Browne, Gombrowicz y Henríquez Ureña en Borges

Por Dante Noguez

Browne

El Dr. Pablo Maurette parece ser uno de los más avezados estudiosos actuales de la relación entre Browne y Borges. Tanto en su estudio introductorio a la Religio Medici publicada por el FCE, como en su minuciosa conferencia sobre este mismo asunto (cf. https://youtu.be/iVcs7rLoQY0), ha quedado así patente. Pero, como todo humano, no está exento de descuidos. Echemos un vistazo a aquellas cuestiones que, a mi juicio, constituyen esos descuidos.

A pesar de que estudiar a Borges desde sus precursores suponga un acierto indiscutible, ese intento de reducir cuentos como el de Tlön o El Aleph a la influencia de un solo autor —como Maurette parece intentar hacer con Browne— supone un craso error, porque así como halla la influencia del Musæum Clausum, o la posible (aunque dudosa) referencia a los losanges en La muerte y la brújula, se hallan también, en un mismo cuento, un montón de referencias más (bien pudiéramos reducirlo a Berkeley si quisiéramos, por ejemplo, y sería igual de equivocado). Borges, casi a cada línea que escribe, va cambiando de referencias, precursores, alusiones, influencias, &c. (De hecho, Pablo recuerda los commonplace books, pero no repara en que no solo los artículos de Borges abundan en citas, sino también sus cuentos).

Por otra parte, que subrayara lo de escribir latín en español está muy bien: Borges tiene incontables giros latinos (Virgilio es un ejemplo ya estudiado por Francisco García Jurado) que adapta al español. También llega a decir de El Aleph que el afán de Daneri nos remite al Poly-Olbion de Michael Drayton, y esta tesis es más atendible, aunque a mí me parece que esos versos de Daneri son sátiras de su barroquismo juvenil; y Harold Bloom sugiere que se está burlando de Neruda. A continuación dice que la descripción borgeana del Aleph, sin afán exhaustivo, es browneana porque Browne tenía rasgos de anticuario (de seleccionador, digamos). Esta tesis es bastante floja si la contrastamos, por ejemplo, con el hecho de que El Aleph —por sus personajes— refiere más directamente a la Divina Comedia, y en la Commedia, cuando Alighieri ve a Dios, habla (como Borges) de la incapacidad del lenguaje para describir exhaustivamente lo que ve.

Luego, que ese artefacto llamado Aleph recuerde al Quincunx también es algo bastante flojo. En rigor, lo que Browne hace es encontrar en los objetos propiedades que los «conecte» con el Quincunx, y con el Aleph no se hace lo mismo; Browne ve en las propiedades de las cosas el Quincunx, es ubicuo, y el Aleph, en cambio, nos permite ver las cosas a través de él y está en un lugar concreto. El Aleph, en ese sentido, se parece mucho más a esos objetos que ya el propio Borges señala en el mismo cuento, y a otros tantos como el huevo de cristal de Wells (Borges esto lo manifestó explícitamente a Bioy), al Dios de Alighieri o a la poma de Alonso de Ercilla. (De hecho, es común en Borges representar al universo con objetos esféricos, y así lo hace en La escritura del Dios, en El Aleph y en La biblioteca de Babel. Yo he sugerido en otros lugares que tiene que ver con la tradición milenaria que hay detrás de La esfera de Pascal, que no es de Pascal sino de Alain de Lille, y que se remonta hasta Heráclito y termina en la cosmología de nuestros días).

La frase de san Agustín que recupera Antonio de Guevara (¿no era Cristóbal de Castillejo?), pasa por Montaigne, luego repite Browne y al final recupera Borges es algo que el argentino hace reiteradamente: hacer uso de sintagmas que recuerdan a otros. Lo de ser multitudes está bien mientras se evite hacer metafísica con eso. Borges tiene un ensayo sobre Whitman donde habla del tema y además aparece en El Aleph una referencia al ángel de cuatro caras de Ezequiel 1:4-16.

Luego, cuando Maurette menciona (cerca de la hora de conferencia) que Borges decía de sí mismo que imitaba a Browne «like a sedulous ape» no hace sino ejemplificar lo que estoy diciendo: que continuamente Borges usa giros de otros para expresarse (en este caso, el de Stevenson). Si eso lo hizo en un discurso hablado, probablemente improvisado, imagínese el lector lo que hace en uno escrito. Por eso Borges quedó fascinado con Alfonso Reyes.

Henríquez Ureña

La relación de Borges con Ureña era muy extraña. Lo menciona en muchos textos suyos y llora por él cuando recuerda los versos de la Epístola moral a Fabio («¡Oh muerte! ven callada, / como sueles venir en la saeta»); pero, al mismo tiempo, dice que es un negro haragán muy poco inteligente y con lecturas más bien modestas. Que fingía saber alemán. Que en su cuento Ragnarök lo menciona para atenuar las caras toscas y negras de los dioses.

Además, Henríquez Ureña le escribe una carta a Rodríguez Feo diciéndole que la literatura de Borges tiene aberraciones, que solo le gustan las historias de locos y que el tono de sus cuentos siempre es el mismo. Probablemente el encuentro más curioso entre ellos sea aquel donde hablan de la imagen que está en Browne y en Strauss: el espectro de una rosa. Intentan averiguar si se les ocurrió o si la vieron en alguna parte. Eso tiene mucho que ver con la literatura de Borges y el uso de ideas o sintagmas comúnes que mencioné anteriormente.

Gombrowicz

Llamó seriamente mi atención que cierta youtuber (cf. https://youtu.be/wpELBwhnlo4) subrayara el supuesto odio que un tal Gombrowicz tenía hacia Borges. Lo cierto es que en los diarios argentinos de Gombrowicz solo se menciona una vez a Borges y se hace para decir que es el argentino de más talento. Bueno, sí, es verdad que líneas más adelante le critica (muy brevemente) que no se preocupe por las cosas folclóricas de Argentina. Pero nada más. Lo que es realmente interesante, en cambio, es que Borges decía en privado que Gombrowicz era un escritorzuelo y un pederasta. En público solo le mostraba indiferencia. Así que la cuestión está mal planteada: no es que Gombrowicz detestara profundamente a Borges porque sí, sino que verdaderamente le dolió el desprecio con el que lo castigó un hombre que tenía en tan alta estima.


Imagen: Ureña, Borges y los fundadores de la Revista Sur (recuperada de: http://www.cielonaranja.com/expophu1931.html) 

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