Ayudar al prójimo

Por Teolinca Velázquez

 

Quedaron atrás los tiempos en que ayudar a las personas era considerado un acto de amor. 
Quedaron atrás los tiempos en que estirar la mano de auxilio era señal de fortaleza.
Ahora se le llama debilidad.
Ahora se le llama entrometimiento.
Porque todo era perfecto en su tiempo mas el hombre se buscó sus perversiones. 

El individuo es un ser social y su personalidad se va forjando por la sociedad que le rodea. Inicialmente la sociedad tenía la función no solamente de darle formación a los hombres y mujeres que nacieran en ellas, sino también convertirse en el refugio, el abrazo materno que brinda el consuelo del regazo; la mano que guía en el camino pedregoso que llamamos vida.

Hubo un tiempo en que el consejo del anciano era escuchado con atención y veneración. Hubo un tiempo en que la mano trabajadora se ofrecía sin remuneración para terminar la gran hazaña del hermano, del amigo o del vecino.

Hubo un tiempo en que los niños sonreían a los individuos fugaces que atravesaban las calles a paso veloz.

Hubo un tiempo en que cada mujer de nuestra comunidad se convertía en una madre atenta.

Hubo un tiempo en que cada hombre de nuestra comunidad significaba un padre, un modelo a seguir.

¡Cómo han pasado los años! Ahora un anciano es ignorado en los oscuros rincones de la ciudad. Ahora las grandes hazañas se quedan a medias ante la falta de manos trabajadoras que quieran ayudar sin recibir nada a cambio. Ahora los niños agachan la cabeza por las calles, mirando sin mirar. Ahora las atenciones de nuestras madres se enfrentan ante duras e inermes espaldas. Ahora somos huérfanos de un padre que nos guíe.

Por eso nos sentimos cada vez más solos, nos han dejado a la deriva en una vida que no tiene retorno ni manual de usuario. Le echan culpa a los avances tecnológicos pero ¿no será que éstos son una respuesta al constante desprecio de nuestro entorno? Son dos males sumergidos en un eterno círculo vicioso.

Porque ahora se entiende que un consejo es una imposición. Ahora se entiende que recibir es mejor que dar. Ahora se entiende que la guía es una intromisión. Se cree que no debe importarnos lo que otra persona haga con su vida, se dice que no debemos meternos en problemas ajenos. Se pretende que todos  nos rasquemos con nuestras propias uñas.

Y con esta forma de pensar, una exacerbación del individualismo, se está terminado con la naturaleza de la sociedad. Se está terminando con el pensamiento colectivo. Se está terminando con la sensación de hermandad y así también con el pensamiento revolucionario porque si uno no es capaz de ayudar al hermano ¿será capaz de morir por él?


Imagen:  http://www.enricparnau.com/como-ayudar-a-alguien-a-ir-al-psicologo/

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