Auscultación al otro sexo en México

Por Fernando Rocha

¿Cuáles son las condiciones actuales en México de, como las llamó Rousseau, las guardianas de las buenas costumbres y los dulces vínculos de la paz?

La existencia de celebraciones internacionales  ―como el Día Internacional de la Mujer, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, el Día Internacional de las Mujeres Rurales, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y el Día Naranja―, de políticas públicas ―como la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres, el Programa para la Igualdad entre Mujeres y Hombres y la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia― manifiesta la politización de problemas que afectan las mujeres, su incorporación a la agenda nacional e internacional ―como lo expone la Agenda 2030 de la ONU donde la igualdad de género es el 5° objetivo de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. No obstante, aunque esto genera oídos institucionales, jurídicos y culturales, la sordera continúa existiendo.

Según la Encuesta Intercensal 2015, en México hay 61.4 millones de mujeres, es decir 51.4% ―26.3%  de 0 a 14 años, 62.8% de 15 a 59 años y 10.9 de 60 años o más―de la población nacional es femenina y 48.6% (28.6%, 61.5% y 9.9% respectivamente) masculina. Asimismo, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, en el primer trimestre de 2016 las mujeres representaron 52.25% de la población en edad de trabajar pero 38.40% de la población económicamente activa, con una tasa de participación laboral de 45.07%, es decir, el potencial laboral de la población femenina se vuelve un hecho contrario.

Dentro de la juventud femenil, de las jóvenes de 15 años, 87% de ellas no participaron en el mercado laboral pues se dedicaban plenamente a estudiar y 11% porque se dedicaba a quehaceres domésticos; de 19 años, 54% estudiaba y 43% se destinaba al hogar; de 24 años, 83% se dedicaba a tareas hogareñas y 14% estudiaba; y de 29 años, 95% se dedicaba al hogar. Es decir, el estereotipo de las mujeres como guardadoras del hogar se efectúa. Beauvoir aseveró que el problema económico consistente en excluir a las mujeres de los procesos de producción y recluirlas al hogar, produce una dependencia de éstas y menor representación de ellas dentro de lo público. Es decir, se arrincona la aspiración de emancipación al considerar a las mujeres como también artífices del desarrollo histórico social.

Asimismo, en materia de seguridad, en México durante 2015 ocurrieron 2,383 feminicidios ―con un incremento de 85% con respecto a los 1,284 de 2000― y actualmente Chihuahua es el único estado sin tipificar el delito en su Código Penal Local, siendo que durante lo que va de 2017 acontecieron 68 delitos que meritarían clasificarse como feminicidios, de los cuales 34 ocurrieron en Ciudad Juárez.

Según la Encuesta Intercensal 2015, 92.5% de la población mexicana femenil sabe leer y escribir, y en cuanto a la escolaridad, en el ciclo 2015-2016,  49.2% de la matrícula del nivel básico estuvo compuesta por mujeres,  49.8% en nivel medio y 49.3% en nivel superior. (Quizá el incremento de la matrícula haya sido relegado ante la calidad educativa, pues el Gobierno ha incrementado el número de escuelas de tiempo completo cuando en el sexenio de Ruiz Cortines se redujo la jornada escolar para dar cabida a los turnos vespertinos en las mismas escuelas para aumentar la matrícula.)

Por otra parte, en el Senado de la República las senadoras representan 37% del total de los miembros 48 ante 62% de los senadores; mientras que en la Cámara Baja existe una menor disparidad: en la LXIII Legislatura (2015-2018) la Cámara estuvo compuesta por 42.4% de mujeres y 57.6 de hombres, siendo que en la LXII Legislatura las mujeres representaron 37% y en la anterior, el 28%.

De esta auscultación grosso modo, las mujeres se hallan en desventaja frente a los hombres en cuanto a participación laboral, seguridad, educación y participación política (quizá sea en el sector de salud donde aventajen al varón, siendo ellas 52.4% de los afiliados a servicios médicos). No obstante, la veracidad de cualquier cifra, por más grande que sea, es en virtud de la no discriminación, sustancia y no relieve de la verdad.

La pregunta de Juan Gelman “¿y si Dios fuera una mujer?” no es la más orientadora para la empresa de la Agenda 2030, es por ello que la humanidad, en vez de interrogar, debe constantemente reafirmarse “También soy mujer”.


Imagen: http://biblioteca.mty.itesm.mx/arte/obra/2856

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