Ayuda al que lo pide y no al que sólo mendiga

Por María Fosado

 

Hace tiempo escuchaba en conversaciones familiares comentarios sobre las personas que están en el poder y nos gobiernan, los comentarios eran quejas de que siempre ven por los suyos y no por todos, sin distinción alguna; entonces me hizo pensar que en vez de sólo hablar y comentar, si tanto nos hacen enojar esas situaciones, nosotros deberíamos comenzar a ayudar.

No creo en frases como “la vida es injusta” o “cada quien tiene lo que se merece”, porque uno mismo decide ver el vaso medio lleno o medio vacío de acuerdo a sus circunstancias, lo que ha vivido durante su vida y más le ha marcado; así como también las situaciones y personas presentes en nuestras vidas son reflejo de lo que somos y el cómo  nos comportamos con los demás.

Si cada quien tuviera lo que se merece, te aseguro que muchos no tendrían lo que hoy tienen, y precisamente por sus acciones. La vida no es injusta, muchas veces lo vemos desde esa perspectiva sólo porque aquel tiene lo que nosotros desearíamos tener y no nos ha llegado. Pero tampoco creo que no es que no nos merezcamos algo, simplemente creo que tiene que ver con cuánto en verdad deseamos algo para tenerlo.

Somos especialistas en quejarnos de todo, por todo y en contra de todos aquellos que piensen diferente a nosotros, aunque a veces nos pasen cosas buenas, hay quienes aún siguen viendo el vaso medio vacío. Como aquella frase que dice que “existen mujeres tan complicadas que cuando encuentran a su príncipe azul, no era el azul que querían.”

No creo que solo las mujeres sean las complicadas, creo que más bien se trata de nuestra especie humana que no le gusta conformarse pero que tampoco hace mucho para cambiar su situación actual.

En este momento puedes entrar a echar un vistazo a tu cronología en Facebook y encontrar a la típica personas quejándose de no tener pareja a través de un comentario corta venas o la frase de una canción triste, o en Twitter, con indirectas para quien mejor le quede el saco a pesar de que no sean para alguien en especial, simplemente era un buen día para quejarse.

Cada quien es libre de decir, hacer o publicar lo que quiera, sólo date cuenta que muchas cosas suceden en un abrir y cerrar de ojos.

Y en cambio ¿alguien hace algo para dejar de quejarse? Dicen que el secreto de las personas verdaderamente felices es solo disfrutar del momento presente, que si algo no les salió como esperaban, siempre buscan el lado bueno de cada situación, no es un mito, es real pero pocas veces nos tomamos el tiempo para pensar con la cabeza en frío y preferimos sacar fuego hasta por los ojos. Somos amantes del drama.

Por otro lado, están los que piensan que hacer el cambio comenzando por uno mismo es un cliché, pero si no eres tú ¿entonces quién lo va a hacer? No todo se resuelve gracias a GreenPeace, y a decir verdad, tus pensamientos “buena onda” tampoco ayudan de mucho. Tenemos que ACTUAR.

Como lo he dicho muchas veces, pensamos que como a nosotros no nos está pasando las tragedias de otros países o nos creemos muy lejanos a situaciones malas, pues no nos preocupamos en lo más mínimo y “cada quien su vida”.

Sin ir demasiado lejos, lo que en lo personal me molesta mucho es la realidad que puedo observar enfrente de los semáforos, tanto me hace enojar como entristecer en diferentes casos.

Esas personas que se encuentran pidiendo unos cuantos centavos, que se exponen a hacer cosas riesgosas ofreciendo un espectáculo callejero con tal de poder ganarse el pan de un día, me entristecen porque si no llevo dinero, no me atrevo a mirarlos a los ojos. Y muchas personas se voltean hacia otro lado, como si se tratase de sentirse superiores ante una realidad que no sabemos cuándo dejará de existir.

Ante esto, tuve la oportunidad de que un libro me cambiara mi forma de ver esa realidad, hablaba acerca de una mujer de avanzada edad que se encontraba expuesta a los rayos del sol en un semáforo y andaba descalza de un lugar a otro, que a la autora del libro le dio tristeza verla así y regresó a su casa por unos zapatos y dárselos a aquella mujer.

Cuando le dio la bolsa con zapatos, la mujer la vio y la dejó a un lado mientras seguía caminando descalza en el pavimento. Seguramente solo quería causar lastima, pensó la autora.

Hoy en día es difícil creer si aquella persona que pide dinero en la calle, que está o pretende parecer discapacitada en verdad tenga necesidad alguna de exponerse de esa manera, comprendo que es difícil que aún siendo de edad avanzada no hayan tenido la oportunidad de estudiar, que tengan que mantener a una numerosa familia y que sólo una persona sea proveedora de alimentación y manutención , pero es aún más difícil saber la vida real de esas personas porque simplemente vemos lo que ellos quieren que veamos.

Es terrible que existan casos de personas que fingen no tener pies y arrastrarse por las calles de la ciudad pidiendo dinero simplemente porque no trabajan o no quieren hacerlo, que engañan utilizando a sus hijos para obtener dinero fácil y que ni siquiera es para el bien de una familia, sino para continuar comprando drogas. Hay personas a las que nos afecta en algún momento ver esas situaciones tristes en la calle, pero no deberíamos dejar que nos afecten del todo, porque creo que cada quién vive sus circunstancias y no hay nada más triste que querer dar lástima.

Aprendí que uno no debería adjudicarse los problemas de otros ni sufrir por ellos. Así como existen los que saben recibir, también existen los que reciben solo para echar todo a la basura, desaprovecharlo y seguir dando lástima.

Es importante dar, pero creo que es todavía más importante saber recibir.
Daniela Rivera Zacarías.


Imagen:https://www.flickr.com/photos/italianjob1/

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