Anotaciones sobre el amor

Por Alicia García

Desde tiempos inmemorables, hombres y mujeres han escrito sobre ello, han creado grandes obras que narran cómo por él y para él se han realizado las más bellas obras o las más grandes atrocidades. Da y quita pero no por ello ha sido menos codiciado por todo aquel que lo ha probado o cualquiera que quisiera poseerlo. Por supuesto estoy hablando del amor, aquel que adquiere muchas formas y hace perder la razón a más de uno.

El amor es un elemento que perdura a través del tiempo, deja de ser sólo en el presente para convertirse en un ente transversal que existe en tiempos y espacios, mundos y dimensiones. Puede hallarse en cualquier forma o escenario posible, incluso en los menos posibles, el amor no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Y para que pueda existir no se necesita mucho, simplemente la colisión entre dos seres en un mismo tiempo y espacio. Las condiciones en las que se crea ni siquiera deben ser las más óptimas, pues el amor puede crecer aún en las más improbables, como aquellas plantas que crecen entre las grietas del asfalto.

Hay dos elementos, únicamente necesarios para permitir el amor y ellos son un receptor y un emisor. Éstos pueden ser variados pues toman la forma de seres vivos, objetos, lugares o ideas que nos inspiren este sentimiento. Una vez que la semilla del amor ha sido implantada, el resto viene casi solo. Es bien sabido que debe abonarse la semilla recién cultivada del amor, como cualquier otra semilla necesita de ciertos cuidados y miramientos para poder aprovechar los frutos y las flores del mismo, pero no es tan complicado como parece. Casi todo nacimos para el amor.

Ahora bien, se habla de diversos tipos de amor (que tampoco ha podido librarse de la molesta obsesión de los seres humanos de catalogar todo lo existente), clasificados por los griegos que ya desde entonces filosofaban sobre él. Encontramos el amor Philia que es aquel que emana del amor por el prójimo en general, es el que sentimos cuando existe solidaridad y hermandad entre los que nos rodean y nos impulsa a buscar el bien común. El amor Storgé es el que nos hace comprometernos y buscar la permanencia con otro ser, se crean relaciones empáticas y se forman las lealtades hacia otros. El amor Eros es el más efímero de todos pues es la llama que da el amor intenso y carnal, además está íntimamente relacionado con el deseo sexual. Finalmente llegamos al amor Ágape en el cual vibramos más profundamente en el amor, se reviste de pureza e incluso devoción y es un amor universal que quien lo profesa suele enriquecerse como ser.

La clasificación que hicieron los griegos del amor es una de tantas que la humanidad ha inventado para este sentimiento, cuya necesidad de ser nombrado ha dirigido tanto a hombres como mujeres hacia el estudio y la exploración del mismo. Dicho lo anterior no es lo mismo conocer el amor que haber estado dentro de la espiral del mismo. Porque quienes hayan sido tocados por la corriente del amor entenderán perfectamente a que me refiero cuando aseguro que el amor es encontrarse en un carrusel infinito del cual es difícil bajar, pues ya sea por gusto o necesidad las ocasiones para que eso suceda son escasas. El amor hechiza a todo aquel que se interponga en su camino y es electricidad que recorre los cuerpos con una velocidad imperceptible, cuando menos lo crees ya estas encantado.

El amor sabe de distintas maneras, puede ser dulce como la miel o amargo como la cerveza. También puede saber triste como un picnic bajo la lluvia o ácido como el malestar en el estómago. Esa es la maravilla del amor, nos atrapa como un tornado y no nos deja salir de la espiral de emociones que nos provoca, nos vuelve adictos y recaemos una y otra vez en él. Algunos han tenido suerte de no verse revolcados en la marea de un amor caótico, sino que han podido navegar al arrullo de las olas y con el timón en las manos. Otro en cambio han tenido la suerte (¿buena o mala?) de enfrentarse al frenesí y la locura del amor, han visto la cara más obscura del mismo, han tropezado y han caído hasta el fondo de lo que creían posible y si embargo de una patada o de un manazo han logrado subir a la superficie, ver la luz del sol y sentir el aire que refresca sus corazones y sus mentes, solo para volver a enredarse y caer de nuevo. Y así el ciclo sigue indefinidamente.

Hasta que algo sucede. Cuando algo nos posee como un ventrílocuo a su muñeco y hace de y con nosotros lo que sea su antojo, cuando nos sentimos inundados de locura y ya ni siquiera nos resistimos a ahogarnos en ella, cuando nos dejamos sostener por la insania como a un papalote en el viento feroz, en ese momento nos damos cuenta que lo que nos sucede es el amor.

Y una vez que nos miramos posicionados en este punto, no hay mucho que se pueda hacer. Sólo queda agradecer a las casualidades y causalidades, a los planetas alineados o al revoloteó del ala de una mariposa que todo haya fluido y convergido en ese sitio. Dar gracias a la locura que nos abraza, a las lágrimas derramadas durante el picnic bajo la lluvia, al amargor de la cerveza que ahora nos permite deleitar los aromar y sabores que encajan perfectamente con lo que siempre quisimos pero ni siquiera sabíamos que podía existir. Encontramos el maridaje perfecto que va con el amor que tenemos. Ahora después del torbellino todo comienza a caer en su sitio y podemos comprender porque las cosas no funcionaron antes, cuál era el motivo de tanta locura y de haber pisado fondo tantas veces. Todo embona, todo se acopla, todo concuerda. Vislumbramos que siempre fuimos uno pero aun no nos encontrábamos y que a partir de este momento la locura y el amor se amalgaman para mostrarnos algo completamente nuevo, que ni siquiera los griegos han podido describir con palabras. Todo lo que creías saber sobre el amor hasta este punto, deja de tener sentido.


Fuente: http://pijamasurf.com/2016/06/estos-son-los-4-tipos-de-amor-segun-los-griegos-y-por-que-es-importante-recordarlos/


Imagen: http://www.elsalvador.com/vida/amor-y-familia/344633/cuanto-tiempo-se-necesita-para-lograr-olvidar-un-gran-amor-la-ciencia-revela-cifras-sorprendentes/

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