¡Ay de nosotros y nuestros tiempos!

Por Aarón Rojas

 

Empezamos el año con grandes convulsiones, normalmente se nos deja un tiempo para pensar en la esperanza venidera y con ello meditar sobre los hechos pretéritos intentando empatarlos con lo que está por venir. Sin embargo, se nos obligó a empezar con la moral baja y los bolsillos vacíos. Dejando para luego las expectativas del nuevo año, aventurándonos de una forma poco piadosa a lo que se supone que sería un nuevo comienzo para muchos y la continuación de proyectos para otros, como lo mencioné en otro momento.

Es pues, una carrera contra el tiempo, tomando en cuenta las muchas complicaciones que se nos han presentado desde los primeros minutos de este 2017: balaceras, amenazas constantes, represiones multitudinarias, entre otros, que no dejan un escenario muy alentador para quienes tienen el deseo de un transcurrir apegados a la pasividad y las buenas intenciones.

Pero que no se me confunda con un ente negativo, no, esa no es mi intención; sino, la de hacer conciencia en torno a este ritmo de vida en el que continuamos viviendo. Estoy convencido de que todos debemos ser merecedores de un modo de vida que nos permita desarrollarnos de forma idónea y pacífica, para que en ese entorno sean capaces de florecer las actitudes necesarias para desarrollar nuestro potencial, aunque ahora eso también parece que nos ha sido negado, como si fuese un pecado desarrollar nuestra humanidad.

Ante estos tiempos aciagos, debemos enfrentar la adversidad de frente y sin miedo, pues el miedo es el peor enemigo del hombre. Es por eso, que se nos intenta llenar con miedo, con inseguridad para con nuestros vecinos o en aquello que creíamos conocer a la perfección, como un barrio o colonia, sólo para evitar que podamos compartir nuestras ideas y organizarnos para trascender de nuestra zona de confort, pues de ese modo podríamos darnos cuenta de todo aquello que se encuentra deficiente y exigir que se cambie, que se adecúe.

Y es que si nosotros mismos no somos capaces de reaccionar ante las problemáticas de la vida actual, no vayamos a exigirle a quienes están al frente que lo hagan, pues fuimos nosotros quienes los elegimos, quienes decidimos que estuvieran allí, y aunque no hayamos sido nosotros quienes los hayan llevado a ese cargo, no quiere decir que debamos quedarnos pasivos, debemos actuar y levantar la voz para hacerla valer, para que  se den cuenta que no estamos conformes con sus actos y queremos algo mejor.

Pero eso no puede lograrse solo desde arriba, pues a veces pareciera que somos nosotros quienes saboteamos las estrategias que se toman para mejorar, si de por sí se hace poco y de inmediato se va con la intención de destruir lo que se ha logrado, entonces no podemos exigir que se haga más. Son igual de responsables aquellos que se  quedan callados y pasivos, que los que afectan el progreso y las obras de modernización.

Tal parece que aunado a las constantes crisis que nos aquejan hoy por hoy, es de nuestros tiempos también el colaborar a que dichas crisis sean, de alguna forma, sustentadas y legitimadas. Un ejemplo de ello es el que se haya empoderado en el mundo, a gente con actitudes mesiánicas o con mentalidades impopulares o políticamente incorrectas, pero viendo en ellas la salvación de aquello que no fuimos capaces de salvar como sociedad.

Nuestros líderes son siempre el reflejo de la sociedad que los ha empoderado. Yo creo  que hemos decaído como sociedad y con ello llegado a un punto de inflexión, una del que sólo nosotros somos responsables, hemos estirado tanto la liga que está a nada de romperse y ahora que vemos cercana la calamidad, que ha ido creciendo como una bola de nieve, entonces nos espantamos, culpamos a terceros y no sabemos cómo responder.

Pero no son otros, sino nosotros los responsables de lo que está pasando, pues todos, de una forma u otra hemos colaborado. Pues así como son culpables los que afectar al igual que los que callan, somos culpables de que esta crisis nos alcance. Pues quiere decir que los esfuerzos que estamos haciendo no son suficientes, a veces debemos de ser más firmes en lo que se debe de hacer y eso sólo se logra con trabajo y no con pasividad, sólo se logra levantándonos y saliendo de nuestra zona de confort.

Solas nuestras ideas no cambian al mundo, necesitan de entes activos que salgan y luchen por ellas y no esperar que solas se vengan a arreglar las cosas. Vivimos en tiempos donde se nos ha convencido que vale más callar que alzar la voz, un tiempo donde se nos hace creer que es mejor lucir y vernos bien, que saber mucho y cultivar nuestra mente. Y no podemos culpar a aquellos que  nos han “impuesto” los modelos, pues nosotros hemos decidido aceptarlos y es por esa razón que sólo nosotros somos los únicos que pueden determinar qué va y qué se queda.

¡Alcemos la voz, alcemos los sentimientos  y hagamos algo diferentes. Comencemos a formar una ola inmensa de transformación incontenible. Que no se nos diga qué debemos hacer, qué debemos callar. Sí, hemos empezado con dolor y golpes duros, se nos ha llenado de desánimo, pero eso no debe servir, más que para motivarnos a seguir la lucha!


Imagen:https://revolucionj.files.wordpress.com/2013/02/relacion-temprana.jpg

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