto un pedacito de nuestra alma, pero creo que es aún peor ser descubierto en la mentira.

Todos hemos mentido para protegernos, para quizá tener la certeza de que podemos controlar la situación, que sentimos que todavía la tenemos de nuestro lado, pero en realidad sólo nos mentimos a nosotros mismos.

Algunas cosas me parecían incorrectas cuando las veía en los actos de otras personas, algunas cosas que juraba que yo nunca haría, he terminado haciéndolas, tal vez no del mismo modo, tal vez no con la misma estrategia, pero al final lo he hecho.

No creo que exista alguien a quien no se le pueda mentir, todos hemos sido víctimas de las mentiras, existen personas que es difícil verles la cara de tontos, pero si no se les miente, por lo menos sí se les logra confundir.

Muchas veces no somos capaces de ver los riesgos que corremos de mentir hasta mucho después, hasta después de haber hecho el daño. Hasta después de haber roto ese vaso e intentar repararlo.

Cuando sientes ese balde de agua fría al conectar con tu realidad, cuando creías que todo estaba bien pero te has llevado la sorpresa de que alguien ha descubierto en el lío en el que te has metido.

Tanto he aprovechado oportunidades, como otras que no supe cómo tomar con ambas manos.

Creo que lo que más nos limita en este mundo, lo que hace que sucedan las cosas que justamente no queríamos que sucedieran es el miedo, el miedo a que sucedan y suceden.

No intento dar una solución a la confianza destrozada, tampoco algún consejo para vivir no ser descubierto, sólo reflexiono sobre mis actos.

Cuando defraudas la confianza de aquellos que más te han estimado, el cariño va disminuyendo. No es como que te dejen de querer de la noche a la mañana, así como todo en esta vida se construye, hay cosas que igual se destruyen con el tiempo.

Defraudas la confianza de alguien y muchas veces te preguntas: “¿Y ahora qué hago?”, cuando en realidad en vez de preguntar qué diablos debes hacer, en realidad deberías decirte a ti mismo que es tiempo de seguir.

Aceptando nuestros errores, aceptamos todas aquellas cosas que nos parecen como buenas y también aquellas que nos parecen malas, entonces ¿por qué no aceptar el hecho de que te has equivocado y que debes seguir adelante?.

Si los demás han dejado de creer en ti por algo que hiciste y no era lo correcto, lo que queda es confiar en uno mismo, en que las cosas a su debido tiempo se acomodan, que lo mejor que puedes hacer es eso, sólo confiar en ti mismo; es cuando puedes darte cuenta de lo fuerte que eres para poder seguir adelante. El paso se aligera, porque no estás al pendiente de saber cuándo recobrarán la confianza los demás en ti.


Imagen: https://www.flickr.com/photos/yllparisienne/

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