El peor México en el que he vivido

Por: Fernando Cruz Quintana

Inmersos en esa marea que supone la cotidianidad del uso diario del lenguaje, obviamos y olvidados el verdadero sentido de las palabras que utilizamos. No importa que un vocablo no pertenezca a nuestra lengua originaria, tan sólo basta con que lo usemos constantemente para que el mismo se mimetice en la normalidad y demos por sentado su verdadero origen, como sucede con la palabra “Blog”.

Blog es un sintagma inglés que resulta de la unión de  los términos Web (Red-Internet) y log (registro o bitácora), y que por tanto designa una especie de diario en línea que lleva alguna persona o institución. Este tipo de comunicación, característica de la llamada Web 2.0, ha permitido que los usuarios de internet abandonen el estado pasivo de la recepción y se conviertan en creadores de contenidos que pueden ser visualizados por personas conectadas a la red.

Los temas que se abordan en los blogs de todo el mundo son tan múltiples como diversos y sería improductivo tratar de hacer una catalogación de los mismos; sin embargo, existe un día en que las voces blogueras intentan hacer un eco en torno a una misma problemática: el Blog action day, que se lleva a cabo el 16 de octubre de cada año y que en esta edición de 2014 se centrará sobre la temática de la desigualdad.

 

El peor México en el que he vivido

Aprovecharé el espacio que Ollin  Jóvenes en movimiento me brinda en este blog para, a título personal, sumar mi voz en torno a la desigualdad —problema mundial que se expresa con distintas particularidades— y lo haré sin ignorar los lamentables hechos que suceden actualmente en mi país.

Como concepto, la desigualdad implica la imposibilidad de otorgar lo mismo —lo igual— a distintas personas; sin embargo la desigualdad social no es exactamente eso. Hay desigualdad bien vista o legalmente aceptada: no se le da el mismo trato a un delincuente que a un inocente, no tienen los mismos derechos los extranjeros que los connacionales, por ejemplo. La desigualdad social es una condición de acceso diferenciado a distintos tipos de recursos y oportunidades,  y como consecuencia de esa distinción se originan una serie de problemáticas económicas, culturales y sociales consecuentes. No dudo de que ésta sea una condición de todas las sociedades, sin embargo reconozco que la desigualdad social es más marcada en unas que otras; cuando es infinitamente evidente es la semilla de la descomposición social.

Coincido con José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch para las Américas cuando afirma que los lamentables hechos de Iguala son el asunto más grave en materia de derechos humanos ocurrido en nuestro país desde la matanza de Tlatelolco en 1968. Mi aportación sobre la desigualdad, entonces, no puede ser otra que hablar sobre los normalistas de Ayotzinapa y esperar que en alguna otra parte del orbe se conozca esta penosa historia. Mientras más personas estén al tanto de lo ocurrido, más presión habrá para solucionar esta situación. El grito de ayuda es también porque aquí parece haberse acabado la esperanza en la resolución de nuestras problemáticas.  ¿Pero cómo es esto un caso de la desigualdad?

La versión más triste de mi país que me ha tocado vivir es un cuadro lamentable desde el ángulo del que se le quiera ver. Una protesta es un derecho de los individuos para manifestar su desacuerdo y hay formas, maneras y tiempos para ejercer esto. ¿Contra qué se manifestaban los estudiantes de Ayotzinapa?

No es una novedad que el Estado de Guerrero destaque por las manifestaciones educativas de maestros y alumnos: la historia reciente nos inunda de ejemplos del porqué esta región de nuestro país reclama un mejoramiento de las condiciones en que se imparte educación en el Estado. Los reclamos van de los salarios, los mobiliarios, las condiciones, los contenidos, etc. Se protesta porque se quiere una mejora abismal en este tema en particular.

La noche del 26 de septiembre de este año, estudiantes normalistas del municipio de Ayotzinapa tomaron a la fuerza tres autobuses y se dirigían a su institución educativa para protestar, al parecer, sobre las condiciones de la educación de su escuela. Si los modos fueron o no los adecuados es un tema rebasado, la respuesta que recibieron por parte de las autoridades rebasa cualquier lógica y razonamiento.

La policía municipal dio alcance a los autobuses y comenzó una ofensiva desigual para detener lo que parecía una ilegalidad. La respuesta específica fue repeler la protesta por medio de armas de fuego. ¡Dispararon a los estudiantes!

Con los disparos de la policía fallecieron los estudiantes Daniel Solís Gallardo, Julio César Ramírez Nava y Julio César Mondragón y como resultado adicional a estas muertes, al parecer también fueron detenidos algunos estudiantes por parte de la policía.

Pasada la noche del 26, se reportaron como desaparecidos 57 estudiantes en total, aunque las autoridades reportaron como localizados a 14, por lo que la cifra de faltantes quedó en 43. Sus nombres son: Felipe Arnulfo Rosas, Benjamín Acergo Bautista, Israel Caballero Sánchez, Abel García Hernández, Emiliano Gaspar de la Cruz, Dorian González Parral, Jorge Luis González Parral, Magdaleno Rubén Lauro Villegas, José Luis Luna Torres, Mauricio Ortega Valerio, Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa,  Abelardo Velázquez Periten, Adán Abraján de la Cruz, Cristian Tomás Colón Garnica, Luis Ángel Francisco Arzola, Carlos Lorenzo Hernández Muñoz, Israel Jacinto Lugardo, Julio César López Patolzin, José Ángel Navarrete González, Marcial Pablo Baranda,  Miguel Ángel Mendoza Zacarías, Alexander Mora Venancio, Luis Ángel Abarca Carrillo,  Jorge Álvarez Nava, José Ángel Campos Cantor, Jorge Aníbal Cruz Mendoza, Giovanni Galíndez Guerrero, Joshvani Guerrero de la Cruz, Cutberto Ortiz Ramos, Everardo Rodríguez Bello, Cristian Alfonso Rodríguez Telumbre, Martín Getsemany Sánchez, Jonás Trujillo González, José Eduardo Bartolo Tlatempa, Leonel Castro Abarca, Miguel Ángel Hernández Martínez, Carlos Iván Ramírez Villarreal, Jorge Antonio Tizapa,  Antonio Santana Maestro, Marco Antonio Gómez Molina, César Manuel González Hernández, Raúl Bruno García y Bernardo Flores Alcaraz.

Los motivos por los que se iniciaron los disparos aún no han sido esclarecidos (ninguno de los estudiantes portaba un arma de fuego) puesto que en el reporte de los agentes no se explicitan los motivos de la acción.

¿Qué está pasando con México? De la desigualdad lógicamente ha surgido la protesta (¿por qué se piensa en las manifestaciones como algo negativo? ¿Buscar una mejoría o una igualdad de condiciones es algo negativo?); de la protesta, la represión (y este freno parece haber sido llevado a cabo de manera conjunta entre autoridades y crimen organizado); y del crimen cometido, la impunidad. Que el blog action day sirva para que se conozca este triste capítulo de nuestro tiempo.

Como estudiante universitario que soy, me solidarizo con las familias de los desaparecidos de Guerrero y me sumo a la exigencia de que se encuentren los estudiantes, que se aclaren las condiciones en las que ocurrieron los hechos del 26 de septiembre y que se deslinden las responsabilidades a las personas que les correspondan.

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