Analítica del sismo/terremoto

Por Miguel Téllez

El 19 de septiembre de 2017 se vivieron –en Morelos, Puebla, la CDMX, entre otros sitios- momentos de angustia y dolor a causa de un sismo de 8.1 grados Richter. La razón por la que titulé a este escrito “Analítica del sismo” es simple: con ‘analítica’ me refiero al análisis que nos sugería Descartes hace tiempo. En palabras llanas, se trata de desmenuzar algún fenómeno o problema en sus partes más pequeñas, entender las relaciones entre estas y comenzar a sugerir hipótesis de solución o explicación de lo que se analiza. Utilicé “sismo/terremoto” porque algunos lo denominaron ‘sismo’, aunque la percepción social no dudó en etiquetarlo de ‘terremoto’.

Lo que haré en este escrito es exponer problemáticas que son esquivadas, no discutidas, no meditadas, y que considero tienen relevancia para lo que la gente gusta de llamar “levantar a México”. Mi intención es exponer problemas, criticar ciertas actitudes, sugerir algún abanico de opciones y no más. Mi postura no es “insensible”, también viví el sismo –me encontraba trabajando en el IIFs de la UNAM-, vi rostros de sufrimiento mientras intentaba regresar a casa, me ofrecieron agua –junto a quienes íbamos caminando en Av. Tláhuac- como gesto altruista, me preocupé por mi familia, amigos, etc. Sin embargo, las experiencias no pueden quedarse en el mero sentir, especialmente en un asunto en el que se involucran la ciudad, política, educación, etc.

La solidaridad no es un bien en sí mismo. La sentencia anterior la sigo sosteniendo luego de ir a San Gregorio, Xochimilco, para donar víveres e intentar ayudar en lo que pudiera ser útil –estuve acompañado de mi primo Johann, fuimos el 20 de septiembre-. Vi demasiada ayuda expresada en víveres, de hecho algunos lugares de acopio parecían bodegas: bienes primarios dejados a un lado de otros, mientras algunas personas de diversas colonias ignoraban dónde se encontraba esa ayuda: falta de organización y de información.

Alrededor de las 5pm, San Gregorio –cerca de la iglesia- estaba abarrotado de personas, no se podía pasar: entre quienes trabajaban para recoger escombros y quienes iban cargando víveres, se formaban algunas filas y lugares protegidos –para permitir el trabajo en los escombros-. Pero había otras personas que sólo abarrotaban el lugar. En este escenario hay dos problemáticas que todos sabemos: se concentra la ayuda en ciertos puntos y no hay nadie encargado en las colonias –como algún jefe de manzana, por ejemplo- que pueda dar información concreta para ir apoyando a los damnificados. Alzamos el puño para pedir silencio y procurar vidas pero aún no sabemos cómo alzar la voz para comunicar información útil que también puede salvar vidas. Sin duda la ayuda es vital, aunque sin organización y con el hecho de que toda esa ayuda se concentre en un solo punto, no parece ser una manera eficaz de ayudar: la solidaridad no es un bien sí mismo.

Tenemos que aprender a discutir asuntos políticos. Lo anterior es algo tan sonado que, en mi caso que detesto las frases de cereal, parece inútil decirlo. Sin embargo, nos enteramos de que los partidos políticos no apoyan, y el presupuesto que se les destina era “imposible” de donar –según vías legales, según ellos-. Los políticos deberían entender que su presencia en los lugares con daños no sirve de nada: se apreciaría más que aplicaran algún plan emergente eficaz con la finalidad de ir paliando las necesidades de la gente. Podemos entender porqué el delegado de Xochimilco fue maltratado por algunos ciudadanos: si sea correcto, o no, es otra cuestión.

La agresión, el tour de los políticos y otras cosas causan enojo, pero sólo eso. Sin duda es un gran avance haber conseguido que los políticos, finalmente, destinaran parte de su presupuesto para coadyuvar a las zonas perjudicadas. No deberíamos dejar de presionarlos como se hizo: hacer política no sólo es en tiempo de sismos/terremotos, de hecho parecen ser los momentos menos adecuados.

La agenda está tan apretada que todo parece teñirse de duda. Se nos juntan asuntos legales referentes a permisos falsos para construir edificios, políticos sin sentido de justicia, despensas que en lugar de ser ayuda sirven como favor y un voto electoral, solidaridad que no resiste necesidades ni la falta de organización, estudiantes que consideran que un paro es la piedra filosofal, etc. Puede ser el caso que nos enfrasquemos en alguna discusión referente a los problemas citados, pero sólo eso. Luego se van a desvanecer, aunque la severidad de los deterioros causados por un sismo/terremoto parece sugerirnos que no deberíamos permitir eso.

No quitemos este hecho de la memoria, no permitamos que los políticos salgan airosos ni los involucrados en la cuestión de la construcción ilegal. Una parte podemos solventarla como ciudadanos, lo hemos visto. Lo estamos viviendo. Pero no todo corre por nuestra cuenta: hay instituciones que dependen de personas las cuales están sujetas a nuestras demandas, hay que saber exigir y tomar medidas adecuadas. Tampoco perdamos de vista que la organización es vital. Esto que padecemos en la ciudad –específicamente, y a causa de los estragos del sismo/terremoto- no se arreglará en dos semanas, así que no tiene sentido ir concentrando todas las fuerzas en un solo día. Esto va para los estudiantes que consideran un paro como ayuda. Mi postura difiere de hacer paros, tal vez sea porque estudié en la Facultad de Filosofía y Letras en CU, donde las asambleas son amañadas, te intimidan y los famosos “chairos” toman las decisiones. Sin embargo, los estudiantes los hay por turnos, y el trabajo que podemos hacer como brigadistas, también puede ser así. Las autoridades –hablo específicamente de la FFyL- se mostraron bastante flexibles, así que la idea de “me tienen aquí mientras hay gente en escombros” es retórica nada más: ni nos tienen amarrados ni la jornada estudiantil parece absorber tanto tiempo. El lema rawlsiano podría echar luz en estos asuntos: las desigualdades tienen cabida sólo si favorecen a los menos aventajados.

Hemos demostrado que en momentos duros somos empáticos, ayudamos, pero no debemos quedarnos sólo ahí: demostremos que sabemos elegir, organizarnos y pensar para actuar eficazmente.


Imagen: http://noticiasdeaita.com/category/analisis/

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