Así suena Pyeongchang

Por Elisa Horta

Las olimpiadas de invierno de este año han comenzado. Pyeongchang (평창), en Corea del Sur es el condado elegido por el comité olímpico para uno de los eventos más importantes del año, y una de las más esperadas justas deportivas, quizá solo después del mundial de fútbol soccer en Rusia.

Como suele suceder, las olimpiadas de invierno causan polémica y furor en una mezcla poco balanceada de pasiones y emociones. Sin embargo para nuestro país, una nación bendecida con una cercanía notoria al Ecuador, nos es difícil estar tan interesados en estas olimpiadas como solemos estar en las de verano, sin ponerle mucha distinción.

No conocemos muchas de las disciplinas y varias de las pruebas nos parecen confusas o hasta sin sentido. Esto es porque la mayoría de los deportes no se practican en nuestro territorio, principalmente por razones meteorológicas y geográficas más que nada. Sin embargo, como siempre hay una gran excepción.

Entre más de las 10 actividades diferentes del día a día hay una que destaca, una que a pesar de ser rica en teoría y compleja por sí misma jamás deja de asombrar a todos los espectadores que se dan la oportunidad de ver desde una eliminatoria de parejas hasta la final individual femenina. De todo un espectro de deportes, el patinaje artístico es el que más llama la atención. Sin duda alguna.

El patinaje artístico, como su nombre lo dice, es un deporte que incluye más que complicados saltos y patines deslizándose por el hielo a velocidades astronómicamente rápidas. Es un híbrido de las pruebas físicas y el talento artístico, pues requiere un grado superior de sensibilidad y originalidad que muchos deportes no necesitan en sí. Pone en prueba tanto la resistencia como la creatividad y se encarga de presionar a los patinadores más allá de sus talentos y fuerza mental. Puede incluir elementos de decenas de danzas y acrobacias mezcladas con una presencia escénica dependiente de gestos y expresiones faciales.

Es hermoso, si. Visualmente atractivo e impresionante desde que los deportistas pisan el hielo. Entre todos, es uno de los deportes más cautivantes del mundo.

Y a pesar de que también es fuerte y feroz, con una competitividad ardiente y una concentración tan fría como el suelo que tocan, no deja lugar a dudas que es todo un espectáculo.

Pero, ¿qué es lo que hace tan maravilloso este evento? Fácil, la música.

Siendo el arte preferido de muchos, directa o indirectamente, la música que es escogida para los programas de todas las ediciones de esta competencia con sumo cuidado. Es vital para cada presentación y sin ella nada sería lo mismo. No habría un ritmo que seguir ni una coreografía que montar. Es lo que, sensorialmente, contribuye a nuestra experiencia como expectantes y crea un ambiente elemental para la competencia en su totalidad.

Hasta ahora hemos escuchado desde una rendición de tributo a la música latina y a la canción más viral del año pasado, Despacito. Esto desde China con una de sus parejas, mientras que otra de sus duplas trajo uno de los ingredientes más clásicos, el ballet con música de “El Lago de Los Cisnes”. Estas dos contrastantes corrientes resonaron en la pista la semana pasada, haciendo hincapié en la fuerza de las culturas dominantes en varios aspectos a lo largo de los años.

Hablando específicamente de la inmortalidad y siempre confiable música de Tchaikovski, el lago de los cisnes es algo que a muchos les puede parecer cliché. Pero en realidad no es más que un esencial del patinaje artístico. Cómo ya he dicho, la danza es una fuerte influyente de la disciplina pero el Ballet clásico lo es aún más. Cuando el deporte iniciaba, llegó a existir la polémica de que no era más que este mismo baile con la única diferencia de que habían patines y hielo de por medio. Pero como todo, evolucionó y comprobó su increíble originalidad en un mundo deportivo cada vez más exigente y competitivo. Pero reconoce sus raíces y nunca resulta cansado ver a excelentes deportistas y artistas presentarnos incansables presentaciones de una de las creaciones más hermosas del mundo.

No faltaron tampoco las odas al cine con programas basados en los soundtracks desde películas ya hechas clásicos como la adaptada de la literatura “Memorias de una Geisha” o musicales memorables como “Cantando Bajo la Lluvia”, de Gene Kelly . Y, también, de la reciente galardonada “La la Land”. Denotando una fuerte presencia del mundo cinematográfico en la actualidad y como éste es hoy por hoy un determinante de la cultura general actual.

Yuri!!! On Ice es un anime cuya primera emisión de dio en octubre del 2016, mostrando el camino hacia la victoria de un talentoso pero ansioso patinador japonés por el nombre de Yuri Katsuki. La serie animada muestra momentos de frustración, felicidad, amor y hasta desesperación en un nuevo ambiente para un elemento moderno pero icónico del país del sol naciente. El tema principal es el deporte en cuestión pero le sigue la historia de amor entre el personaje principal y su ídolo, después entrenador, rompiendo barreras y creando puentes para la cultura LGBTQIA+ en el oriente. Y el tema principal de dicho anime se hizo presente en Pyeongchang (país también estricto en cuanto a las relaciones del mismo sexo) hace ya algunos días. Y esta es la música de las olimpiadas.

Tributos, referencias, odas y sorpresas son todo aquello que hacen aún más especial y emocionante estos eventos tan esperados. Es lo que hace que no necesitemos saber mucho del patinaje ni ser grandes conocedores de las olimpiadas para poder sentarnos y ver las dos horas que pueden durar las coreografías programadas para el día.

Es aquello que nos hace conectar con lo que vemos, recordando que por sorprendentes que sean los deportistas no dejan de ser humanos como nosotros y usan de la más humana de las artes para llegar a nuestros corazones de una manera u otra. Han logrado su cometido, sentir que estamos viéndolos en el mismo Corea incluso estando en casa.


Imagen: http://archive.boston.com/sports/blogs/bigshots/2009/04/the_2009_world_figure_skating.html

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