Amor, Uber y otros males…

Por Aarón Argáez 

 

Es un poco prosaico usar la palabra amor dos veces seguidas en un título, ya que, como recordarán en la colaboración anterior, nuestro tema fue El amor en tiempos de la realidad, pero bueno, la locura de los últimos días amerita ponernos algo excéntricos…

Empecemos desde el principio; más o menos en el “Día de la Paz” que Facebook celebró poniendo la ya conocida opción de brincar corazones con cada estado, aunque para algunos este día pasó de sobra, a otros les llevó a exponer sus cartas morales y apuntar sus brújulas éticas hacia distintas direcciones.

En este último caso, a mí me llevó a reflexionar algo interesante; verán, aquí en Mérida (Yucatán, por si podemos ponernos exactos) tiempo atrás, ósea cosa de unos días, ni casi semanas, apareció una nota que indicaba que 5 personas se habían suicidado en menos de un día, cifra alarmante si tomamos en cuenta que algunos años atrás, Mérida presentaba su semana cultural bajo el slogan de “la ciudad de los felices”, claro que esto ignorando la alta tasa de suicidios y depresión con la que carga el Estado, no es el único, pero sus indicadores sí son bastante altos.

Casi literalmente después del “Día de la Paz”, estalla la guerra de los taxistas del estado contra Uber en Mérida y Quintana Roo, generando actos de violencia y agresión entre empresas de transporte que afectaron directamente contra la población, creando un clima de inseguridad en una especie de batalla campal en las calles. De nuevo, la falta de control de las autoridades se traduce en un desenfreno de agresión y violencia que no hace sino crecer día con día.

Después, esa misma semana, un nuevo personaje aparece en escena: #LadyCoralina, si bien su historia ya es conocida, sólo recordémosla para estar en contexto: Una chica que en vísperas de su boda va a su despedida de soltera con sus amigas a un sitio vacacional playero, pierde un poco el control y termina engañando a su futuro marido. ¿Lo peor? Hubo evidencias tangibles, ¿lo aún peor? Llegó a internet. Y bien podríamos decir que más que evidenciar a una chica, este suceso puso en manifiesto a una sociedad intolerante, crítica (de la mala), machista, misógina, pero también, volvió a abrir un canal de debate sobre los papeles y roles de la mujer en pleno siglo de redes sociales y smartphones, muchas cosas se podrían rescatar de esta experiencia ante la multitud de opiniones y posturas muy interesantes y valiosas respecto al tema.

En fin… Han sido sin duda, unos días agitados y ante esta estampida de temas, es difícil elegir de qué hablar, pero creo que todos estos males tienen una línea en común desde la que podemos hablar: la falta de empatía.

Desde la depresión pasando por el odio hasta la traición, podemos unir todos estos casos bajo una misma reflexión, como mencioné más arriba, cualquier pretexto es bueno para mostrar nuestras cartas morales y abanderarnos con nuestra brújula ética ante la pulcra sociedad de los medios teleinformáticos del mundo. Todos aprovechan para dar su opinión desde distintos estratos argumentales, sin embargo, poco pueden hacer los grandes filósofos del “like” y el “retweet” cuando se trata de dar un sentido humano a los problemas.

La empatía consiste en ponernos en lugar del otro (definición a grandes rasgos), pero el problema de ponernos en los zapatos de alguien más es que no nos atrevemos a caminar con ellos, nos los probamos, vemos si entran o no, decimos que está bien o está mal y luego, nos vamos a casa sin haber aprendido nada.

Ser empático implica ver, y sobretodo sentir, desde el lugar de la otra persona, haciéndolo sin filtros morales ni juicios aprendidos.

Mucho nos hemos esforzado en elegir posturas, ponernos en algún bando y dar nuestra opinión desde ahí, claro que desde las tribunas todos saben cómo es mejor tirar un penal, pero pocos se avientan el paquete de ser quien cobre el tiro. Todos insultamos cuando otro falla, pero esperamos comprensión cuando cometemos errores; y no es porque seamos doble-moralistas, sino porque somos humanos; necesitamos que nos entiendan, queremos que los demás sean empáticos sin estar dispuestos a mostrar la misma empatía para con otros.

La empatía nos hace entender la tristeza y soledad del que está deprimido, la empatía nos hace sentir el miedo de un grupo de trabajadores de perder su empleo ante las nuevas tecnologías, la empatía nos hace entender que una chica cualquiera, un día cualquiera, cometió un error en su despedida de soltera; la empatía revela que los problemas no son sociales ni tecnológicos, ni legales ni culturales, se trata más bien de entender al otro, sin juicios, de escucharlo sin sentenciar, se trata de tomarnos el tiempo de no condenar, sino de solucionar.

Finalmente, los problemas están para resolverse, pero perdemos el tiempo pensando en qué falló el que hizo, que enfocándonos en dar soluciones, luego vemos el país o cualquier otra cosa y decimos que nada mejorará.

No todo fue a peor en estos días, mucha gente se solidarizó tras una huelga de taxis que dejó sin servicio (tanto de taxis como de combis) a la población de Mérida, las personas publicaban sus trayectos y ofrecían servicios de transporte en sus propios autos por la ciudad a bajos costos, si bien había una retribución económica en muchos casos, la intensión más valiosa era la de ayudarse unos a otros, por sobre la retribución financiera, no todos quisieron aprovecharse de la situación o quisieron volverse taxistas, simplemente, se trató de algunas personas que tomaron iniciativa y se unieron para ayudarse entre sí. A mi parecer un importante logro en cuanto a sociedad y humanidad.


Imagen: http://www.deviantart.com/art/Love-275183038

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