Baby all I want for christmas, is less

Por Alicia García

Ha llegado, por fin está aquí, la época del año más esperada por muchos de nosotros, el último mes del año, el último jalón para comenzar el siguiente, los días de fiesta y celebración. Así es, ya llegó la navidad.

La navidad al fin está aquí, tocando a la puerta de nuestras casas así que es momento de correr a cortar nuestro pino de navidad. Elegir el pino que más nos guste es un proceso que requiere de toda nuestra atención, buscar y buscar y al fin encontrar el pino más verde y oloroso en el fondo de la bodega o caminar y caminar y vislumbrar aquel pino grande y frondoso en la cima del bosque, sí, aquel que le costó 10 años crecer y verse como se ve ahora sólo para ti, para que tú lo cortes y lo tengas en la sala de tu casa por un mes.

Una vez con nuestro pino recién cortado, puesto y decorado en nuestra sala podemos tachar una cosa más de nuestra lista navideña, ¿qué sigue? Planear y conseguir la cena. Este es un proceso adorado y odiado por muchas personas pues es más placentero para el que la disfruta que casi siempre para el que la cocina, pero al final termina siendo una molestia trivial al ver reunidos a todos y disfrutando la cena que con tanto esmero se preparó desde un día antes. Pero sigamos con los deberes navideños, al planear la cena de navidad no se pueden dejar fuera los miles de platillos que esperarán en la mesa a ser devorados por la concurrencia, no se puede olvidar comprar el pavo más grande y jugoso que podamos encontrar, sí debemos disfrutar de nuestra debida cena sin importarnos el proceso con el cual llegó el pavo hasta nuestros platos, hacer la vista gorda por un momento de la producción avícola fallida en México y de las condiciones de vida de estos animales antes de desfilar por el matadero. Ah y tampoco nos olvidemos de los romeritos, las costillitas, el estofado, en fin, los miles y miles de variados alimentos que se compartirán en la víspera de navidad.

Una cosa más tachada de nuestra lista y ahora sí hemos llegado a la más emocionante y divertida de todas: las compras navideñas. Todo el año esperando a que llegue esta temporada para comprar y comprar y seguir comprando con el pretexto de obsequiar(nos) y a nuestros seres queridos con las últimas novedades que el mercado lanzó especialmente para nosotros. Es inconcebible no regalarle algo a tu madre o a tu pareja pues ¿de qué otra forma podríamos demostrarles cuánto los queremos? Así que nos lanzamos sin pena a los centros comerciales a disfrutar del ambiente navideño que ya flota en los pasillos, llegan a nuestros oídos la música y los villancicos, percibimos los olores típicos de la navidad, vemos por todas partes nochebuenas adornando las esquinas, todo es perfecto y tan navideño.

Todo lo anterior, por supuesto, mientras pasamos como si no hubiera un mañana nuestras tarjetas de crédito o debito por las centrales de cobro de las tiendas departamentales para comprar cosas que no queremos para gente que no nos agrada o para comprar cosas que no necesitamos y seguir agrandando la ya basta colección que tenemos en casa. En fin, todo sea por el espíritu navideño de las fechas, porque de un tiempo para acá en eso hemos convertido la navidad, y ésta no es pregunta es afirmación, hemos tergiversado tanto el significado de esta celebración que ahora lo único que hacemos es comprar y gastar dinero que no tendremos para el año siguiente.

Sin embargo ¿quién puede rehusarse a la última moda exhibida en los aparadores o al último perfume lanzado por Kim Kardashian o a cualquier otro artículo que no sabíamos que necesitábamos hasta que nos lo dijeron la publicidad y los medios? La navidad es brillante y chispeante por todas las cosas que trae consigo, sí, por todas las rebajas y ofertas en las tiendas, por todos los pinos a nuestra disposición para elegir el que más nos guste, por todos los regalos que recibiremos al final de la noche, por toda la comida que comeremos aunque estemos satisfechos pero que debemos aprovechar porque sólo es una vez al año.

Pero no todo está perdido, como dije antes la navidad brilla con luz propia gracias al significado que le damos y ese cambio de perspectiva es más fácil de lo que creemos. No necesitamos comprar cientos de cosas para demostrarle a nuestra familia y amigos cuánto los queremos, no necesitamos adornar nuestra sala con una vida cortada sólo para nuestra vanidad, no necesitamos gastar de más esta navidad para disfrutar una de las mejores épocas del año.

Muy independiente de celebrar la natividad de Jesús para quienes no lo crea así, la Navidad es el momento en que podemos estar con la familia, además es la oportunidad perfecta de limar viejas asperezas o crear nuevas relaciones con quien sea que tengamos cerca. La cena es para disfrutarla en compañía de los que más queremos y pasar un rato agradable, pero a mi parecer lo más importante es la oportunidad que nos da de reflexionar sobre lo colmada que esta nuestra vida y lo afortunados que somos por estar en ese momento con nuestra familia frente a un plato caliente de comida, demos gracias por algo que damos por sentado pero que no todos tienen la suerte de disfrutar.

Asimismo los regalos son muestras de cariño que podríamos sustituir con obsequios creados por nosotros mismos, es más barato y divertido fabricar exfoliantes caseros para regalar o pasar una tarde horneando galletas. La navidad es tiempo de amor, de compartir, de agradecer y está hecha para crear. La navidad puede ser brillante y chispeante pero depende de nosotros.


Imagen: http://spinnaker.mx/pagina/?p=2056

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